Vertedero de Zaldibar: evitar el miedo y promover la responsabilidad compartida

Consideramos esencial que quienes producen el residuo industrial o peligroso tengan una responsabilidad sobre él hasta que finaliza su tratamiento. Esto no ocurre en España

Foto: Foto: EFE.
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En las últimas semanas, se ha despertado gran preocupación en torno a la gestión de los residuos industriales y peligrosos tras el desgraciado incidente del vertedero de Zaldibar, que ha sepultado a dos trabajadores y generado un impacto ambiental en la zona todavía difícil de cuantificar. Esto está llevando a la opinión pública, mezclada de forma confusa entre medios de comunicación y redes sociales, a numerosas imprecisiones y alarmas innecesarias en el resto de España, lo que está causando un grave perjuicio a la reputación de empresas que trabajan en el sector del medio ambiente.

Vertedero de Zaldibar: evitar el miedo y promover la responsabilidad compartida

Empresas que llevan años asentadas en muchas localidades del país sin generar ningún tipo de problema, ahora se señalan mediáticamente porque contienen residuos peligrosos y se transmite la percepción de que son una amenaza para los ciudadanos de esas zonas. Todo para explotar los fuertes sesgos que condicionan nuestras elecciones, como han explicado premios Nobel como Daniel Kahneman y Richard Thaler. Ellos demostraron que las personas solemos tomar atajos a la hora de considerar lo que es cierto o no mediante el sesgo de disponibilidad, que refleja cómo es más probable que reaccionemos más ante un caso aislado de algo que vemos en la televisión o en un vídeo de Facebook que ante hechos más relevantes y que se producen de forma continuada.

Por eso, vemos necesario aclarar una serie de puntos sobre un sector que es esencial en el tejido industrial de nuestro país. En primer lugar, es importante recordar que las instalaciones de tratamiento de residuos conforman una red que proporciona las mejores soluciones para cada tipo de residuo. Entre estas soluciones también se incluyen las de eliminación mediante depósito en vertedero, que es la única posible en muchos de los casos relacionados con residuos industriales y peligrosos. Esto se puede ver de forma clara en un residuo peligroso como el amianto, muy común en los residuos procedentes de la construcción. Donde mejor puede estar este residuo es en una de estas instalaciones, y no en los puntos de vertido ilegales que hay en caminos, escombreras o riberas de los ríos.

Debemos entender que el principal objetivo de estas instalaciones es el tratamiento seguro de los residuos, para que no afecten a la salud de las personas ni perjudiquen el medio ambiente. También son las responsables de recuperar la mayor cantidad posible de recursos contenidos en los residuos, como materias primas, energía, etc. Este es un principio básico de la economía circular que promueve con ambición la Unión Europea y que siempre señala a los gestores de residuos como uno de los sectores clave para este cambio de paradigma, ya que pueden contribuir de manera decisiva a la sostenibilidad y a la reindustrialización del continente.

Además, hay que recordar que los gestores no son quienes producen esos residuos sino que son las diferentes industrias quienes los generan, a la vez que contribuyen a la creación de riqueza y empleo en nuestro país. El origen y destino de los residuos lo trazan estos productores, de ahí que sea tan importante que los clasifiquen correctamente. Posteriormente, el gestor del residuo tiene que comprobar la información aportada por el productor.

Vertedero de Zaldibar: evitar el miedo y promover la responsabilidad compartida

Tal y como se está informando en los últimos días, parece que las instalaciones de gestión aparecen en un lugar de la noche a la mañana. Nada más lejos de la realidad. Todas ellas deben pasar por estrictos procedimientos de autorización ante las administraciones autonómicas para poder iniciar su actividad. Se trata de un proceso que lleva años, porque incluye una evaluación de impacto ambiental que recoge todos los puntos de vista y prevé los posibles inconvenientes de su apertura. Posteriormente, estas administraciones inspeccionan y controlan las instalaciones con asiduidad, algo que, desgraciadamente, no ocurre con los puntos de vertido ilegal que existen en nuestro país y que cualquier ciudadano ha podido ver de forma presencial alguna vez.

Por supuesto que todo es mejorable, y debemos aprovechar que el medio ambiente está en las prioridades informativas para lograr cambios que algunos actores llevamos tiempo promoviendo. Uno de ellos es que las administraciones dediquen recursos y medios para una aplicación rigurosa de las políticas de residuos, ya que deben considerar el efecto multiplicador que logran sobre el empleo verde con cada euro invertido en el control de la gestión.

Este control también implica garantizar la trazabilidad de los residuos, desde donde se producen hasta su destino final, tratando de que tenga la menor carga burocrática posible para los gestores. En este sentido, esperamos que pronto entre en funcionamiento la tramitación telemática, que consideramos podrá resolver muchos de los problemas actuales relacionados con la trazabilidad.

Hay que recordar que en España las políticas de medio ambiente están transferidas a las comunidades autónomas, lo que hace que en muchas ocasiones no haya unos criterios homogéneos de gestión para todo el país. También hay disparidad en cuanto a la fiscalidad, especialmente por las operaciones de depósito en vertedero. Esto ocasiona que los residuos se trasladen de un lugar a otro basándose solo en el precio, con lo que no se consigue beneficio ambiental alguno, cuando se supone que es el principal motivo de aplicación de este tipo de impuestos.

Por eso, consideramos esencial que quienes producen el residuo industrial o peligroso tengan una responsabilidad sobre él hasta que finaliza su tratamiento. Esto no ocurre en España, ya que la responsabilidad se delega una vez que el productor del residuo se lo entrega a un tercero. En países como Francia, Alemania y Reino Unido, ya tienen este modelo de responsabilidad compartida entre el productor y los distintos participantes en la cadena de gestión, una herramienta jurídica que es básica para que el productor busque los tratamientos que mejor se adecúen a cada tipo de residuo. Algo que no fomenta nuestro modelo actual de responsabilidad delegada.

Desde nuestra asociación, confiamos en que el debate público se vaya serenando pese a la tragedia que supone el suceso del vertedero de Zaldibar, una instalación que no forma parte de nuestra asociación. Lamentamos profundamente la desaparición de los dos trabajadores de la empresa y deseamos que se recuperen sus cuerpos lo antes posible.

Esperamos que estas líneas contribuyan a clarificar un sector que es técnico y complejo, pero que es determinante en la apuesta de la UE por el Pacto Verde, que busca convertir Europa en el primer continente climáticamente neutro en 2050.

*Luis Palomino, secretario general de la Asociación de Empresas Gestoras de Residuos y Recursos Especiales (Asegre)

Tribuna
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