¿Derechita cobarde o niños mimados?

A pesar de que les hemos visto últimamente tirándose los trastos a la cabeza, Abascal, Casado y Rivera tienen algo esencial en común. La derechita cobarde les define a todos por igual

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), en la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), en la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)

Últimamente, la derecha protagoniza escenas que resulta difícil no identificar como problemas de diván. Abascal queriendo sacar la pistola, Aznar retando a quienes le hacen pequeñito con diminutivos y le llaman cobarde. Bajo el auge de la ultraderecha, como efecto de fondo, hay una profunda crisis de la masculinidad que en ocasiones emerge en su forma más explícita. Como animales acorralados, miedosos, atemorizados y a la defensiva, Aznar y Abascal tratan de conservar el mundo en el que se sienten seguros y prometen a los suyos que con ellos los hombres podrán seguir siendo hombres.

En ese mundo, Abascal puede conservar su masculinidad acusando a los migrantes de ser quienes agreden y acosan a las mujeres —a sus mujeres—, pero ese mundo y sus certezas se derrumban cuando somos las mujeres mismas quienes exigimos respeto y denunciamos el machismo del que él mismo debe tomar nota. A pesar de que les hemos visto últimamente tirándose los trastos a la cabeza, disputando el podio del macho alfa de la derecha y acusándose mutuamente de falta de agallas, Aznar, Casado y Rivera tienen, una vez más, algo esencial en común. La derechita cobarde los define a todos por igual.

La masculinidad, dice Rita Segato, es un estatus no conquistado nunca de modo definitivo. Exige, por tanto, rituales para reafirmarla, demostrarla ante la mirada de los demás. Maltratar al chaval menos masculino de la clase en el vestuario del instituto o agredir en manada a una mujer son las formas que permiten a los hombres decirse entre ellos mismos que siguen siendo hombres. Se demuestran unos a otros que conservan su poder y se regalan unos a otros su reconocimiento mutuo.

Esas escenificaciones públicas de masculinidad, esas 'performances', son, en realidad, síntomas de cobardía, de debilidad y de profunda inseguridad

Esas escenificaciones públicas de masculinidad, esas verdaderas 'performances', son, en realidad, síntomas de cobardía, de debilidad y de profunda inseguridad. Por muy bien interpretadas que estén esas actuaciones, todos sabemos que los y las valientes no necesitan señalar la debilidad o la inferioridad de otros. Cada vez que el machito de la clase o de la oficina se ríe del compañero marica, revela nada más que su propia pequeñez, porque las personas libres no tienen que buscar permanentemente en la mirada de los demás la reafirmación de su propia identidad. Esa esclavitud, la de una identidad insegura y temerosa, necesita un espejo en el que mirarse, para verse, para reconocerse, para afirmarse.

Las mujeres estamos dejando de ser ese espejo en el que la masculinidad puede reencontrarse consigo misma, cada vez menos les devolvemos el reflejo complaciente que algunos hombres necesitan ver. Queremos unas relaciones diferentes, reclamamos nuestra autonomía y nuestra autosuficiencia. Y sabemos que los hombres libres y seguros de sí mismos no agreden, no maltratan, no humillan. Los hombres valientes son capaces de hacerse preguntas, replantearse sus comportamientos y revisar lo que hasta hoy habían aprendido. Los hombres valientes no tienen miedo a tratarnos de igual a igual.

Queremos unas relaciones diferentes, reclamamos nuestra autonomía. Y sabemos que los hombres seguros de sí mismos no agreden, no maltratan

Es en este mundo incierto que ha dejado de ofrecer algunas certezas a los hombres de antes, y es ante el avance del feminismo y las transformaciones sociales que las mujeres hemos conquistado, cuando la derecha cobarde da últimamente signos desesperados de resistencia y autoafirmación. Bajo la apariencia de dominio y control de esos liderazgos masculinos hay, en realidad, un discurso que victimiza e infantiliza a los hombres, les promete que podrán seguir abriendo la puerta cortésmente a las mujeres, decirles los piropos que quieran y sentirse seguros porque nadie les va a poner en cuestión.

Allí están las mujeres de Vox, como madres sobreprotectoras calmando los miedos y las ansiedades de hombres que parecen menores de edad resistiéndose a hacerse mayores. El papel de algunas de las voces femeninas del antifeminismo parece ser decirles a unos niños inseguros que no se asusten ante un mundo que les pide cambiar, que ellas les van a querer tal y como son.

Nosotras invitamos a los hombres a algo mucho más prometedor. A construir con nosotras una manera más respetuosa y libre de tratarnos

Nosotras, es cierto, prometemos otra cosa. No prometemos sobreprotección, no prometemos paternalismo, no prometemos seguir siendo los espejos en los que complacerse. Pero invitamos a los hombres a algo mucho más prometedor. A construir con nosotras una manera más respetuosa y libre de tratarnos, a buscar las nuevas líneas rojas que separan la amabilidad del acoso y el amor del control, a ser capaces de amar a mujeres libres sin tenerles miedo, a ser más fuertes, tanto como para poder reconocer las debilidades y poder enfrentarlas.

A todos los hombres con los que queremos construir este país les invitamos a construir un mañana en el que las niñas sean más libres, pero también un mañana en el que los niños sean más libres. Les invitamos a que vengan con nosotras y no con los cobardes. Les invitamos a ser tan valientes como para no necesitar pistolas.

*Clara Serra, candidata de Más Madrid Comunidad.

Tribuna
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