Rajoy, Trump y el Chapulín Colorado

El 'procés' catalán podría condicionar el encuentro bilateral del próximo martes entre Donald Trump y Mariano Rajoy en la Casa Blanca

Foto: Mariano Rajoy y Donald Trump. (Twitter)
Mariano Rajoy y Donald Trump. (Twitter)

En pocos días un señor con barba aterrizará en Washington. De nombre Mariano y apellido Rajoy, su visita supone un indudable éxito de la diplomacia española. Hacerse una foto junto al césar imperial días antes del enésimo “happening” secesionista, no es tema baladí. La fecha no podía estar mejor elegida.

Sin embargo no debería caerse en la autocomplacencia. En vez de ojear el Marca entre desplazamientos, el Presidente debería intentar maximizar su visita. Entre cachaza y bostezos de tiempo muerto, se pueden hacer muchas cosas. El ejemplo a seguir lo marcó Macron. El presidente francés nos enseñó el camino.

Si Vd. busca dos presidentes de perfil antagónico, pocas combinaciones verá más dispares que Macron-Trump. Uno es un intelectual sin fisuras; el otro parece que no ha leído un libro en su vida. Uno tiene una visión pormenorizada del mundo; el otro no pasó de grúas y casinos. A uno le atraen las señoras veinte años mayores; el otro las prefiere de veinte menos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente francés Emmanuel Macron. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente francés Emmanuel Macron. (Reuters)

Sin embargo Macron fue capaz de seducir a Trump en tiempo récord. ¿Cómo lo hizo? Utilizando un arma imbatible. Apelando a un instrumento contrastado a través de siglos de historia: entender la condición humana.

Su premisa inicial fue buscar una línea de afinidad. La realidad de los hechos dejaba poco punto común en la agenda. Cambio climático, comercio internacional, visión europea. Parecía complicado divergir en más cosas. Sin embargo Macron encontró una fisura emocional: la aversión común a la burocracia. La intención no oculta –como Trump- de recortar a degüello en la Administración.

Rajoy, desde sus limitaciones empáticas, debería seguir la estela macroniana. Y su principal baza a jugar es haber liderado la lucha antiterrorista como Ministro del Interior. Para los estudiosos del lenguaje corporal, que repasen la rueda de prensa de Trump con el general Al-Sisi de Egipto. Que observen la cara de satisfacción de ambos retrepados en los butacones ovales. Parecían compadres de toda la vida. Si algo puede despertar la atención del estadounidense es la combinación de dos vocablos: “terrorismo” y “aplastar”.

Pero Macron no solo se limitó a identificar un factor común. Hizo algo que desde Maquiavelo a nuestros días han aplicado todos los mandatarios de raza: utilizar la inteligencia política. Contaba Alfonso Guerra en sus memorias que existe algo a lo que ningún ser humano puede resistirse: el halago. Unos adjetivos bien susurrados al oído (“Presidente, su victoria contra todo el establishment pasará a la Historia”) junto a una invitación (“sería un honor tenerles como invitados el 14 de julio”) obraron la magia. Trump y señora acabaron cenando con los Macron en la Torre Eiffel. ¿Existe algo más apetecible para un tipo del perfil trumpiano que cenar en la Torre Eiffel?

Donald J. Trump (2-i), la primera dama Melania Trump (2-d), el presidente de Francia Emmanuel Macron (d) y la primera dama de Francia Brigitte Macron (i) en una cena en la Torre Eiffel. (Reuters)
Donald J. Trump (2-i), la primera dama Melania Trump (2-d), el presidente de Francia Emmanuel Macron (d) y la primera dama de Francia Brigitte Macron (i) en una cena en la Torre Eiffel. (Reuters)

Pues sí existe. Y España debe ofrecerlo. Cumplido el hito de conocer de primera mano la 'grandeur' francesa, a los Trump solo les queda un eslabón que colme sus ansias de búsqueda de glamour: empatizar con unos royals. Y aquí es donde Rajoy debería buscar la cooperación de nuestra Casa Real.

Hace años Croacia promovió una campaña turística deliciosa. Se titulaba “Croacia, el Mediterráneo tal como era”. Y mostraba cómo el país todavía mantiene el mismo biotopo desde la época de los romanos: pinos entrando hasta el mar. El mismo biotopo que Eslovenia. El mismo paisaje que el palacio de Marivent.

Melania, de Eslovenia, es del mismo corte generacional que la reina Letizia. Una invitación cursada en nombre de Sus Majestades para disfrutar de un par de días en Mallorca, debería generar el mismo efecto gancho que una cena en la Torre Eiffel. Brindar la posibilidad a Melania de disfrutar de un mar que le recuerde a su Adriático natal.

De nuevo el culebrón catalán condiciona al conjunto de la nación. De nuevo el monotema hará necesario invertir prioridades y remodelar agendas

Los puristas se echarán las manos a la cabeza diciendo que la monarquía no debe contaminar su nombre con Trump. Error. Colin Powell definió la llegada de Trump como “una desgracia para el país” y probablemente no le falta razón. Pero es un presidente elegido democráticamente. Y casualmente la persona más poderosa del mundo. El deber de nuestra Jefatura de Estado es mantener el mejor de los grados de interlocución. Y una conversación distendida mientras se pone la proa a Cabrera, es de las que genera mucho gallifante diplomático.

La visita a DC tiene un fin evidente. De nuevo el culebrón catalán condiciona al conjunto de la nación. De nuevo el monotema hará necesario invertir prioridades y remodelar agendas. El Presidente gastará su bala de visita institucional para poder hacerse la foto de cara al 1-O. Pues por lo menos que aproveche el viaje.

El Presidente se visualiza encapuchado de rojo cual Chapulín Colorado. Y no puede evitar pensar: "no contaban con mi astucia"

Lunes 25. Un Airbus A310 del Grupo 45 de transporte de personalidades aterriza en Dulles. El avión transporta a un pasajero distinguido. El personaje, algo adormilado, observa por la ventanilla con aire distraído. Pero tras cierto aire de pasmo, algo trama. Tiene un plan y lo va a cumplir. Mientras se ajusta la corbata, ensaya de forma espasmódica su mejor sonrisa. Melania caerá sucumbida.

Pero mientras se recrea en sus pensamientos, no logra apartar una frase. Una cantinela de tonalidad mexicana repiquetea en su cabeza. Una letanía mil veces escuchada en su juventud, entre etapas del Tour y reposos de opositor. Ya nada le detendrá. Mientras se mesa la barba, el Presidente se visualiza encapuchado de rojo cual Chapulín Colorado. Y al sonreír malicioso no puede evitar pensar: “no contaban con mi astucia”.

*Eduardo Pascual es Master en Relaciones Internacionales por Georgetown y cofundador de Contrarian-View.

Tribuna

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