'Ciberbullying', violencia de género digital y convivencia en las aulas: una visión diferente

La realidad es que todavía padecemos un gran desconocimiento respecto a lo que está sucediendo en las redes sociales y en los entornos digitales

Foto: 'Ciberbullying'.
'Ciberbullying'.

El pasado mes de mayo se celebró el Día Mundial Contra el Acoso Escolar, una fecha en la que se unieron numerosas voces para hacer frente a un problema sobre el que existe una creciente concienciación en España. Sin embargo, la realidad es que todavía padecemos un gran desconocimiento respecto a lo que está sucediendo en las redes sociales y en los entornos digitales.

A finales de 2017, el ministro de Educación presentó los datos sobre el uso del nuevo teléfono para prevención del acoso escolar en nuestro país, informando de que se habían producido 23.357 llamadas, gracias a las que se han detectado 8.589 posibles casos de 'bullying' en centros educativos de toda España. Nada más ni nada menos que 23 casos al día.

Al mismo tiempo, hemos asistido recientemente a la presentación mediática en sociedad del Pacto Nacional contra la Violencia de Género, que ha recogido los frutos del trabajo desarrollado por la correspondiente subcomisión parlamentaria, en la cual han participado más de sesenta expertos aportando sus conocimientos en las once áreas temáticas definidas, entre las cuales, encontramos dos que se refieren expresamente al entorno objeto de este artículo: Violencia de género en la adolescencia y Redes sociales y nuevas formas de violencia de género.

Es decir, que la expresada comisión y, por tanto, el Pacto de Estado, han abordado de forma directa y expresa dos de las manifestaciones más extendidas de 'ciberbullying' y que, sin duda, contribuyen a alimentar de forma sustantiva las escalofriantes cifras mencionadas anteriormente.

La lógica indica que en dicha subcomisión habrán participado expertos representantes de los tres colectivos más directamente afectados por el incesante incremento del 'ciberbullying' y la violencia de género digital, a saber: los propios afectados (menores y adolescentes); docentes de la enseñanza reglada; y familias con menores en riesgo o impactados.

Lamentablemente y observando el listado completo de comparecientes, nos sorprendemos al no encontrar ni profesores, ni alumnos, ni familias. Quizá este es el momento de traer a colación el excelente estudio realizado por el World Economic Forum en enero de 2017, donde se explicaba de forma rigurosa la necesidad de aceptar la existencia de una nueva inteligencia, "la inteligencia digital", de evidente manifestación en los niños nacidos en el seno de la nueva revolución digital, revolución que ya está transformando todo, la forma en que vivimos, trabajamos, aprendemos, colaboramos y nos relacionamos.

Una transformación en la que 'ciberbullying' y la violencia digital son manifestaciones y evidencias de la nueva tipología de conflictos sociales y relacionales que nos han estallado en la cara.

Educar, sensibilizar, prevenir, formar… No nos cansamos de escuchar de forma incesante estas palabras en congresos, foros, comisiones y subcomisiones de todo tipo, como si su mera pronunciación situara al 'experto' en el epicentro del problema y, por tanto, de su solución. Pero, desgraciadamente, no encontramos por ningún lado a profesores, alumnos y familias.

"El 'ciberbullying' y la violencia digital son evidencias de la nueva tipología de conflictos sociales que nos han estallado en la cara"

Las relaciones sociales digitales responden a patrones de comportamiento completamente diferentes a los conocidos hasta ahora, nos cuesta mucho entender las motivaciones personales y emocionales que conducen a los menores a la adopción de determinadas actitudes aparentemente 'inocuas', pero que en muchas ocasiones causan graves daños físicos y psicológicos de efectos no comprendidos.

Y para ejemplificar lo anterior, un caso real: tras dos años de procedimiento judicial, la hija de uno de los coautores de este artículo [Carlos Represa] consiguió que un acosador que la amenazaba de forma anónima en la red, fuera identificado, detenido, juzgado y condenado. Ahora el sujeto ha recurrido la sentencia conforme a derecho. Hasta ahí todo correcto, o, por lo menos, legal. Pero ¿qué pasa por la mente de una adolescente que se siente amenazada de forma real, tangible, física y emocionalmente día tras día, semana tras semana, año tras año? Y que cuando creía que había terminado la pesadilla, vuelta a empezar.

Es doloroso pensar en los miles de jóvenes que, según los datos oficiales, están en la misma situación que ella, y que ni siquiera han tenido el asesoramiento o los recursos necesarios para conocer quién acosa o amenaza.

Algo estamos haciendo mal.

Muy mal.

*Carlos Represa es presidente de la Asociación Nacional para la Protección de Menores en Internet y Digital Identity Manager de 'ieducando'

*Pedro M. Díez de Tella es CEO en 'ieducando'

Tribuna

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