La crisis y el estancamiento secular

La crisis económica bautizada como La Gran Recesión, después del tortuoso y complejo camino qye ya hemos recorrido, podemos decir que no ha sido vencida integralmente

Foto: Foto: iStock.
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La crisis económica bautizada como La Gran Recesión, después del tortuoso y complejo recorrido, podemos decir que no ha sido vencida integralmente. Por el contrario, nos encontramos ante caminos inciertos, lo cual quiere decir, que no sabemos que nos deparará: si más estabilidad y menor incertidumbre, si mayor crecimiento y menor desigualdad o si mejor gobernanza mundial y menor conflictividad.

Así que escojamos una de las tantas soluciones sobre la situación, y ya que lo hacemos, que sea al menos relevante y atractiva, como la idea del “estancamiento secular”. La idea aunque no es nueva, ha sido puesta en circulación por Larry Summers, que como secretario del Tesoro de los Estados Unidos con el presidente Bill Clinton, defendió la desregulación financiera y ahora es un agitador keynesiano.

El estancamiento secular fue originalmente presentado por el discípulo de Keynes; Alvin Hansen en su obra: '¿Full recovery or stagnation', 1938? (¿Recuperación plena o estancamiento?), que dio lugar a uno de los debates más apasionantes de la época y que con la Gran Recesión ha resurgido con fuerza. Su argumento central, era que el comportamiento de la demanda sería insuficiente para asegurar el crecimiento económico necesario, por lo que auguró una época de débil progreso o incluso un estancamiento secular.

Para Hansen, las fuerzas impulsoras del crecimiento, según la corriente principal del pensamiento económico clásico, son tres: i) las innovaciones tecnológicas; ii) la apertura de nuevos territorios y el descubrimiento de nuevos recursos; y iii) el aumento de la población. Estas fuerzas generaron un robusto crecimiento como se comprobó en el largo tramo del aumento de los niveles de vida en Occidente durante el siglo XIX, a pesar de los altibajos del ciclo económico.

Ahora bien, en el siglo XX durante los años de entreguerras, y en particular la Gran Depresión de la década de 1930, sugería que estas fuerzas se desgastaron y, por lo tanto, que las perspectivas económicas futuras estaban gravemente en peligro.

Larry Summers, en una conferencia en Harvard. (Reuters)
Larry Summers, en una conferencia en Harvard. (Reuters)

Hansen interpretó estos problemas económicos de la época no solo como la manifestación de una desaceleración cíclica particularmente aguda, sino como evidencia del “estancamiento secular” provocado por el cierre de las fronteras económicas, la lentitud en la innovación tecnológica y, no menos importante, una drástica disminución de crecimiento de la población. La “tesis del estancamiento”, se encuentra en su discurso ante la American Economic Association, pronunciada en Detroit el 28 de diciembre de 1938, bajo el título 'Progreso económico y crecimiento decreciente de la población', publicada posteriormente con el mismo título.

El análisis de Hansen se hace eco de la tesis expuesta por Keynes en la Galton Lecture en 1937: “Una desaceleración demográfica disminuye las oportunidades de inversiones rentables y aumenta los niveles de ahorro, por lo que empuja a la economía hacia un equilibrio de bajo crecimiento en el que los recursos están subutilizados y el desempleo es alto”.

Hansen pone especial énfasis en los cambios demográficos. Sugiere que, más allá de su efecto positivo directo sobre la inversión y la producción, el crecimiento de la población también tiene un efecto de mejora indirecta sobre estos factores al facilitar el progreso tecnológico, algo muy alejado de la visión del reverendo Thomas Robert Malthus.

Hansen interpretó estos problemas económicos como la manifestación de una desaceleración financiera cíclica particularmente aguda

También llamaba la atención sobre el riesgo de una ralentización permanente del ritmo de crecimiento de las economías y de una situación de insuficiencia crónica en la “demanda de inversión” para restablecer el pleno empleo. Pensaba que una desaceleración del crecimiento de la población y del progreso tecnológico reduciría las oportunidades de inversión. Los ahorros, entonces, se acumularían sin consumir y el crecimiento se desplomaría a menos que los gobiernos estimularan la demanda agregada. También considera que el progreso económico afecta al nivel de vida, principalmente mediante la mejora de la producción, y subrayaba que los elementos constitutivos de ese progreso son los nuevos inventos, los nuevos territorios y el crecimiento de la población.

Las demandas de la economía de guerra en los años posteriores se ocuparon del problema del empleo, y las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial trajeron los estímulos de la demanda acumulada de los consumidores, un resurgimiento de las innovaciones tecnológicas, la apertura de las fronteras económicas producida por el sistema de libre comercio, y, un fuerte aumento de la población. El resultado fue un rápido crecimiento económico general con niveles crecientes de ingreso para la población.

