Invertir (no gastar) en sanidad
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Invertir (no gastar) en sanidad

Una mejor dotación sanitaria salvará más vidas y una población más sana será más productiva, tendrá más oportunidades de ocio y generará más crecimiento económico

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“El Estado invierte en carreteras y gasta en sanidad el dinero de los contribuyentes”. Hemos escuchado esta frase, u otras parecidas, en infinidad de ocasiones. Y es que, cuando se anuncia la construcción de una nueva autovía, visualizamos perfectamente cómo puede generar desarrollo económico en las zonas que va a conectar y pensamos que invertir en carreteras es bueno para el país porque mejoran las comunicaciones, se ahorra tiempo en desplazamientos, se conectan lugares recónditos con los grandes núcleos urbanos, pueden frenar la despoblación y contribuir al desarrollo rural… Incluso se llega a plantear la capacidad que tendrá de salvar vidas y reducir el número de muertos y heridos, en definitiva, evitará accidentes. Una panorámica que nos permite comprender todos los componentes que definen una inversión: gasto hoy para conseguir una amplia variedad de rendimientos a medio/largo plazo.

Sin embargo, cuando se anuncia un aumento del gasto sanitario, nos preguntamos: ¿a qué se van a dedicar esos recursos adicionales? ¿Se van a contratar más médicos? ¿Se van a comprar más aparatos de diagnóstico? ¿Se van a construir más hospitales? ¿Se van a reducir las listas de espera? ¿Lo voy a notar yo en mi barrio? En el mejor de los casos, pensamos que es posible que aumente la calidad de la atención sanitaria y que se beneficiarán algunos enfermos, pero normalmente nuestro análisis se queda ahí; seguramente por la complejidad del sistema de salud.

Aunque sea obvio, no solemos pensar que dedicar más recursos a sanidad es bueno para el país porque se van a salvar más vidas. Y mucho menos que una buena sanidad hará que el país tenga una población más sana que pueda trabajar más, disfrutar de más ocio y que haga crecer el PIB.

"Un sistema sanitario con más medios nos habría costado más, pero habría amortiguado, parcialmente, la crisis económica"

Curiosamente, somos más conscientes de una vida salvada por un accidente que no ocurrirá gracias a la mejora de las carreteras que una vida salvada por mejorar la atención en Urgencias debido a un aumento de la plantilla en los hospitales saturados o por incorporar rápidamente a la prestación sanitaria un medicamento innovador. Es más, percibimos que el ahorro de tiempo y costes que supone mejorar las vías de comunicación repercute directamente en la mejora de la productividad y es generador neto de PIB, pero nos cuesta trabajo comprender cómo una mejor atención sanitaria que mejore la salud de la población puede aumentar la productividad de los trabajadores, afectando positivamente a la renta nacional. Esta era nuestra forma de pensar antes de 2020.

Desafortunadamente, ha tenido que ser una pandemia atroz como la que estamos sufriendo la que haya puesto patas arriba nuestras ideas preconcebidas. Ahora, todos asumimos que el dinero que se destina a sanidad no es un gasto cualquiera del Estado, sino una partida crítica, estratégica. Vemos claro que invertir en sanidad es hacer un buen uso de los recursos del contribuyente. Sabemos que es una inversión que salva vidas y comprendemos que una población sana genera crecimiento económico. Entendemos, en definitiva, que un sistema sanitario con más medios y mejor preparado nos habría costado más, pero también habría ahorrado sufrimiento a nuestro país y habría amortiguado, parcialmente —por supuesto—, la crisis económica en la que estamos inmersos.

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Foto: EFE.

Pero, aunque la pandemia nos ha despojado del velo que nos impedía ver esta realidad, sigue siendo importante recalcar que los recursos destinados a sanidad no son un gasto, sino una inversión. Y lo serán siempre, no solo en una situación tan dramática como la actual. Además, conviene recordar que una mejor dotación sanitaria salvará más vidas y que una población más sana será más productiva, tendrá más oportunidades de ocio y generará más crecimiento económico y bienestar para el país.

Esto no quiere decir que haya que dedicar más recursos sin sentido al sistema sanitario. Todo lo contrario. Hay que estudiar si es suficiente la financiación que recibe la sanidad en España, hay que recopilar datos y analizarlos desde la óptica real de esta actividad, como la inversión que realmente es. También es necesario estudiar no solo el impacto presupuestario a corto plazo de un incremento de recursos para la mejora de la sanidad pública, sino el beneficio total que estos recursos tendrán para el conjunto de la sociedad y la economía españolas. Y este beneficio se debe contemplar también a corto, medio y largo plazo, porque, a fin de cuentas, estamos hablando de una inversión.

*Pedro Luis Sánchez es director del Departamento de Estudios de Farmaindustria.

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