La encrucijada sangrienta del derecho

La mala conciencia del poder sobre la eutanasia suele llevar a que —como ocurre con el aborto— el propio legislador apruebe junto a ella una amplia objeción de conciencia

Foto: Vista general del hemiciclo. (EFE)
Vista general del hemiciclo. (EFE)

Las leyes que inciden sobre el derecho a la vida (aborto, eutanasia, pena de muerte, etc.) preocupan especialmente a los juristas. Por algo son denominadas la 'encrucijada sangrienta del derecho'. Nuestra experiencia nos enseña que las leyes permisivas en esta cuestión —que suelen producir notables divisiones en la sociedad— se asemejan a una cuña de punta muy fina y de base muy amplia.

Suelen insertarse en el tejido social aplicando la técnica de 'i casi pietosi'. Inicialmente, algunos casos llamados 'sangrantes' deciden a legisladores, sin clara visión de la marea que levantan, a autorizar, por ejemplo, la eutanasia, que poco a poco van ampliándose, hasta desbordar el inicial propósito de los mismos.

Una cuña de punta fina y de base amplia

Hace muchos siglos, decía Platón sobre estas leyes: "Primero nos va penetrando, sin darnos cuenta, el menosprecio por la ley moral bajo la forma de un juego inocente y agradable. Poco a poco, va infiltrándose en los usos y costumbres, y de súbito, todo esto estalla desvergonzadamente en las leyes”.

La exclamación de Ortega en el plano político —"no es eso, no es eso"—, de algún modo, puede aplicarse también a ellas. En otro orden de cosas, recuerdo que solo 11 días después del bombardeo de Hiroshima, el 17 de agosto de 1945, Julius Robert Oppenheimer​, el verdadero impulsor de la bomba atómica, expresó por escrito al Gobierno de EEUU su deseo de que las armas nucleares fueran prohibidas. Dos meses después, le diría al presidente Harry S. Truman: "Mis manos están ensangrentadas".

La mala conciencia del poder

La mala conciencia del poder sobre la eutanasia suele llevar a que —como ocurre con el aborto el propio legislador apruebe junto a ella una amplia objeción de conciencia a favor de médicos y personal paramédico. Como si, consciente de su propia inquietud, comprenda la de otros y los exonere de ejecutar el mandato de la ley. Eso explica lo que he llamado en otro lugar el 'big-bang' de objeciones de conciencia en materia de aborto, eutanasia, pena de muerte, tratamientos médicos de dudosa moralidad, etc. Frente a la incontinencia normativa del poder y su tendencia a dictar leyes que rozan los límites de la moral, ha estallado todo un universo de objeciones de conciencia.

Con buen humor, Bismarck observaba que, a veces, “los amantes de la leyes y los amantes de las salchichas no deberían ser testigos del proceso de su fabricación”. Quería decir que, desgraciadamente con alguna frecuencia, las leyes son fruto del aguijón de minorías audaces o de mayorías ciegas, que producen normas al margen de convicciones éticas que chocan con las conciencias. Tal ocurre con las leyes sobre eutanasia.

Un ejemplo de lo que digo son los casos belga y holandés. En Holanda, el deslizamiento hacia situaciones cada vez más frecuentes ha hecho que iniciales defensores de la legalización —como Theo Boer, profesor de la Universidad Teológica de Kampen y miembro de una de las jJuntas de revisión que dan luz verde o paralizan el procedimiento en cada caso— se sientan cada vez más disconformes con su inicial permisividad: “Cuando le muestro las estadísticas [holandesas] a la gente de Portugal, Islandia o de cualquier otro sitio, digo: 'Mirad atentamente Holanda, porque es lo que vuestro país puede ser dentro de 20 años”.

Los casos belga y holandés

Con la legalización, la práctica se disparó: “El número de holandeses que recibieron la eutanasia comenzó a subir notablemente: de estar por debajo de 2.000 en 2007 a casi 6.600 en 2017 (se estima que casi el mismo número ha visto rechazada su petición de eutanasia por no cumplir con los requisitos legales).También en 2017, unos 1.900 holandeses se mataron a sí mismos, mientras que los que murieron bajo sedación paliativa fueron 32.000. En total, cerca de un cuarto de las muertes en 2017 fue inducido”.

Una de las razones —añade— por las que la eutanasia se extendió en 2017 fue que se amplió el rango de supuestos admitidos, al tiempo que se relajó la definición de 'sufrimiento insoportable'. La cuña detrás de la punta fina amplió los supuestos a toda una base muy amplia.

En Bélgica, el proceso ha sido similar. Por ley de 28 de mayo de 2002, la eutanasia es despenalizada. En 2008, la inicial y restrictiva despenalización se extiende a las personas con problemas psiquiátricos. En 2014, Bélgica suprime el límite de edad, convirtiéndose en el primer país del mundo que aplica la eutanasia a los menores sin límite de edad.

Del Tribunal de Derechos Humanos a la Asociación Médica Mundial

Tal vez por estas razones, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se muestra muy reticente con la eutanasia. Es interesante a estos efectos el caso Diane Pretty c. Royaume-Uni, de 29 de abril 2002. En esta sentencia, el TEDH ha rehusado reconocer un 'derecho a la muerte', consagrando más bien un 'derecho a la vida'. Concluyendo que no puede deducirse del Convenio Europeo de Derechos Humanos un derecho a morir, ya sea realizado por un tercero o con la asistencia de la autoridad pública...

