Fidel y el Papa firmaron terminar con el bloqueo del cielo

Hay un modelo que pasa por el coraje, el estudio y el compromiso irrenunciable con la dignidad. Y saber avanzar por encima de los errores. Fidel ya se queda

Foto: Dos niños corren frente a una mural de Fidel Castro y el presidente de Nicaragua Daniel Ortega. (Reuters)
Dos niños corren frente a una mural de Fidel Castro y el presidente de Nicaragua Daniel Ortega. (Reuters)

Ser una molestia a los poderosos no es una mala manera de estar en el mundo. Decía Neruda que cuando a cada cual le llegue el instante definitivo, no cabrán mentiras ni trampas. Saber si el paso por la tierra ha tenido sentido bien puede medirse por cuánto has molestado a los poderosos. Fidel, este viernes, habrá mirado hacia atrás y habrá sonreído. Los que han brindado por su muerte, como los que hicieron otro tanto con Néstor Kirchner, con Hugo Chávez, son gente cobarde que siempre se pone del lado de los poderosos esperando que les caiga alguna migaja.

Molestar a los poderosos es algo que no suele ocurrir, y aún menos que tengas éxito. Por eso son poderosos. Y por eso se recuerda más la victoria de David sobre Goliath que las más de 100 intervenciones militares de Estados Unidos durante el siglo XX. El grueso, en América Latina. Bolívar lo intuyó en el siglo XIX. Temía que el continente saliera de un imperio para meterse en otro. Lo expresaría Monroe diciendo que "América para los americanos" y lo sancionó el presidente mexicano Porfirio Díaz lamentando la suerte de su tierra "tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos". Fidel siempre fue, por encima de todo, un antiimperialista. Una palabra que se entiende mal en Europa. Es como cuando Estados Unidos hace lo que quiere en las bases españolas o nos prohíbe venderle barcos a Venezuela o nos embarca en sus guerras. Así, pero más a lo grande y siempre sin pedir permiso.

Bolivar temía en el siglo XIX que el continente saliera de un imperio para meterse en otro. Lo expresaría Monroe diciendo: "América para los americanos"

Enfrentarte a los poderosos te genera amigos y enemigos. A Fidel Castro le intentaron matar más de 600 veces. A Fidel Castro lo insultan Trump y Angela Merkel, Rajoy y Pedro Sánchez. Amigos de Fidel Castro fueron el Che y Camilo Cienfuegos, Mehdi Ben Barka y Nasser, Mandela y Lumumba, Ho Chi Min y Salvador Allende, Cassius Clay cuando ya era Mohamed Ali, Gabo y Franz Fanon. Me malicio que los que le insultan nunca han gozado de amistades tan envidiables.

En Sierra Maestra, Fidel Castro y los 150 guerrilleros que empezaron la lucha contra la dictadura de Batista no tenían grandes líneas ideológicas. Cuando peleas contra una dictadura o contra una invasión, no necesitas leer a los clásicos. Fue después, cuando Estados Unidos autorizó a la CIA en 1960 para que matara a Fidel, cuando no tuvieron más remedio que colocarse en el tablero de la guerra fría. Ese en donde los Estados Unidos dio golpes, financió sabotajes, envenenó cultivos y pozos, protagonizó invasiones, autorizó genocidios, formó y armó a los integristas islámicos contra el panarabismo socialista y a los evangelistas contra el catolicismo progresista.

Castro y los guerrilleros que se levantaron contra Batista no tenían grandes líneas ideológicas. Si peleas contra una dictadura, no necesitas leer a los clásicos

Claro que Marx ha sido importante en América Latina. Sin duda. Pero casi nunca vino solo. Al secretario general del Partido Comunista del Perú, Mariátegui, le echaron de la Komintern porque quería hacer la revolución con los indígenas. Fidel, que era blanco, sabía que en Cuba la revolución era con los negros, igual que sabía el Che que la revolución en Bolivia era con los indígenas. Ese continente es un viaje de ida y vuelta constante desde América a Europa y a África. No lo dijo un marxista. Lo dijo Octavio Paz.

