Andalucía, preparada para el futuro

Andalucía ha respondido con eficacia al difícil reto de la pandemia, y yo siento un especial orgullo al proclamarlo. Lo hemos hecho a base de dolor y de sacrificio

Foto: Momento del izado de la bandera y la interpretación del himno de Andalucía en el Parlamento andaluz. (EFE)
Momento del izado de la bandera y la interpretación del himno de Andalucía en el Parlamento andaluz. (EFE)

Los españoles despertamos este lunes en una realidad diferente a la que vivíamos hace poco más de tres meses, cuando la pandemia de coronavirus nos sumergió en el periodo más triste que ha vivido nuestra generación.

Terminado el estado de alarma, nos enfrentamos a una situación que, lejos de estar superada, sigue siendo muy compleja desde el punto de vista sanitario y económico. Siento ciertas reticencias hacia términos artificiosos como ‘desescalada’ o ‘nueva realidad’, que se han impuesto en el uso durante los últimos meses.

No estamos en una 'desescalada', sino que, más bien al contrario, tenemos por delante el difícil reto de escalar hacia estadios de bienestar, desarrollo y empleo que perdimos abruptamente y que ahora se nos aparecen lejanos. Tampoco puedo asumir la situación actual como una ‘normalidad’, ni siquiera una ‘nueva normalidad’, porque no puede llamarse tal a una realidad que te impide abrazar a los amigos, besar a los familiares o llenar estadios y teatros.

Andalucía ha respondido con eficacia al difícil reto de la pandemia, y yo siento un especial orgullo al proclamarlo. Lo hemos hecho a base de dolor y de sacrificio, pero también de voluntad y determinación.

Tengamos una cosa clara. El fin del estado de alarma no es el fin de la pandemia

Con el ejemplo de responsabilidad ofrecido por la inmensa mayoría de los andaluces, con el enorme esfuerzo desarrollado por los sanitarios, los cuerpos y fuerzas de seguridad y tantos otros profesionales; y, también, gracias a un trabajo de anticipación que nos ha permitido afrontar con agilidad las necesidades sanitarias y sociales que cada momento requería. Alcanzado este punto, mi recuerdo debe ir, ineludiblemente, hacia todos aquellos a quienes, pese a tanto esfuerzo, no pudimos salvar y que, en muchos casos, ni siquiera tuvieron el consuelo de sentir el calor de una mano familiar en el instante de la despedida. Estarán siempre en nuestra memoria.

Tengamos una cosa clara. El fin del estado de alarma no es el fin de la pandemia. Desde diferentes puntos del mundo, recibimos avisos preocupantes que no podemos ignorar. Hacerlo sería una muestra de ceguera inaceptable porque nuestra sociedad, que ha resistido a duras penas este primer golpe, quizá no pueda soportar un segundo envite de similar virulencia.

"Desde hoy, somos más que nunca responsables de nuestro futuro como sociedad, y nadie podrá alegar no saber a lo que nos enfrentamos"

A partir de ahora, las estrictas normas que prevé nuestra Constitución para un estado excepcional, como el que hemos atravesado, deben ser sustituidas por la responsabilidad individual y colectiva. Desde hoy, somos más que nunca responsables de nuestro futuro como sociedad, y nadie podrá alegar no saber a lo que nos enfrentamos.

Puedo decir con satisfacción que en Andalucía estamos preparados para la eventualidad de un rebrote. Tenemos más profesionales sanitarios y mejor preparados, hemos diseñado y fabricado respiradores, hemos habilitado hospitales auxiliares, en nuestras universidades y nuestros hospitales se investiga en terapias y medicamentos que frenen el virus y tenemos material de protección reservado por si se produjera un nuevo periodo de emergencia. La experiencia de estos tres meses es nuestro salvoconducto hasta que la ciencia nos ofrezca la solución definitiva de una vacuna.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Foto Fernando Ruso
El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Foto Fernando Ruso

El complejo reto sanitario que tenemos por delante no puede hacernos olvidar un segundo desafío, el económico, que se nos presenta ya acuciante. Siempre con un espíritu de anticipación a los acontecimientos, el Gobierno de Andalucía empezó a adoptar medidas de apoyo al empleo y la actividad económica, al mismo tiempo que peleábamos en los mercados por conseguir equipos de protección para nuestros sanitarios en los primeros momentos de la pandemia. En estos tres meses, hemos levantado una auténtica barrera de protección hacia nuestros autónomos y pequeños empresarios, que, por ejemplo, pueden ya solicitar microcréditos de entre 9.000 y 15.000 euros gracias a la línea de préstamo de hasta 600 millones de euros avalada por la Junta de Andalucía. También hemos puesto en marcha el Plan Aire, que pone a disposición de los ayuntamientos 165 millones de euros para la contratación de desempleados, y estamos desarrollando un ambicioso programa destinado a reactivar nuestra industria turística, que, bajo la marca ‘Andalucía segura’, está dando ya frutos hasta el punto de que Andalucía es, en este momento, el destino turístico más demandado en el mundo.


¿Serán suficientes esas y otras iniciativas emprendidas en Andalucía para regresar a la ‘normalidad’ económica? Evidentemente, no. Los expertos vaticinan una caída del producto interior bruto en Andalucía superior al 10%, y ese desplome tendrá un impacto evidente en el empleo. Necesitamos más apoyo para frenar el golpe, primero, y reconstruir las bases de nuestro bienestar, a continuación. Sorprendentemente, el Gobierno de Pedro Sánchez parece no advertirlo y ha diseñado un sistema de reparto de fondos que supone una patente discriminación hacia los andaluces, que recibiremos 1.000 millones de euros menos que comunidades como Cataluña, pese a tener un millón de habitantes más. Nadie ha podido explicarnos aún la razón de este agravio, por la sencilla razón de que no existe una justificación para esta decisión.

En momentos de desafíos históricos, es también cuando se mide la dimensión moral y la fortaleza social de un pueblo

Es el mismo Gobierno que se ha empeñado en frenar una reforma normativa, el decreto de flexibilización administrativa ya aprobado por el Parlamento, que consideramos fundamental para impulsar la inversión en Andalucía, ahora atascada por una maraña de normas en muchas ocasiones repetitivas o contradictorias.

Con todo, mi mensaje ante la nueva etapa que afrontamos ha de ser necesariamente optimista. Y ha de ser así porque creo firmemente en la capacidad de recuperación y emprendimiento de los españoles y, en particular, de los andaluces. La historia de nuestro país se cuenta por siglos y por desafíos y de todos hemos salido airosos, con una firme voluntad de recuperación ante las adversidades y una declarada determinación por construir una España sólida y pujante. No existen motivos para que no lo consigamos también esta vez.

En momentos de desafíos históricos, es también cuando se mide la dimensión moral y la fortaleza social de un pueblo. Como confío en los andaluces y en los españoles, estoy seguro de que sabremos dar la respuesta adecuada. Y lo haremos desde la unidad, la exigencia y la sensibilidad. Desde la Andalucía de siempre para la Andalucía y la España del futuro.

Tribuna
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