Lo que más debería preocupar al PP de la encuesta del CIS

Un análisis de la encuesta del CIS publicada la semana pasada presenta a un votante medio de Podemos con las siguientes características: joven (de 25 a

Un análisis de la encuesta del CIS publicada la semana pasada presenta a un votante medio de Podemos con las siguientes características: joven (de 25 a 34 años), urbano (que vive en municipios de más de un millón de habitantes), con un nivel de estudios relativamente alto (hasta FP) y de perfil profesional.

El potencial votante del PP, en cambio, no podría ser más distinto: mayor (de más de 65 años), rural (de municipios de menos de 2.000 habitantes), con pocos estudios y con altas responsabilidades profesionales.

Esta última característica del votante del PP es contradictoria con las otras tres: no se puede ser un profesional de alto rango con pocos estudios. ¿Por qué se da esta contradicción? Porque refleja el perfil tradicional del votante del PP que fue y que se está perdiendo. El votante del PP fue urbano y de alta formación. Ahora lo es cada vez menos. Prueba de ello es, también, que los siguientes perfiles profesionales más habituales entre los votantes del PP tras el de alto profesional mencionado sea el de trabajador doméstico no remunerado y el de jubilado.

Según el CIS, el potencial votante del PP es mayor de 65 años, rural, con pocos estudios y profesional de alto rango

Esta evolución del perfil típico del votante del PP debería preocupar profundamente en Génova. El PP está dejando de ser un partido representativo del sector productivo de la sociedad española (el que aporta más recursos al Estado de los que recibe) y se está convirtiendo en un partido de personas que viven de las transferencias que reciben del Estado, en particular, de jubilados (dejo de lado a los 3 millones de empleados públicos por no complicar la explicación, aunque recomiendo mantenerlos en mente).

En España hay unos 9,2 millones de pensionistas. La mayoría de ellos es gente jubilada. Las personas mayores son mucho más propensas a votar que los jóvenes. Además, suelen optar más frecuentemente por opciones conservadoras. En función de ello, tiene todo el sentido que el PP cuide a este segmento de la población.

Al mismo tiempo, se debe recordar que los pensionistas reciben su pensión gracias a lo que cotiza la gente que trabaja. Además, las atenciones médicas y sociales de las que son importantes beneficiarios también son mayoritariamente pagadas por los contribuyentes de edades más jóvenes. Este reparto de cargas refleja un pacto intergeneracional vigente y aceptado en España. No se trata de ponerlo en cuestión.

El PP está dejando de ser un partido representativo del sector productivo de la sociedad española y se está convirtiendo en un partido de jubilados

Se trata, eso sí, de recordar los intereses de ambos lados del pacto. El PP había defendido tradicionalmente los intereses de ambos lados, tanto de los que reciben las transferencias del Estado como de los que las pagan. La segunda sensibilidad se asocia tradicionalmente con la ideología liberal, orientada a favorecer el emprendimiento y la libre empresa, es decir, a crear la riqueza que luego el Estado reparte.

El actual Gobierno, sin embargo, ha primado claramente los intereses del primer grupo sobre los del segundo. Así, por ejemplo, el número de pensionistas y el importe medio de las pensiones (en particular, de las no contributivas) no han dejado de subir desde 2011. Al mismo tiempo, las subidas de impuestos y de las cotizaciones sociales han supuesto una pesada carga para el sector productivo de la economía española en el contexto, además, de una tasa de paro de entre el 24 y el 26% (es decir, con una cuarta parte de los españoles no pudiendo participar en el sector productivo pese a querer hacerlo).

La consecuencia electoral de esta decisión del Gobierno es el cambio en el perfil medio del votante del PP descrito inicialmente. Este perfil refleja una importante caída del voto liberal. Hasta tal punto es esto así que, entre los cuadros medios profesionales, Podemos tiene una intención de voto del 25%, mientras que el PP lo tiene de sólo el 8,5%. Entre comerciantes y pequeños hay un empate entre el PP y Podemos (en el 19,5%) y es sólo entre los agricultores que el PP se impone claramente a Podemos (15,4% frente a 7,7%). La opción política natural de los empresarios españoles –fuesen estos grandes, pequeños o autónomos– había sido el PP. Ya no lo es. Esto no puede por más que lastrar las opciones electorales populares.

El actual Gobierno, sin embargo, ha primado claramente los intereses de los votantes pensiones sobre los del voto liberal

Otra cuestión importante es que el votante urbano, joven e instruido es mucho más exigente en cuestión de regeneración y de lucha contra la corrupción de lo que lo es el mayor, rural y sin estudios. Concentrándose en los segundos, el PP ha podido evitar la presión para regenerarse, es decir, para promover una mayor participación de sus bases en sus grandes decisiones. Pero el precio que está pagando en términos de desafección electoral es muy alto.

En el momento de enfrentarse a las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2015, el PP debería buscar ensanchar su base electoral. Esto significa volver a atraerse el voto urbano, joven y formado. Significa, en otras palabras, recuperar su espíritu liberal y regenerador. En su ausencia, difícilmente podrá el PP alcanzar las mayorías necesarias para cerrar el paso al populismo en España. 

*Percival Manglano, exconsejero de Economía de la Comunidad de Madrid

Tribuna
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