La revolución cubana no bebió inicialmente del marxismo y nunca fue solamente marxista, salvo entre algunos grupos enajenados. Porque el marxismo en América no podía ser sino mestizado. No puede entenderse sin Toussaint de Louverture, que era negro, liberó a los esclavos de Haití y ayudó a que arrancara la independencia americana. No puede entenderse sin Bolívar, sin San Martín, sin Artigas, sin Francisco Miranda, sin José Martí y sin Tupac Katari. A Cuba se la demonizó porque era 'marxista', en un tiempo donde ser marxista te financiaba un tiro entre las cejas desde Indonesia a la Patagonia pasando por Angola y Mozambique. Cada generación tiene que hacer su lectura de Marx —porque Marx le desveló las entrañas al capitalismo y aún seguimos en él— y lo tiene que hacer desde su contexto. Sin catecismos.

Imagen de archivo de Fidel Castro con Ernesto
Imagen de archivo de Fidel Castro con Ernesto

En Cuba sobraron catecismos, pero es fácil decirlo cuando no tienes a 150 kilómetros al imperio más poderoso que ha conocido el mundo. En Cuba faltaron libertades, pero es fácil decirlo cuando no vives un bloqueo que te impide importar hasta medicinas o estás tan cerca de Cayo Hueso que los Estados Unidos pueden permitirse el lujo de bloquearte hasta las ondas de radio y televisión. Cuba fue un ejemplo para el mundo cuando estuvo a la ofensiva. Cuando pasó a la defensiva, empezó a perder grandeza, como los viejos edificios de La Habana. Sin Cuba no hubiera habido Lula, Morales, Kirchner, Correa ni su alumno más avanzado, Hugo Chávez. Algunos dirán: ¡qué escuela! Que se lo pregunten a los 72 millones de latinoamericanos que han salido de la pobreza en estos últimos 15 años.

Cuba, bajo la presidencia de Fidel, representó la dignidad de los pueblos que no aceptaban la humillación. Cuando Jorge Castañeda, por hacer ofrendas a los Estados Unidos, insultó a Cuba obligando al olvidado Vicente Fox a decirle a Fidel "comes y te vas" (era en la cumbre de la ONU de Monterrey), estaba mandándose a sí mismo al basurero de la historia. Y se llevó a Fox con él en el paseo. Porque Bush nunca le iba a agradecer el gesto, pero América Latina sabía qué insultar a Cuba era insultar a la resistencia del continente al imperialismo. Aunque no estuvieras de acuerdo con su régimen. La soberanía nacional latinoamericana ya va a llevar siempre el recuerdo de Fidel Castro.

Cuba fue un ejemplo para el mundo cuando estuvo a la ofensiva. Sin ella no hubiera habido Lula, Morales, Kirchner, Correa ni Hugo Chávez

Fidel reflexionó al final de su longeva vida acerca de los errores de Cuba. En una larga entrevista con Ignacio Ramonet ('Cien horas con Fidel'), le reconocía que quizás el principal error del socialismo cubano fue no dejar volar la crítica:

"Nosotros confiábamos en la crítica y en la autocrítica, sí. Pero eso casi se ha fosilizado. Ese método, tal como se estaba utilizando, ya prácticamente no servía. Porque las críticas suelen ser en el seno de un grupito; nunca se acude a la crítica más amplia, la crítica en un teatro, por ejemplo, con cientos o miles de personas. (...) Hay que ir a la crítica y a la autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, en el municipio, y en el país. [...] Debemos utilizar esa vergüenza que sin duda tienen los hombres. (...) No importa lo que digan los bandidos de afuera y los cables que vengan mañana o pasado comentando con ironía. Los que ríen último, ríen mejor. Y esto no es hablar mal de la Revolución. Esto es hablar muy bien de la Revolución, porque estamos hablando de una revolución que puede abordar estos problemas y puede agarrar al torito por los cuernos, mejor que un torero de Madrid. Nosotros debemos tener el valor de reconocer nuestros propios errores precisamente por eso, porque únicamente así se alcanza el objetivo que se pretende alcanzar".

