Leña al mono judicial: la sentencia de La Manada

Cuando el legislador y la jurisprudencia marcan un escenario de reglas jurídicas, el juez está sometido a la Ley y sin espacio para interpretaciones que rompan la letra de la norma

Foto: Miles de personas salen a la calles de varias ciudades de España en protesta por la sentencia del juicio de La Manada. (EFE)
Miles de personas salen a la calles de varias ciudades de España en protesta por la sentencia del juicio de La Manada. (EFE)

La sentencia sobre el caso de La Manada con penas de nueve años de prisión a los cinco jóvenes sevillanos por un delito continuado de abuso sexual en los Sanfermines de 2016 ha provocado un tumulto de opiniones críticas en las redes sociales, unido a tertulianos que saben de todo.

El Ministerio Fiscal pedía para los acusados 22 años y 10 meses de prisión por agresión sexual, y los jueces han condenado a menos de la mitad, por delito de abuso sexual pero no de violación.

Creo que la libertad de opinión y el derecho de crítica de las decisiones judiciales amparan cualquier posición, pero también la mía que se sustenta en algo tan sencillo como recordar algunas cosas elementales…

La definición de lo que es delito de violación o delito de abuso sexual es lo que ha querido el legislador, según la voluntad parlamentaria de nuestros representantes. No se definen los delitos según la opinión de cada cual ya que la diferencia entre homicidio y asesinato o entre abuso sexual y violación, por ejemplo, es sutil y técnica.

Cuando el legislador y la jurisprudencia marcan un escenario de reglas jurídicas, el juez está sometido a la Ley y sin espacio para interpretaciones que rompan la letra de la ley. No hay lugar para la conciencia del juez ni para la opinión de sus vecinos.

La ley penal está sometida a la hora de castigar a un férreo principio de legalidad que impide aplicaciones extensivas, analógicas o cambiantes según el sentir social. Por tanto, si existen dudas o incertidumbre sobre si procede castigar por delito de abuso sexual o delito de violación, la balanza de la Justicia ha de inclinarse por el de menor fuste. Así lo ha querido la Constitución según la interpretación del Tribunal Constitucional y de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos humanos.

La apreciación de lo que realmente ocurrió, de la valoración de la conducta de agresores y agredida, si existió o no resistencia, si se trató de una conducta con matices de uno u otros, es una altísima responsabilidad que debe hacerse, porque la Ley así lo ha querido, por una sala formada por jueces imparciales, quienes tienen disponibles todo el material probatorio, las actuaciones policiales, videos, testimonios y pruebas circunstanciales. Si no hiciesen falta pruebas ni valorarlas, bien podría ponerse la sentencia al día siguiente de la detención por la propia policía según la reacción popular.

Manifestación en la calles de varias ciudades de España en protesta por la sentencia de La Manada. (EFE)
Manifestación en la calles de varias ciudades de España en protesta por la sentencia de La Manada. (EFE)

Es realmente difícil declarar probados hechos que tienen que ser tejidos como un tapiz con hilos a partir de gestos, conductas e impresiones, actos previos y posteriores, y esa difícil labor explica que puedan existir discrepancias en la Sala que lleven a un voto discrepante respecto de otros. Pero precisamente el sistema judicial ha querido que casos complejos penales por su relevancia, se sustancien por órganos colegiados, donde puedan personas con experiencia y especializadas hablar y debatir con libertad sobre el valor de las pruebas. Es más, creo que las 371 páginas de la sentencia de referencia con hechos y argumentaciones jurídicas (más de la mitad de la sentencia dedicada al voto particular), son algo más serio que una opinión rápida de café sobre un titular periodístico.

En suma, puede opinarse libremente sobre cualquier sentencia apoyado en la información parcial, sesgada o ideológica que se ofrezca, pero sin perder de vista que la sentencia se apoya en toda la información disponible, bajo un examen completo y objetivo, y escuchando tesis y pruebas de todas las partes, a cargo de personal especializado e imparcial.

Los agresores son unos miserables, que merecen todo mi desprecio por el atropello al derecho más elemental de una persona: su libertad sexual

Bajo mi opinión personal, forjada con lo que los medios de comunicación me ofrecen, los agresores son unos miserables, que han cometido un hecho repugnante, que merecen todo mi desprecio por su conducta, frivolidad y atropello del derecho más elemental de una persona, que es su libertad sexual. Ahora bien, bajo la perspectiva jurídica debo aceptar que la sentencia se ha dictado según ha querido la Constitución y mis Leyes, o sea, según lo democráticamente marcado y por jueces independientes.

Pero si alguien quiere que las sentencias se pongan por aclamación, por votos en redes sociales, o que los delitos cambien de castigo según la moda o lo políticamente correcto, pues me parece que no ha entendido nada del valioso regalo que es vivir en un Estado de Derecho.

Y es que en un Estado de Derecho hay errores judiciales y para eso está la larguísima cadena de recursos, como frente a esta sentencia.

Pero también hay errores del legislador que ha fijado esas leyes con esos castigos y no otros.

Y cómo no, también hay errores humanos, de muchos que a través de las redes sociales o desde micrófonos se lanzan a criticar sentencias y confundir churras con merinas, para más inri políticos o intelectuales y demagogos de todo pelaje, pero que además son los mismos que parecen ignorar que el telón de fondo de ese despreciable acto es un pésimo contexto de educación de adolescencia que ha propiciado que algunos jóvenes como esos canallas, consideren que todo vale, que la noche y el alcohol o las drogas son el pasaporte a la felicidad, y que el aturdimiento de "la marcha" autoriza para atropellar los derechos de los demás, para agredir y romper. Son los que califiqué de hijos del botellón y del WhatsApp.

Ese es el problema frente al que tendrían, políticos y redes sociales, que reaccionar para que nuestro legislador reoriente el gravísimo problema de educación que afecta, no a todos los jóvenes, pero sí a un grupo significativo que confunden felicidad con egoísmo y atropello de los derechos de los demás y desprecio de lo que es de todos.

Pero que nadie dude tampoco que matar al mensajero judicial es un error, pues una sentencia no es injusta si nos parece injusta según el ruido y gritos que podamos hacer. Lo será si su lógica interna o técnica jurídica es errada, o si va contra valores esenciales. Y si va contra valores esenciales, critiquemos al legislador que no supo captarlos.

Matar al mensajero judicial es un error, pues una sentencia no es injusta si nos parece injusta según el ruido y gritos que podamos hacer

¿Acaso queremos que nosotros y nuestra familia seamos juzgados según leyes que se vayan reescribiendo por el juez que nos toque en suerte según el ruido mediático y social?

Como decía Umberto Eco en un artículo: "Hoy día el primer recurso del acusado no es probar su inocencia y preguntar respetuosamente en qué pruebas se basa la acusación, sino empapelar al guardián, ya sea un guardia urbano o el presidente del Tribunal de Casación. (…) Si te acusan los jueces los deslegitimas a ellos, pero si te acusan los 'carabinieri' deslegitimas a los 'carabinieri'".

Leña al mono judicial: la sentencia de La Manada

Me temo que ahora se da un paso más adelante, pues ya no es el acusado el que critica al juez, sino los propios políticos, los periodistas y los ciudadanos acodados en la barra del bar. Los fiscales son Twitter y Facebook, y la norma penal ni siquiera son las leyes naturales, sino las leyes de la masa social y de lo políticamente correcto. Triste.

En fin, ya tuve ocasión de pronunciarme en público sobre los juicios paralelos a los que califiqué significativamente de juicios perpendiculares.

*José Ramón Chaves es magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Asturias.

Tribuna
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