¿Se puede parar a Vox?

Vox vive en estos momentos lo que los consultores políticos llamamos "El efecto luna de miel": su eclosión le ha colocado bajo el objetivo de todos los medios de comunicación

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE)

Aseguraría que los que nos dedicamos a la consultoría política, esto es, a ayudar a partidos y candidatos a ganar elecciones cuando podemos y nos dejan, la pregunta que encabeza este artículo es la que más nos han hecho durante estas Navidades en cenas de empresa y celebraciones familiares diversas.

Mi respuesta siempre ha sido la misma: honestamente creo que en este momento es materialmente imposible parar a Vox, y voy a tratar de explicarme.

Vox no es la enfermedad, sino el síntoma. El síntoma de que existe en nuestro país un sentimiento compartido por un importante grupo de ciudadanos: El miedo.

Los alemanes, que son especialmente hábiles para construir palabras estúpidamente concretas crearon una para ellos: 'Angstbürger', que vendría a significar algo así como "Aquellos ciudadanos que actúan por miedo".

Vox no es la enfermedad, sino el síntoma. El síntoma de que en nuestro país existe miedo

Miedo a la globalización, miedo al diferente, miedo a una sociedad abierta que no comprenden, miedo a ser sustituidos como sujetos prioritarios de políticas sociales, y sobre todo, miedo a dejar de ocupar el espacio político central del país.

Entonces, ¿puede lucharse contra ese sentimiento de fondo? ¿Puede detenerse el contagio del efecto andaluz al resto de España?

Pues como ya les adelantaba en el segundo párrafo de este artículo ahorrándoles toda sorpresa, a corto plazo no se puede. A menos que cambien las condiciones objetivas que han propiciado su eclosión, Vox va a seguir creciendo e infectando de propuestas venenosas al resto de nuestro país y ocuparán un importante espacio institucional condicionando además unos cuantos gobiernos regionales y municipales.

Vox va a seguir creciendo e infectando de propuestas venenosas al resto de nuestro país y ocupará un importante espacio institucional

Vox vive en estos momentos lo que los consultores políticos llamamos "El efecto luna de miel", es decir, tras unos años de brega estéril su sorprendente eclosión en Andalucía, fruto más de del enfado de muchos ciudadanos por el manejo de diferentes gobiernos del órdago independentista en Cataluña y al sobredimensionamiento del problema de la inmigración, les ha colocado bajo el objetivo de todos los medios de comunicación. Han pasado de no ser conocidos a ser el principal tema de debate en los medios, y eso aporta además de notoriedad, muchos votos.

Y si algo sabemos de las lunas de miel es que unas duran más y otras menos, pero todas tienen punto final, si no que se lo pregunten a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o Albert Rivera.

He dejado las mejores noticias para el final, si bien no va a ser posible detenerles, si se pueden hacer dos cosas, impedir que crezcan más y recortar en todo lo posible su periodo de luna de miel. ¿Cómo hacerlo? Vamos a ello.

1.'Benchmarking' internacional

Ya conocemos muchas recetas que sabemos que no funcionan porque han fallado estrepitosamente en otros países con partidos de corte nacionalpopulista como Vox. A saber:

Reducir el fenómeno al ridículo como se hizo con Trump en EEUU no funciona, insultar a sus votantes como se hizo con Orban en Hungría no funciona, calificar a sus líderes de fachas, fascistas o nazis funciona aún peor en un mundo para el que esas palabras se han vaciado de contenido por su excesivo uso y consecuentemente han dejado de provocar la respuesta movilizadora buscada, lo saben bien en el Brasil de Bolsonaro.

Jair Bolsonaro saluda a Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil. (Reuters)
Jair Bolsonaro saluda a Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil. (Reuters)

2. La batalla de la agenda

A día de hoy la principal batalla que está ganando Vox es la de la agenda, están colocando sus temas estrella, los que les aportan mayor rédito (inmigración, conflicto territorial) como objeto de debate en los medios, y tanto estos como el resto de partidos están entrando a ese trapo, limitando su aportación a responder a Vox y auto-anulando su propia capacidad de propuesta política.

Vox, como la AfD en Alemania, siempre va a conseguir rédito político y electoral de esos debates. Basta con cambiar la agenda para que su eficiencia baje muchos enteros.

Si siguen jugando de equipo local, seguirán contando con ventaja, hay que conseguir que jueguen de visitantes y en un campo abarrotado por nuestros seguidores.

3. El dominio del 'frame'

Un debate político no lo gana quien solo quien consigue imponer su agenda, sino aquel que además de esto consigue imponer su marco conceptual, lo que los norteamericanos llaman 'framing'.

Los seres humanos pensamos en base a una serie de conceptos, imágenes y metáforas que forman parte de nuestro imaginario colectivo y son compartidos por cada cultura.

El reto consiste en salir de su marco, en el que siempre van a ganar y conseguir imponer un debate con nuevas referencias semánticas y culturales

Vox, como hace un tiempo Podemos, dedica mucho tiempo a tratar de dominar el debate haciendo que transcurra dentro de esos marcos, el uso de conceptos como "ideología de género", "feminazis" o "derechita cobarde" son paradigmáticos.

El reto consiste en salir de su marco, en el que siempre van a ganar y conseguir imponer un debate dentro de nuevas referencias semánticas y culturales.

4. Bajar la pelota al piso

¿Se han leído el documento con las 100 propuestas políticas de Vox? Su aplicación, además de inconstitucional sumiría a España en el medievo.

La clave es traer a primer plano lo que significaría la aplicación de esas propuestas de gobierno de Vox para la vida de la gente, y no de la gente en general, sino de cada ciudadano, y no teóricamente, sino en lo concreto: en sus derechos, en su educación, en su sanidad, en sus impuestos, en la vida de sus hijos…

5. Un relato agregador e ilusionante de país

En tiempos de segmentación del mensaje en las redes sociales, el reto de los partidos democráticos es competir con la burda idea de España que maneja Vox con un relato ilusionante de futuro para el país en su conjunto.

Los que realmente hicieron cosas imposibles fueron los autores de los pactos constitucionales de la transición de los que aún disfrutamos

Hasta el momento, mientras Vox habla —si, de manera torpe, burda y mentirosa— a todo el país, los partidos democráticos andan perdidos lanzando mensajes fraccionales e identitarios que los alejan de presentarse ante el ciudadano de a pie con un mensaje 'mainstream' movilizador, y consecuentemente de la posibilidad de gobernar.

¿Imposible?, en absoluto, solo complicado. Los que realmente hicieron cosas imposibles fueron los autores de los pactos constitucionales de la transición de los que aún disfrutamos.

*César Calderón, consultor político y CEO de Redlines

Tribuna
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