La escuela tradicional está destrozando el presente y futuro de tus hijos

David y Alejandra son dos niños de 8 años. Uno va a la escuela "normal", el otro a una escuela libre y democrática. Estas son las diferencias

Foto: Foto: Pablo López Learte.
Foto: Pablo López Learte.

Año 2015. David y Alejandra tienen 8 años, pero vidas distintas. David vive en Pozuelo de Alarcón (Madrid) y va al colegio Montealamo desde que tenía 9 meses. Alejandra vive cerca de Palma de Mallorca y va a una escuela libre y democrática, International Lab-School, desde los 6 años. Antes estuvo en un nido Pikler-Lòczy desde los 2 años.

David no gateó y camina desde los 9 meses, por imposición adulta. Ya desde los 8 meses se sostenía sentado en una silla, así que no le fue difícil adaptarse a los pequeños pupitres que hay en su colegio desde el primer ciclo de Educación Infantil. Aprendió a leer en español con 4 años y reconoce las sumas y las restas desde antes de empezar la Primaria.

Alejandra no caminó hasta los 15 meses, no lo necesitaba pues reptando y gateando llegaba a todos los lugares que necesitaba. Durante sus primeros años estuvo experimentando con su cuerpo y con el entorno más próximo, siempre cerca de la naturaleza. Le gustan los libros y los cuentos desde que tenía pocos meses y escuchaba con atención cada vez que alguien le leía en voz alta. Aprendió a leer espontáneamente el verano pasado en el pueblo de sus abuelos. No sabe realizar una suma viendo sólo los símbolos en un papel porque percibe los números como distancias con una gran capacidad de cálculo aproximado inmediato; sabe instantáneamente si su compañero se ha equivocado en el cálculo de la escalera de la cabaña que está construyendo.

Año 2018

David y Alejandra tienen 11 años. David sigue una escolaridad corriente, sin gran diferencia entre un año y otro desde los 9 meses: está sentado en un pupitre durante 6 horas al día aprendiendo todas las asignaturas del curriculum oficial español, memorizando mucho y aplicando fórmulas que funcionan desde la Revolución Industrial. Tiene 60 minutos al día de recreo, que aprovecha saliendo desaforado y sin parar de saltar y gritar. Por la tarde juega al fútbol dos días por semana durante una hora, después va a clases de inglés, todos los días durante una hora y a apoyo escolar de matemáticas tres días a la semana durante una hora.

Cuando llega a casa se sienta en su mesa, más cómoda que los pupitres de todo el día, durante 3 horas para hacer los deberes. Si termina rápido puede sentarse una hora más a ver la televisión mientras cena. Las capacidades que David está ejercitando y desarrollando son las mismas que se le exigieron a sus padres y sus abuelos: memorización, capacidad para aplicar fórmulas, obediencia, pero sobre todo, a hacer las cosas según el camino estándar, predefinido hace muchos años. En definitiva, las habilidades que se necesitaban en el mercado de trabajo del siglo XIX y principios del XX. Incluso, en una ocasión tuvo un problema grave porque buscó algo en Google durante un examen, debía usar su memoria, sólo eso.

Foto: Pablo López Learte.
Foto: Pablo López Learte.

Alejandra participa de la gestión de su escuela, como todos los alumnos y profesores de la misma. Su escuela es libre y democrática, lo que significa que cada alumno organiza su tiempo según sus intereses y que las decisiones comunes de la escuela se toman por votación. Su escuela tiene tres elementos que vertebran el funcionamiento democrático: el Parliament, formado por toda la comunidad educativa (estudiantes, profesores y personal no educativo). El Parliament se reune una vez a la semana, allí se deciden todos los recursos comunes, como las normas. Cada nueva norma se publica en el Law Book, que es el régimen de funcionamiento interno. Las decisiones se toman por votación, un voto por persona. Para poder votar hay que asistir a esta reunión semanal.

Por otro lado está el Judicial Comitee (J.C), que es el encargado del cumplimiento de las normas de la escuela. El J.C se reúne todos los días, está formado por un adulto y tres estudiantes que rotan cada 3 meses. El J.C es el encargado de solucionar conflictos que no han podido resolverse en el momento o aplicar sanciones por incumplimiento de las normas. Por último, está el Mentoring. Cada alumno tiene un mentor con quien tiene una relación estrecha y profunda. El mentor se encarga de hacer un seguimiento de todo lo que concierne al alumno. Además, el mentor hace un seguimiento del itinerario académico de cada alumno, así como de su evolución en todos los aspectos (familiar, social, psicológico, democrático, etc)

La vida en su escuela se desarrolla en español e inglés indistintamente. Además de la gestión de la escuela, Alejandra asiste 2 horas y media al día al salón Montessori, donde trabaja por áreas a través de la experimentación y de una forma constructivista (matemáticas, ciencias, lengua española, lengua inglesa, historia…).

Alejandra pasará el año próximo a Middle School (la Secundaria española), para ello habrá tenido que crear una pequeña empresa durante el curso, creándola desde cero y llevándola a un funcionamiento rentable. Ella, junto con 5 compañeros, ha creado una startup de venta de alimentación ecológica para el vecindario. Ella es la encargada de la contabilidad y del marketing. Además de esto, Alejandra tiene, en su horario, clases de francés y danza. Pero lo que más le gusta es la cabaña de madera que está construyendo en el jardín con dos amigas ayudadas por la profesora de carpintería.