La gestión de la demanda keynesiana jugó un papel importante en esta historia de éxito económico. Hasta finales de la década de 1960, incluso el presidente estadounidense republicano; Richard Nixon se declaró keynesiano. Hansen en sus propuestas de política, fue más intervencionista que Keynes, inclinándose por un papel gubernamental más intenso en la economía como un posible medio para escapar del círculo vicioso de baja demanda y alto desempleo.

Las ideas de Hansen se condensan en el siguiente fragmento: “Estamos obligados a tomar en seria consideración aquellos factores y fuerzas de nuestra economía que tienden a hacer las recuperaciones débiles y anémicas y que tienden a prolongar y profundizar el curso de las depresiones. Esta es la esencia del estancamiento secular: recuperaciones enfermas que mueren en su infancia y recesiones que se alimentan a sí mismas produciendo un alto y permanente núcleo de desempleo”. Pero tras el auge económico del período de oro del capitalismo 1945-1973, el interés por la idea disminuyó.

Sede del Fondo Monetario Internacional. (Reuters)
Sede del Fondo Monetario Internacional. (Reuters)

Larry Summers ha rescatado a Hansen para referirse a la situación que afrontaban las economías desarrolladas. Con su impactante discurso en el foro económico del FMI (2013): 'Secular Stagnation: Fact, Causes and Cures', sugiere que el mundo rico podría estar sufriendo “estancamiento secular”. “A pesar de que las burbujas de activos se inflaron antes de la crisis financiera, el crecimiento de las economías ricas fue poco vigoroso, lo que sugiere una falta de oportunidades de inversión productiva. Y hay una serie de razones para pensar que desde entonces se ha vuelto más difícil vigorizar el crecimiento”. Después del gran pánico financiero de 2008, y a pesar de que ha desaparecido y los mercados financieros se han “restablecido”, no existe evidencia de una recuperación sólida del crecimiento en Occidente.

Summers opinaba que, si nadie lo remedia, pronto nos encontraremos inmersos en el bucle de la deflación y con probabilidad de que se instale entre nosotros el estancamiento secular global. Avanzamos hacia una década perdida, durante la cual el crecimiento no vendrá impulsado por la fortaleza de la productividad, ni por la innovación, sino por estímulos monetarios artificiales, inducidos por políticas extremadamente laxas que alimentarían nuevas burbujas en los mercados de activos reales y financieros.

Delante de una distinguida audiencia, con personas de la talla de Ben Bernanke o Martin Feldstein, las ideas de Summers fueron recogidas con gran interés por Paul Krugman quien, desde hacía algún tiempo presentaba una idea muy similar desde su blog en 'The New York Times'. El estancamiento secular en Estados Unidos y Europa, especialmente dentro de la eurozona, se produce porque desde el estallido de la gran burbuja financiera en 2008, el ahorro y la inversión, solo consiguen igualarse a tipos nominales o reales de cero o negativos. Este punto de partida del argumento de Summers es pragmático. “Dado que los flujos financieros representan ahora las interconexiones esenciales para el funcionamiento del sistema económico mundial, el colapso de las finanzas en 2008 ha llevado a una parálisis sustancial del sistema”.

Las ideas de Summers fueron recogidas con gran interés por Paul Krugman, que ya esbozaba ideas similares en su blog en The New York Times

Es como si, en un sistema urbano repentinamente desapareciera el 80% de la corriente eléctrica y todas las actividades quedaran paralizadas. Sin embargo, cuando regresa se podría esperar una recuperación de la actividad económica a niveles iguales o superiores a los anteriores a la crisis. Pero esta recuperación no se produce. ¿Cómo se explica esta decepcionante reacción? Según Summers y Krugman, las transformaciones estructurales del sistema han llevado a la tasa natural de interés, es decir, la tasa que mantiene en equilibrio los mercados financieros y asegura condiciones cercanas al pleno empleo, a ser permanentemente negativa.

Así que, ¿cómo conciliar burbujas financieras con una economía que no muestra signos de presiones inflacionarias? La respuesta de burbujas para conseguir acercarse al pleno empleo, y que, en ausencia de estas, la economía tiene una tasa natural negativa de interés y, por tanto, se aleja del objetivo. A los efectos, nos dice que, para convencer a las empresas que inviertan lo suficiente como para garantizar el pleno empleo, estas no solo deberían obtener dinero a costo cero, sino también asegurarse de que pueden invertir con menores riesgos respecto a los financiamientos proporcionados.

Summers argumenta, que los años anteriores a la crisis, avanzaron entre una progresiva separación entre el mundo que los economistas gustan llamar “mercados financieros” y, el mundo de la “economía real”. Esa relativa desintegración y el volumen alcanzado por las operaciones financieras están en el origen de aquello que define como estancamiento secular. Esto es lo que la economía mundial dirime: crecimiento mínimo o burbujas especulativas.

* Ramón Casilda Béjar es autor de 'Capitalismo. Crisis y reinvención' Editorial Tirant lo Blanch, 2019

Tribuna
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