Un nuevo liderazgo inclusivo
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Un nuevo liderazgo inclusivo

Nuestro mundo, hiperconectado y en constante cambio, presenta una serie de desafíos que, además de ser transversales y afectar a todos, son cada vez más complejos

placeholder Foto: Una mujer camina consultando su teléfono. (Reuters)
Una mujer camina consultando su teléfono. (Reuters)

Leo en la prensa que Gia Coppola, tercera generación de una saga de directores de cine (es nieta de Francis Ford y sobrina de Sofia), ha presentado en la Mostra de Venecia su segundo filme, 'Mainstream', en el que realiza una crítica a los 'influencers' y alerta sobre el peligro de la fama que ofrecen las redes sociales.

Nuestro mundo, hiperconectado y en constante cambio, presenta una serie de desafíos que, además de ser transversales y afectar a todos, son cada vez más complejos. En medio de este devenir frenético, nos asaltan preguntas como: ¿al precio de cuántos 'likes' estamos dispuestos a comprar nuestro éxito? ¿De dónde vienen tantas ansias de felicidad insatisfechas? ¿Hasta qué punto afectan a mi conversación y a mi comportamiento las crisis humanitarias con las que nos despertamos cada mañana? Y, sobre todo, ¿qué protagonismo tenemos los 'usuarios medios'? ¿Somos meros espectadores o se nos reserva algún papel en el guion?

Foto: La 'influencer' Dulceida, en los Goya. (Foto: Gtresonline)

Dándole vueltas a estas cuestiones, pensaba en muchas de las personas con las que he coincidido gracias a mi trabajo en una institución de la Iglesia desde hace 25 años. En este cuarto de siglo, he tenido la ocasión de viajar a más de 50 países y conocer de primera mano cientos de proyectos sociales, educativos o culturales, y a muchas de las mujeres que los impulsan. Escuchando sus historias, entreví que ahora más que nunca precisamos de 'influencers' que nos indiquen el norte, pero quizá los estamos buscando en la plataforma equivocada.

Precisamente fruto de una reflexión de este estilo nació el libro 'Mujeres brújula en un bosque de retos', que acaba de editar Espasa. En sus páginas, he recogido las historias de 75 mujeres de los cinco continentes que representan ese nuevo liderazgo. Un liderazgo inclusivo, que dé primacía a la persona, en el que la apuesta por el cuidado desbanque la cultura del descarte. Un liderazgo en el que cabemos todos, con nuestras imperfecciones y nuestra vulnerabilidad.

Aunque el libro lleve por título 'Mujeres brújula', pues, por mi trabajo, he conocido a muchas mujeres, es evidente que la sociedad reclama el protagonismo de todos, sin hacer diferencias de ningún tipo. Todos tenemos límites que abrazar, entornos que mejorar, lecciones que aprender y heridas que reparar a nuestro alrededor. Hombres y mujeres hemos de cooperar —ya lo estamos haciendo— para construir la sociedad que realmente queremos.

Me parece entender que la mujer es clave en ese cambio social. Por eso me inclino por un feminismo colaborativo que no excluya al hombre

Al mismo tiempo, me parece entender que la mujer es clave en ese cambio social. Por eso me inclino por un feminismo colaborativo, que no excluya al hombre, sino que le contagie las potencialidades que la mirada de la mujer encierra. No quiero generalizar, ni decir con esto que la mirada del hombre sea miope, sino que las dos son necesarias. Celebro la presencia cada vez más numerosa de la mujer en la esfera pública, y esto me lleva a pensar también en lo que considero que es un gran logro de nuestro tiempo: el creciente protagonismo del hombre en el ámbito intrafamiliar. De todos modos, me pregunto, con Ashleen Mechada-Bagnulo, si no ha llegado el momento de superar la rígida clasificación entre lo público y lo privado, para construir algo nuevo y armonioso que tenga la familia como centro.

En esta misma línea, veo muy positivo un mayor rol de los laicos —los cristianos corrientes, de la calle— en el seno de la Iglesia, que va más allá de la carrera eclesiástica o la asunción de tareas en el gobierno de la Santa Sede, y tiene mucho de abrazar un compromiso social con el mundo en el que vivimos.

Es preocupante el antagonismo con el que tantas veces se presentan las relaciones humanas: hombre-mujer, izquierda-derecha, raza contra raza, etc. La complejidad de los retos que enfrentamos ha de llevarnos a trabajar al unísono. La creciente polarización de los discursos dificulta el diálogo, que es un producto prémium de los seres humanos y que, sin embargo, queda ahogado en un enzarzado griterío o infravalorado por la dictadura de las etiquetas. Por eso, en el libro, he querido citar a intelectuales con los que no coincido plenamente en su pensamiento, pero cuyo punto de vista sobre determinadas cuestiones me ha aportado luces y me ha llevado a forjar una opinión más fundada.

La pandemia del coronavirus ha demostrado que somos frágiles y que estamos necesitados de las relaciones humanas, de las conexiones reales

En estos últimos meses, la pandemia del coronavirus nos ha mostrado que somos frágiles y que estamos necesitados de las relaciones humanas, de las conexiones reales más allá de una pantalla. También ha puesto de manifiesto que teníamos mucho que mejorar en el cuidado de los mayores o de los más vulnerables. A la vez, hemos visto comportamientos heroicos y de gran generosidad. La lógica de la gratuidad ha señalado un horizonte esperanzador en medio de una crisis sanitaria devastadora.

Aludiendo a la película de Coppola, si queremos cambiar la 'corriente dominante', tendremos que hacerlo a través del liderazgo de personas que sepan desarrollar una mirada trascendente, que las capacite para orientar a otros en esta encrucijada hacia una nueva era.

*Isabel Sánchez Serrano es secretaria central de la Asesoría del Opus Dei en Roma. Ha publicado 'Mujeres brújula en un bosque de retos' (Espasa).

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