¿Por qué 1714 y no 1640? El 'olvido' histórico del discurso separatista catalán

Durante la rebelión de 1640-1652, la independencia de Cataluña fue más ficticia que real, pues pasó de depender de la Corona española a hacerlo de la francesa, que se reveló mucho más terrible

Foto: Presentación de actos del tricentenario de 1714. (EFE)
Presentación de actos del tricentenario de 1714. (EFE)

La argumentación histórico-separatista ha puesto su foco en 1714 como el momento clave en el que Cataluña habría perdido injustamente sus privilegios y derechos políticos. Sin embargo, esconde un hecho en principio mucho más relevante: que Cataluña únicamente ha sido formalmente independiente de España (o de la Corona de Aragón) durante 12 años, de 1640 a 1652. ¿Por qué este paradójico olvido en el discurso legitimador y reivindicativo?

La rebelión de 1640 se produjo por la resistencia catalana a la Unión de Armas que propuso Olivares y que consistía en un reparto más justo de la aportación de los diversos territorios al ejército de la Corona. Cataluña se negó en varias ocasiones, si bien no tuvo luego reparos en pagar a Francia lo que demandó para defenderla de España. Los fondos que los catalanes entregaron a los franceses para financiar un ejército de 3.000 hombres fueron utilizados para conquistar el Rosellón, que ya nunca volvería a ser catalán, ni por tanto español, lo que pone en entredicho su fama de hacer negocios y su habilidad estratégica para elegir aliados.

Poco después de la rebelión (1645), el obispo de Vic escribía al rey español pidiendo que interviniera de inmediato y que impusiera “la justicia como en Castilla” para acabar con los fueros y abusos arbitrarios de los grupos poderosos internos. Son también famosas las quejas del campesinado (¿'els segadors'?) frente a los abusos de la Generalitat y las cortes catalanas ('les corts'), una deriva de las primeras asambleas de Europa como fueron las cortes de León. Los nacionalistas modernos no han reivindicado su nombre histórico tal vez para evitar cualquier veleidad que las pudieran relacionar así con el resto de España, aunque sobreviva como distrito de Barcelona. Al final, cuando Felipe IV decidió entrar en Barcelona en 1652 y enfrentarse a la oligarquía catalana, fue recibido por masas empobrecidas y sangradas por sus señores al grito de “Vivan la santa fe católica y el rey de España... Y muera el mal gobierno”.

La manipulación histórica impide que la Historia cumpla su principal función: mostrar el pasado para no repetir errores

Pero es más, durante la rebelión de 1640-1652, la supuesta independencia de Cataluña fue más ficticia que real, pues pasó de depender de la Corona española a hacerlo de la francesa, que se reveló mucho más terrible y egoísta que la ingenua monarquía patria. El 'presunto' héroe nacionalista Pau Claris murió después de haber proclamado al centralista Luis XIII conde de Barcelona. Para este viaje no hacían falta alforjas. Resulta todavía más curioso que años después, los mismos que habían corrido a pedir la ayuda y ofrecer su vasallaje al Borbón francés Luis XIII rechazaran al Borbón español Felipe V.

Por todo ello, el discurso separatista oculta estos hechos históricos, pidiendo que fijemos nuestra atención, cual hábil trilero, sobre 1714. Pero aun aquí toda la estrategia se revela igualmente falaz. La guerra de 1702-1714 no fue de Cataluña contra España, sino de Europa contra Europa. En 1701 comenzó la primera guerra mundial de Europa, con un millón de muertos. En España se desencadena un año más tarde con el desembarco aliado en Cádiz. A partir de ese momento, estallará la primera guerra civil que afecta a todos los españoles, azuzados estos por las potencias extranjeras (no será la única vez): las que apoyaban al que hubiera sido Carlos III de España, y las que hacían lo propio con el que de hecho fue Felipe V.

En realidad, Felipe V había tomado posesión legalmente de su cargo antes de que estallara el conflicto, y había sido aceptado internamente por todos, incluidos los propios catalanes. Por tanto, más que guerra de sucesión nos encontraríamos ante una guerra para deponer al rey ya reinante, por presión fundamentalmente de las potencias que veían con preocupación el peso excesivo que Francia ganaría con esta operación en la política internacional y en el comercio con América. En España nadie había pedido internamente que intervinieran Austria e Inglaterra para cambiar de rey.

La argumentación histórico-separatista ha puesto su foco en 1714 como el momento clave en el que Cataluña habría perdido sus privilegios

Otra cosa es lo que ocurre, una vez iniciada la guerra, cuando unos y otros reciben promesas de futuro y hacen sus propias cábalas respecto a posibles ganancias extra. La victoria de Carlos no era deseada solo por 'algunos' catalanes sino también por muchos castellanos y habitantes de otras regiones de España. Paralelamente, defensores del Borbón los había también dentro de Cataluña, y hasta había catalanes en las tropas del duque de Berwick que tomaron finalmente Barcelona. Es más, quien suprimió la Generalitat no fue Felipe V sino el propio Consejo de Ciento, enfrentado a la primera dentro de una lucha interna entre distintas oligarquías catalanas. Pero del enfrentamiento secular entre Barcelona y el resto de Cataluña tampoco se habla. Ni se menciona que Cataluña experimentó un crecimiento espectacular gracias precisamente a las políticas de los Borbones, llegando incluso a doblar su población de 1718 (407.000) a 1800 (900.000). Se ve que no toca.

Estos son los hechos, a partir de aquí comienzan la memoria selectiva y las interpretaciones sesgadas. Se trata de ensalzar las mentiras que nos separan y ocultar las verdades que nos unen. Puestos a reescribir la historia, hágase, pero de forma objetiva y completa. Por ejemplo, reconozcamos oficialmente que siempre ha habido (y sigue habiendo) grandes catalanes en el ejército español, desde Requesens en el siglo XVI hasta Prim en el siglo XIX. Por no hablar, en tiempos de Felipe II, del comendador Guimerán (caballero de Malta), célebre por su participación en la batalla de San Quintín y responsable de la derrota de una escuadra de siete galeras en Sicilia (1561) ante una emboscada montada por Dragut cerca de las islas Lipari.

La manipulación histórica es grave no solo porque supone alterar arteramente la memoria colectiva de una sociedad, sino porque impide que la historia cumpla su principal función: mostrar el pasado para no repetir errores. Hemos descrito lo que pasó cuando Cataluña fue independiente: ¿sería muy diferente hoy? Debátase, pero con todas las cartas sobre la mesa, no solo con cartas marcadas.

Alberto G. Ibáñez es autor del libro 'La conjura silenciada contra España'.

Tribuna

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