La palabra que ya no encuentra eco

Hoy, el ruido mediático es que Vox pida eliminar las ayudas contra la violencia de género, no que el gobierno actual haya declinado la petición y haya aumentado esas mismas partidas

Foto: Sergio Romero en el Parlamento Andaluz. Ciudadanos.
Sergio Romero en el Parlamento Andaluz. Ciudadanos.

Llevamos semanas asistiendo en España y en Andalucía a un fenómeno curioso que desafía una de las leyes más elementales de la física. En acústica, el eco es el efecto que produce el sonido al regresar tras chocar contra una determinada superficie. Algo similar a lo que ocurre con el reflejo de la luz en un espejo.

En política, el sonido no siempre regresa. Hay discursos que nunca dejan de escucharse y verdades que no llegan al oído de casi nadie. Políticos que, sin decir nada, son capaces de levantar una polvareda mediática cada día, y políticos cargados de razones que, por más que lo intenten, jamás encuentran justicia en los titulares.

Andalucía aprobó el pasado jueves los mejores presupuestos de su historia. No solo porque aumentan en más de 1.000 millones la dotación para Sanidad, Educación y Políticas sociales, sino porque, por primera vez, se aplicarán medidas de control reales, y se cumplirá el compromiso de ejecutar lo que se presupuesta. Algo básico, pero inédito. Basta un ejemplo: en Andalucía, el Partido Socialista ejecutó en 2016, 2017 y 2018 solo 3,2 millones para la protección de las víctimas de violencia de género, el 25% de lo presupuestado.

En política, el sonido no siempre regresa. Hay discursos que nunca dejan de escucharse y verdades que no llegan al oído de casi nadie

Este dato, que alcanzaría la categoría de escándalo si viniera de la mano del gobierno Cs-PP, apenas tuvo eco, ni manifestaciones, ni protestas de los colectivos feministas. Hoy, el ruido mediático es que Vox pida eliminar las ayudas contra la violencia de género, no que el gobierno actual haya declinado la petición y haya aumentado esas mismas partidas con respecto a 2018.

En esta época de espectacularización masiva de la política, es importante reivindicar el valor de la palabra dada. Hace no tanto, la palabra era aún algo valioso. Nuestra credencial ante el mundo. Gracias a ella, uno se ganaba el respeto de la gente. Hoy, empujados por una sociedad cada vez más líquida donde todo gira con una cadencia incontrolable, es casi imposible encontrar premio a la ética y a la honestidad de mantener lo prometido.

Y esto, que en otro tiempo sería motivo de elogio, es una de las razones por las que hoy tampoco se respeta políticamente a Albert Rivera. Desde hace meses, en cada mitin, en cada debate y en cada rueda de prensa, Albert ha ido repitiendo siempre la misma frase: "Sánchez no tendrá el apoyo de Ciudadanos para formar gobierno". Una decisión tan respetable como el "¡Con Rivera, no!" que aplaudía Sánchez a las puertas de Ferraz la noche electoral, pero que, curiosamente, no obtiene la misma repercusión mediática.

No importan sus pactos con proetarras, sus guiños a los nacionalistas y su relación de amor-odio con la extrema izquierda

El sonido no se comporta de la misma forma cuando hablan Rivera y Sánchez. Con el primero, el eco es interminable, y cuando regresa el mensaje casi siempre trae adherida una conspiración neoliberal o de extrema derecha. Con el segundo, todo es calma. No importa que el gobierno esté en funciones desde mayo de 2018. No importa el «No es no». No importa que el candidato no cumpla con su obligación de pactar un Ejecutivo. No importan sus pactos con proetarras, sus guiños a los nacionalistas y su relación de amor-odio con la extrema izquierda. A esta forma de hacer política en función del pulso de la gente, algunos la llaman estrategia. Otros preferimos cumplir con la palabra dada. Y muchos piensan de qué servirá ir a votar en noviembre si los que tienen que formar gobierno prefieren hacer cálculos para irse de vacaciones en lugar de asumir la función para la que fueron elegidos.

El sanchismo genera una reacción mediática tan intensa que está cambiando las ideas, la cultura parlamentaria y el espíritu democrático de España por un juego infantil de poder y ego, donde el fin vuelve a justificar los medios. Y en lugar de buscar la verdad, prefiere ser la víctima inmóvil, desviar el ruido a la derecha, humillar a sus viejos aliados y ahuecar el discurso con eslóganes para hacerlo digerible si con el tiempo toca desdecirse.

Una dosis exacta de cinismo

Todo depende del 'momentum', no del interés general. Pero así es el sanchismo: una táctica constante sin estrategia. Un conjunto de significantes vacíos en el que el progresismo ya no progresa y el tono de la chaqueta importa más que el mensaje. Una dosis exacta de cinismo e irresponsabilidad donde la calidad política del relato se mide solo con el eco que produce.

Así es la oposición de hoy en Andalucía. Los acuerdos alcanzados con PSOE y Adelante Andalucía no tienen repercusión, mientras que cada palabra de Vox es un revuelo. No importa que no hayan logrado imponer al Gobierno de Andalucía ni una sola de sus reivindicaciones sobre inmigración, mujer, modelo autonómico o la fecha alternativa para el Día de Andalucía. El menor gesto de decoro institucional basta para que se interprete como una alianza y el respeto parlamentario sea visto como un gesto de sumisión.

Los acuerdos alcanzados con PSOE y Adelante Andalucía no tienen repercusión, mientras que cada palabra de Vox es un revuelo

El problema aparece cuando desaparece el enemigo. Susana Díaz tiene ante sí un Gobierno que supera su gestión, y Sánchez está cada vez más solo ante su espejo. Contra su propio eco. Y ante esta pérdida de control, la respuesta de ambos es un relato victimista sobre las tres derechas, no sobre su responsabilidad.

Sánchez no encuentra más que voces que le invitan a gobernar, y prefiere la parálisis institucional a seguir dando pasos con los pocos aliados que le quedan. Prefiere fingir, pero no hace más que medir el coste de repetir nuevas elecciones. La respuesta de Ciudadanos ya la tiene. Es firme, nítida y unívoca: preferimos una oposición responsable a un Gobierno que pacta por interés con quien traiciona los principios de nuestro estado democrático.

Si Sánchez no nos arrastra a las urnas, las alianzas con proetarras, las sentencias del procés o los escarceos amorosos con el populismo cuestionarán su mandato. El tiempo se acaba. El ruido se apaga. La paciencia se agota.

*Sergio Romero es portavoz de Ciudadanos en el Parlamento de Andalucía

Tribuna
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