En este mismo sentido, cabe hablar de una verdadera avalancha de documentos de muy distinta procedencia coincidentes con el TEDH.

Por ejemplo, la Asociación Médica Mundial, que es una organización internacional que representa a muchos millones de médicos de todo el mundo, provenientes de 112 países. En una de sus declaraciones, adoptada por la 39ª Asamblea Médica Mundial reunida en Madrid, España, octubre de 1987, y reafirmada por la 170ª Sesión del Consejo Divonne-les-Bains, Francia, mayo de 2005, declara que “la eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad”.

Por su parte, la 'Declaración sobre protección de los enfermos en la etapa final de su vida', Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Recomendación 1418 (1999), adoptada el 25 de junio de 1999, aboga por la definición de los cuidados paliativos como un derecho subjetivo y una prestación más de la asistencia sanitaria. Por otra parte, subraya que el deseo de morir no genera un derecho legal del paciente ni una justificación jurídica para que un tercero practique la eutanasia.

En fin, por poner un tercer ejemplo reciente, la misma Asociación Médica Mundial, siguiendo la estela del pensamiento hipocrático, la ha vuelto a rechazar “como acto médico” en su reciente 70ª Asamblea general, celebrada en Tiflis (Georgia), el 26 de octubre de 2019.

Como hace notar el Dr. Manuel de Santiago, antiguo presidente de la Asociación Española de Bioética, el manejo de la muerte para los médicos es algo claro y nítido. Cuando ya no se puede hacer más por la curación de un enfermo, el paso siguiente es “dejar morir”, que nunca es “el matar” intencionadamente. Matar y dejar morir no son los dos polos de una misma intención. Son dos acciones bien distintas: lo correcto de “dejar morir” y la violencia de “matar”. De ahí que muy pocos países hayan legitimado la eutanasia.

Las grandes religiones y la eutanasia

No es extraño que, desde otro punto de vista, también las grandes religiones hayan vuelto a condenar la eutanasia. Baste este ejemplo, el 28 de octubre de 2019, en la sede de las Academias Pontificias de las Ciencias y de Ciencias Sociales, representantes de las religiones monoteístas abrahámicas (cristianos, judíos e islámicos) firmaron una declaración conjunta sobre los problemas del fin de la vida, que condena la eutanasia y el suicidio asistido, y alienta los cuidados paliativos en todas partes y para todos. En el mismo sentido, acaba de publicarse el 22 de septiembre de este año la 'Carta samaritanus bonus', de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida.

Si me he referido a esta última documentación confesional, es para resaltar cómo tanto de la vertiente civil de la sociedad como de la religiosa en el tema de la eutanasia se da una coincidencia, que no suele darse en otros aspectos éticos. No es extraño que el escéptico presidente Barack Obama observe algo que ha hecho suyo el premio Putlizer David Remnick: “Los radicales se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen su religión en la puerta antes de entrar en el foro público. De hecho, la mayoría de los grandes reformadores de la historia estadounidense no solo estaban motivados por la fe, sino que utilizaron repetidamente el lenguaje religioso para argumentar en favor de su causa. Así que decir que los hombres y las mujeres no deberían inyectar su 'moralidad personal' en los debates de política pública es un absurdo en la práctica. Nuestra ley es, por definición, una codificación de la moral, de base judeo-cristiana”. Buena reflexión, que puede ayudar a algunos ciudadanos que ven el problema de la eutanasia fundamentalmente desde una óptica ética.

El caso español

Unas últimas anotaciones sobre el caso español. En él se dan, me parece, las circunstancias antedichas, de modo que unos cuantos miembros del Gobierno —no todos— impulsan un proyecto de ley sobre eutanasia con una base social que, con mayor o menor resistencia, duda o se opone a ella. De las muy variadas declaraciones sobre el tema, me ha interesado especialmente el reciente y amplio informe emitido el 6 de octubre de este mismo año por el Comité de Bioética de España sobre el final de la vida y la atención médica en el momento de morir. Es interesante porque en un comité formado por personas de diferentes sensibilidades, se ha logrado la unanimidad, lo cual no es nada corriente.

Me interesa destacar estas observaciones del informe:

“Legalizar la eutanasia y/o auxilio al suicidio supone iniciar un camino de desvalor de la protección de la vida humana cuyas fronteras son harto difíciles de prever, como la experiencia de nuestro entorno nos muestra”.

“La protección integral y compasiva de la vida nos lleva a proponer la protocolización, en el contexto de la buena praxis médica, del recurso a la sedación paliativa frente a casos específicos de sufrimiento existencial refractario. Ello, junto a la efectiva universalización de los cuidados paliativos y la mejora de las medidas y recursos de apoyo sociosanitario, con especial referencia al apoyo a la enfermedad mental y la discapacidad, debieran constituir, ética y socialmente, el camino a emprender de manera inmediata, y no la de proclamar un derecho a acabar con la propia vida a través de una prestación pública”.

Como se ve, el Comité de Bioética de España no se limita a cerrar la puerta, por las buenas, a la eutanasia y al suicidio asistido, sino que —consciente del drama del sufrimiento humano— plantea soluciones, que están comprendidas en la mejor praxis médica y que apuntan a una globalización de las mismas en el marco de una sociología puntera. Un camino para andar, antes de extraviarnos por veredas de incierto destino jurídico, político y social.

*Rafael Navarro-Valls, catedrático, académico y presidente de la Conferencia Permanente de Academias Jurídicas Iberoamericanas.

Tribuna
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