Homenaje a Fidel Castro en el Cuartel de la Montaña, lugar donde reposan los restos de Chavez, en Caracas. (EFE)
Homenaje a Fidel Castro en el Cuartel de la Montaña, lugar donde reposan los restos de Chavez, en Caracas. (EFE)

Esa es la penúltima enseñanza que deja Fidel al continente y a la lucha por la emancipación: sin prensa libre y objetiva, sin pluralismo de ideas, sin espacio libre para la deliberación, el socialismo no avanza. Y al final, los bloqueos triunfan no por las dificultades económicas que crean, sino porque debilitan el músculo político que tiene que sostener los cambios. El socialismo en el siglo XXI no va a repetir modelos, sino que va a avanzar aprendiendo de los errores cometidos en su nombre durante el siglo XX. No va a olvidar que buena parte de lo mejor de nuestras sociedades viene de ahí —el voto, la sanidad y la educación públicas, las pensiones, la igualdad, la paz, la justicia para todos, el derecho a la vivienda o la jornada de ocho horas—, y tampoco va a olvidar las barbaridades cometidas en nombre de la justicia.

Aunque sea cierto que el poder nunca ha permitido a ningún pueblo intentar en paz una alternativa. Y en ese futuro hay que confiar en que las nuevas generaciones, olvidadas con frecuencia por la gerontocracia, también en Cuba, tienen que tomar muchos testigos y asumir la corresponsabilidad inherente a una democracia que merezca ese nombre. Y decía la penúltima enseñanza de Fidel, porque la última tiene que ver con una idea fuerte: los errores del comunismo no limpian los errores del capitalismo. ¿No va teniendo cada día más razón la advertencia que hacía Castro sobre la inhumanidad de un sistema que condena a dos terceras partes al exterminio porque no son necesarios ni como productores ni como consumidores?

Es difícil pensar quién en el siglo XXI va a merecer ser pintado por un Guayasamín, ser cantado por un Carlos Puebla, quién va a ser narrado por un García Márquez

Las exigencias de Fidel Castro para América Latina ya van siendo, poco a poco, válidas también para Europa: mancomunar y negociar la deuda, respetar el medio ambiente, huir de los agrocombustibles, equilibrar la geopolítica mundial, acabar con los vetos del Consejo de Seguridad de la ONU, optar por un crecimiento alternativo, apostar por la uniones regionales supranacionales democráticas (sin EEUU o sin vetos de Alemania), apostar por sociedades más igualitarias. A Cuba hay que compararla no con Suecia o Dinamarca, sino con Haití, Santo Domingo o Jamaica. Los logros de la isla en educación, sanidad, alfabetización, mortalidad infantil, lucha contra catástrofes o cooperación internacional son espectaculares (el mayor número de médicos a Haití tras el terremoto fue enviado por Cuba). Y esos logros, pronto van a parecer un sueño en muchos lugares con locos como Trump o enajenados como los de la extrema derecha europea.

Es difícil pensar quién en el siglo XXI va a merecer ser pintado por un Guayasamín, ser cantado por un Carlos Puebla o un Silvio Rodríguez, quién va a ser narrado por un García Márquez o un Eduardo Galeano. No serán los Nixon, los Kissinger, los Reagan, los Bush, los Clinton, los Obama ni los Trump. Tampoco los mayordomos europeos o latinoamericanos de esos poderosos. Hay un modelo, que pasa por el coraje, el estudio y el compromiso irrenunciable con la dignidad. Y saber avanzar por encima de los errores. Fidel, le moleste a quien le moleste, ya se queda.

Tribuna

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