Fronteras: saltar o cruzar

Desde el flanco sur de Europa, debemos liderar las reformas contra las mafias; espolear la cooperación hacia los países de origen de los migrantes; apoyar una migración legal y regulada

Foto: Valla fronteriza entre España y Marruecos vista desde Ceuta. (Reuters)
Valla fronteriza entre España y Marruecos vista desde Ceuta. (Reuters)

Hace unos días estuve en Ceuta. Como portavoz de Interior de Ciudadanos, me desplacé allí con nuestro presidente, Albert Rivera, y el candidato en Andalucía, Juan Marín, para transmitir apoyo y solidaridad a los ceutíes y, en especial, a los hombres y mujeres de la Guardia Civil. Queríamos escucharlos. Oír de su propia voz las circunstancias del más reciente salto —en rigor, más bien un asalto— de la valla fronteriza, especialmente grave por la violencia del episodio, que ha acabado con varios agentes heridos, y por las tácticas cuasi militares, material pesado y otros como la cal viva, empleados por quienes tratan de entrar a toda costa en Europa en busca de un futuro. Nos encontramos a agentes y mandos del cuerpo dolidos por el abandono, consternados por la falta de medios ante una avalancha incesante. Y sin embargo, cumpliendo con profesionalidad intachable su cometido. Como siempre.

Conozco el terreno. Hace poco más de un año, recorrí por extenso la frontera ceutí. Los pasos de Tarajal y Tarajal II, el perímetro de la valla que separa el espacio físico, jurídico y administrativo de España y Marruecos. Acababa de darse otro salto violento, aunque menos masivo que este último. También entonces fueron hospitalizados más de una decena de guardias civiles que intentaron sin éxito defender nuestro Estado de derecho y su propia integridad física.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en su visita a la valla de Ceuta. (EFE)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en su visita a la valla de Ceuta. (EFE)

Allí comprobé varios hechos alarmantes. Primero, la escasez de personal de la comandancia de la Guardia Civil. Pese a encontrarse al 90% de su dotación reglamentaria, esto era claramente insuficiente no solo para repeler la agresión sino para mantener un dispositivo de seguridad acorde al grado de riesgo, realizar las rotaciones necesarias y sostener una presencia disuasoria eficaz. Añádase la penuria de medios técnicos, de material antidisturbios adecuado —lo único útil era el gas lacrimógeno— e incluso medios de autoprotección. Resumiendo, nuestros guardias civiles estaban ‘vendidos’ ante situaciones como la acaecida.

En segundo lugar, la obsolescencia de la tecnología instalada para custodiar la frontera. No puedo entrar en detalles sensibles y confidenciales, pero con cualquier imagen que hayan visto de nuestra valla pueden intuir lo lejos que estamos —por detrás— de otros estados en protección o disuasión física y electrónica. Y por último, el sentimiento de desolación que invadía a nuestras FCSE. Policías y guardias civiles que se sentían solos e incomprendidos en el difícil trance de mantener nuestra legalidad. Legalidad que nos hemos dado todos los españoles y de la que presumimos, pero que son ellos los que deben hacer cumplir.

Allí comprobé varios hechos alarmantes, como la escasez de personal de la Guardia Civil, pese a encontrarse al 90% de su dotación reglamentaria

Lo más lamentable de esta nueva visita es que de entonces acá las cosas han ido a peor. Entonces gobernaban Mariano Rajoy y el PP. Ahora, Pedro Sánchez y el PSOE. Entremedias, ningún refuerzo de plantilla, tampoco de medios materiales. Cero inversiones en la mejora de los sistemas técnicos, ni una actualización de las infraestructuras de seguridad del perímetro. Sánchez, por su parte, ha prometido quitar las famosas concertinas sin proponer medidas sustitutorias. Ha dejado botando en el aire sus palabras vacías, su buenismo de salón, sin una sola propuesta para intentar dar solución al fenómeno de las migraciones irregulares. Y los gestos, lejos de corregir el problema, lo agravan, especialmente entre quienes guardan nuestras fronteras.

Y así seguimos. A todos nos estremecen las escenas que, día sí y día también, vemos en nuestras costas. Nos repugna un mar Mediterráneo convertido en cementerio. Ningún país garante de los derechos humanos y del principio de acogida como es España puede tolerar impasible esta tragedia. Pero tampoco podemos engañar ni escondernos detrás de un discurso de brocha gorda.

Las mafias que trafican con personas son las grandes responsables de lo que está sucediendo en el mar y en la frontera terrestre. Ante esta presión migratoria, la trata de seres humanos y las mafias organizadas, mirar hacia otro lado como hacen Sánchez y su Gobierno provisional es una receta segura para otro naufragio, el social. Ciudadanos exige a este Ejecutivo, como hizo con el anterior, más medios tecnológicos y humanos. Las FCSE necesitan sentirse arropadas cuando hacen cumplir la ley. Algo que Sánchez no ha hecho. De igual modo, hay que reclamar el respaldo firme de la Unión Europea y una verdadera política migratoria común. No es posible mantener el espacio abierto de Schengen sin proteger a la vez nuestras fronteras exteriores.

Desde el flanco sur de Europa, España debe liderar en la Unión las reformas necesarias para perseguir a estas organizaciones criminales; debe espolear la cooperación internacional hacia los países de origen de los migrantes; debe apoyar una migración legal y regulada. En definitiva, debe ser capaz de conjugar desde sus instituciones el derecho de estas personas a un futuro mejor y, como prioridad, proteger sus vidas. Ahí radica la diferencia entre saltar y cruzar una frontera. Dudo que Pedro Sánchez sea capaz de ejercer el liderazgo necesario. Lo visto hasta ahora no permite ser optimista.

(*) Miguel Á. Gutiérrez Vivas es secretario general del Grupo Parlamentario de Ciudadanos en el Congreso y portavoz de Interior.

Tribuna
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