Llamando a Kennedy, desesperadamente

La nueva oratoria televisiva exige más que palabras, y por eso se da ganador a Rivera y gran perdedor a Sánchez

Foto: El candidato a presidente del Gobierno Pedro Sánchez (PSOE), durante un momento del debate de RTVE. (Reuters)
El candidato a presidente del Gobierno Pedro Sánchez (PSOE), durante un momento del debate de RTVE. (Reuters)

Solo un apriorismo tiene un debate, que solo lo gana quien lo intenta. La receta presidencialista de estarse quieto no rinde crédito.

Mas allá de argumentos pegados a la primera noche de choque de trenes, el espectáculo de RTVE dejó a las claras que no le han bastado nueve meses a Sánchez para “hacerse presidente”. Fuera del plasma se mostró vulnerable. Frío, soso, descolocado, frágil. Acorralado en su esquina por dos contrincantes que diversificaban los golpes; ni el agua que le ofrecía Iglesias le salvo de caer en la lona.

Algo falló en la preparación y su mánager Redondo debe estar preguntándose el porqué.

Quizá no haya nada que preguntarse, sino darse cuenta de que Sánchez no es más que “otro mero aspirante” y, si no sales a lucirte, la parroquia no te va a regalar un aplauso.

Los tiempos están cambiando, que dice Dylan, y también para los debates en televisión. Los sesudos analistas piden argumentos y datos, pero los nuevos comunicadores los hacen enfrascados en relatos más persuasivos y objetuales. Rivera, rey del 'gimmick' (truco, artificio) no paró de sacarse conejos saltarines de la chistera… "porque estamos en la tele, y en directo, señores”. Para unos demasiados, para otros la ración suficiente para ocupar los medios y las redes a tope.

Para los seguidores de la gran serie de abogacía de Chicago 'The good fight' (La buena pelea o La batalla justa, en español), quedará para los análisis la recomendación de uno de sus protagonistas estrellas que le comenta a un colega la estrategia para sacar adelante un caso imposible. “Olvídate de los datos y monta una buena historia”. Sin relato no hay victoria. Pero claro, un relato que venda, más allá de un mero “Hoy es el día de la Tierra”.

Con todo, apenas si hubo sorpresa. Con un Iglesias de escudero de Sánchez y atado al librito constitucional a lo Maduro; con un Rivera peleando cada metro y un Casado jugando a parecer presidente, lo único verdaderamente a observar era Sánchez. Y la sorpresa es que de tanto pedirle su consejero áulico que este quieto, lo que pareció es estar congelado, frio y hierático. Sin empatía.

Como segundas partes, nunca fueron… Tendremos muy probablemente más de los mismo. Cada uno soltando sus golpes y Sánchez aferrado a su esquina, viéndolas pasar. O viéndolas venir. Redondo estará hecho un mar de dudas, sin saber si atacar o defender. Da la impresión de que este- el debate –no es su fuerte. Mejor las notas de prensa de un Consejo de Ministros que colocas el mensaje seguro. Pero a unos metros de meta, los tortazos han desconcertado al púgil más guapo, que ahora aparece con cara de descolocado.

Seguro que Redondo estará llamando a Kennedy desesperadamente. ¿Pero cómo se hace? Los viejos análisis le contestan: Que le crezca la barca a Casado, que sude Rivera, que Iglesias la lie parda…Pero no hay receta. Tiene que ser su púgil el que salga del cuadrilátero y se mantenga en pie por sí mismo. Demostrar pegada y cintura. Si no, la magia de otros le gana en trucos. ¿Que pasa con Kennedy, que no contesta…? Bueno, ese es ya el otro debate.

*Javier Martín-Domínguez es presidente del Club Internacional de Prensa

Tribuna

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