Alejandra participa en la gestión de su escuela, que es libre y democrática. Cada alumno organiza su tiempo y las decisiones comunes se toman por votación

Los miércoles va a clase de skate que imparte otro alumno en el parque de su pueblo, también en horario escolar. Por las tardes suele salir a jugar con sus amigos, a patinar o a pasear por el campo, aunque a veces tiene que revisar la contabilidad de la empresita y prefiere quedarse en casa poniendo al día la hoja de cálculo o la web del proyecto.

Las habilidades que está desarrollando Alejandra eran muy innovadoras cuando empezó su escolaridad, allá por 2012, pero ahora es obvio que son fundamentales para realizarse en el mundo: comunicación, creatividad, adaptabilidad, capacidad para solucionar problemas, trabajo en equipo y pasión.

Año 2023.

David y Alejandra tienen 16 años. David continúa su escolaridad sin grandes cambios. Ahora tiene que dedicar mucho más tiempo al estudio, así que ya no va a fútbol, sólo a una academia de inglés y ciencias por las tardes. Tiene exámenes todas las semanas, por cierto, tiene que apagar su acceso a la nube a la entrada. Las asignaturas se han complicado mucho y tiene que dedicar muchas horas. Se siente agobiado y tiene problemas en casa porque no va aprobando todos los exámenes regularmente, a veces suspende y le van quedando asignaturas atrasadas, con lo cual muchos fines de semana hay tensión en casa y tiene que pasar todo el fin de semana estudiando.

Alejandra gestiona la tienda que creó con sus compañeros hace años, ahora ya tienen tienda física en la puerta de la escuela y ofrecen también meriendas y venden material escolar. Está siguiendo varios MOOC, uno en el MIT de Inteligencia Artificial y tres en Coursera: guitarra eléctrica, diseño web y psicología evolutiva. Además colabora unas horas en el salón Montessori como asistente para los alumnos de Elementary School (Primaria). Por último, está metida en un proyecto de creación de drones para desactivar minas antipersonales en zonas de antiguos conflictos, en colaboración con una escuela libre de Sapporo (Japón), tiene reuniones por videoconferencia con el equipo japonés una vez a la semana.

David, con 16 años, tiene que dedicar muchas horas al estudio. Se siente agobiado y tiene problemas en casa porque no va aprobando todos los exámenes

Por las tardes sigue investigando sobre drones y ecología, dos mundos que le apasionan. Lee mucho, no ha perdido su amor por la literatura desde que era muy pequeña. Los fines de semana queda con su banda de música para ensayar, ella compone y toca la guitarra.

Año 2045.

David y Alejandra tienen 38 años. David se licenció como ingeniero de caminos, como su madre y su abuelo. Trabajó en una ingeniería española como becario durante cuatro años, más tarde se integró en la plantilla de la empresa. Durante los últimos años se ha ido sintiendo cada vez más acosado por el avance de la inteligencia artificial, que cada vez abarca más áreas de su trabajo. Ha intentado adaptarse al uso de un exocortex en la nube, pero la rigidez aprendida en sus primeros años de escuela le impide adaptarse, al final es despedido junto con otras 400 personas.

David se ha quedado sin trabajo, la inteligencia artificial le ha sustituido. Todas las habilidades que desarrolló durante sus años académicos están obsoletas a día de hoy porque son habilidades mecánicas en las que los ordenadores superan con creces a los humanos. En el año 2045 la capacidad de computación de un ordenador es aproximadamente 30.000 veces superior a la que tenían en 2015 (ya que, al final, continúa siendo válida la Ley de Moore).

David y Alejandra son dos personajes ficticios pero podrían ser dos niños que viven en España. No te dejes engañar por la falacia de que normal es bueno

Alejandra acaba de vender su segunda empresa de diseño de nanobots para purificación de aguas subterráneas. Montó su primera empresa fuera de la escuela en Australia, mientras se formaba a distancia en inteligencia artificial para control de riesgos ecológicos. Empezó con la segunda cuando acabó de formarse y, tras varios años liderando empresas, ha decidido presentarse como candidata a un puesto que la hace muy feliz, se trata de un proyecto mundial para la reversión del cambio climático. Tendrá sede en Barcelona y se busca una persona que lidere el proyecto.

Año 2049.

David y Alejandra tienen 42 años. David sigue sin trabajo, está acogido a un programa de readaptación al cambio tecnológico financiado por la Fundación Integra. Alejandra lidera desde hace unos años el Proyecto Clima y participa activamente en organizaciones filantrópicas, como la Fundación Integra, donando parte de los beneficios que consiguió de sus proyectos empresariales.

Los padres de David, creyendo tomar una decisión conservadora y prudente, destrozaron su infancia pero, además, lo lanzaron a un futuro de transformación tecnológica vertiginosa, con sus herramientas naturales de adaptación al cambio completamente rotas.

Los padres de Alejandra, rebelándose ante el inmovilismo irresponsable imperante en España en la década de 2010, investigaron profundamente las distintas corrientes educativas, sobre todo fuera de España, percibieron el final agonizante del sistema educativo tradicional y, en contra de muchas personas desinformadas de su entorno, tomaron la prudente decisión de no destrozar la vida de su hija. Alejandra vivió una infancia feliz y hoy es una adulta realizada y satisfecha.

Pues bien, David y Alejandra son dos personajes ficticios, pero podrían ser perfectamente dos niños normales que viven en España hoy. No te dejes engañar por la falacia de que “normal” es equivalente a “bueno”. No decidir es, de hecho, tomar una decisión. Por tus hijos, investiga, documéntate y actúa.

 

Bárbara Serrano, madre de una niña de 7 años, y Juan Morán, padre de un niño y una niña de 8 años, son Fundadores del Dragón International School, escuela libre y democrática en Torrelodones (Madrid)

Tribuna

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