A Gonzalo Jiménez-Blanco, 'in memoriam'

Durante su enfermedad ha sido un ejemplo para todos. Nunca se ha quejado y hasta el último momento ha conservado el buen humor, sus ganas de escribir, de lo que son buena muestra los artículos de este diario que titulaba "arbitrando que es gerundio"

Foto: Gonzalo Jiménez-Blanco
Gonzalo Jiménez-Blanco

Los primeros recuerdos que guardo de Gonzalo son de la época en la que yo estaba preparando la oposición para ingresar en el cuerpo de Abogados del Estado, cuando me ayudó no pocas veces a preparar los temas relacionados con el sector financiero. A cualquier opositor le impresiona la trayectoria de quienes han conseguido la meta a la que tanto esfuerzo dedicas, y en el caso de Gonzalo se añadían dos razones. Su extraordinaria forma de ser, de la que me había hablado tiempo atrás mi cuñado Javier de Carlos, íntimo amigo suyo. Y el hecho de que había decidido opositar tras trabajar en el sector privado, lo que unido al escaso tiempo que le costó convertirse en abogado del Estado, hacía que le rindiese una admiración que ha ido creciendo con el tiempo.

Posteriormente, tuve la suerte de "heredar" su puesto en el servicio jurídico de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. De entonces viene la frase que quienes me conocen me habrán oído repetir muchas veces: que Gonzalo era el mejor abogado que he conocido, digno representante de los excelentes juristas de su familia. Así lo comprobé leyendo sus escritos en los expedientes que me tocó continuar. Y escuchando el testimonio de quienes habían trabajado con él en la Comisión.

Haber convivido con Gonzalo es un privilegio que hemos podido disfrutar muchas personas

Esta percepción se palpa en todos los lugares donde Gonzalo ha trabajado. En el Instituto de Crédito Oficial, en British Telecom, en Ashurst. Tenía una mezcla de bondad, simpatía, ácido sentido del humor y extraordinaria inteligencia que lo convertían en un ser absolutamente excepcional.

Recuerdo la primera vez que percibí los síntomas de la enfermedad que le atrapó en los últimos años. Estábamos celebrando una comida que periódicamente teníamos, y seguimos teniendo, un grupo de colegas del derecho. Y cuando se levantó, aprecié cierta torpeza en sus movimientos. Me comentaron que no se encontraba bien y que se estaba haciendo pruebas. Recordé entonces que semanas antes me dijo que ya no salía a correr ni a montar en bicicleta porque se cansaba.

Tenía una mezcla de bondad, simpatía, ácido sentido del humor y extraordinaria inteligencia que lo convertían en un ser absolutamente excepcional

Durante su enfermedad ha sido un ejemplo para todos. No solo porque nunca se ha quejado o lamentado de su situación, sino porque hasta el último momento ha conservado el buen humor, sus ganas de escribir, de lo que son buena muestra los artículos de este diario que titulaba "arbitrando que es gerundio", y sobre todo, la ilusión por vivir. Cuando ibas a verle, salías de su casa reconfortado, después de haberte reído y disfrutado con él y vivido el amor de María, Gonzalo, Lucía, Inés y toda su familia.

Hace pocos días, hablando con mi hermana, recordaba la escena de la película 'Qué Bello es Vivir', cuando James Stewart, a punto de tirarse al río, es detenido por un ángel que le dice que va a disfrutar un privilegio que no ha tenido ningún ser humano, que es ver cómo sería el mundo si él no hubiera existido.

Lo recordaba frecuentemente porque el reconocimiento de las personas llega con su fallecimiento. Pero en este caso, la enfermedad ha permitido que Gonzalo recibiera en vida el tributo (la Cruz de San Raimundo de Peñafort, el premio de la Asociación de Antiguos Alumnos de Icade, el 'liber amicorum' que le pudimos dedicar...) y el cariño de quienes le rodearon.

Haber convivido con Gonzalo es un regalo del que hemos tenido el privilegio de disfrutar muchas personas. Definitivamente, el mundo habría sido peor sin él.

Ayer falleció entre el calor de los suyos Gonzalo Jiménez-Blanco, licenciado en Derecho y Ciencias Empresariales (ICADE E-3) y Abogado del Estado. Desempeñó servicios en el Ministerio de Industria, en la CNMV, en el ICO y en BT Telecomunicaciones. Desde 2002 fue socio de Ashurst LLP. Descanse en paz.

Tribuna
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