Reflexionar y aprender de los errores y aciertos es fundamental
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Reflexionar y aprender de los errores y aciertos es fundamental

Una de las consecuencias de esta crisis sanitaria es el estrés al que se encuentra sometido nuestro sistema sanitario. Es necesario analizar las decisiones o inacciones que nos han llevado a ello

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(EFE/ Quique García).

Hablar de reformas no es sencillo, especialmente en tiempos difíciles como los que nos toca vivir, en los que la incertidumbre sobrevuela por los confines de una sociedad muy castigada por la crisis sanitaria, económica, social y política; pero es imprescindible si queremos ajustar los relés de un sistema sanitario que afronta un futuro plagado de retos y enormes dificultades.

Eliminar las ineficiencias e insuficiencias es cada día más importante y fomentar la cooperación y la búsqueda de sinergias mediante una política reformista, transparente, inclusiva e integradora, basada en la calidad y en los resultados sanitarios y de salud, es clave. Es momento de sumar esfuerzos y de multiplicar recursos y voluntades, no de restar y dividir.

La suficiencia asistencial no es un elemento abstracto, sino que se concreta en términos y necesidades de infraestructuras, de recursos de toda índole y condición, de incorporación constante y ágil de la innovación, de procedimientos y procesos adecuados a la evolución de la medicina hacia una mayor personalización, precisión, participación poblacional y hacia un marcado carácter predictivo y preventivo.

"Hemos de ser conscientes de que el mantra de que disponemos de uno de los mejores sistemas sanitario del mundo no es tan cierto como parece"

Para lograrlo, el dinero y los recursos han de seguir al paciente, lo que hace necesario implantar una cultura de concienciación e implicación del ciudadano en el futuro de nuestra sanidad. Su opinión y experiencia a la hora de contactar con el sistema y transitar por él, en sus diferentes momentos y etapas, es fundamental. Nadie ha de tener temor a una capacidad de elección informada de un paciente realmente empoderado si asentamos la gestión de nuestros centros, públicos o privados, en los estándares más exigentes de calidad, seguridad y consecución de resultados de salud sujetos a los indicadores internacionales más exigentes.

Hemos de ser conscientes de que el mantra de que disponemos de uno de los mejores sistemas sanitario del mundo se ha comprobado por los hechos que no es tan cierto como parece. Así lo ponen de manifiesto informes como el elaborado por el Commonwealth Fund o el Euro Health Consumer Index. Por lo tanto, hemos de tratar de recuperar el camino perdido, atajando las debilidades puestas en evidencia por los datos.

Una encuesta global realizada en 2018 a 23.249 adultos de 16 a 64 años en 28 países por la consultora Ipsos refleja que para los ciudadanos españoles los principales problemas relacionados con nuestro sistema sanitario son por este orden: el acceso al tratamiento con largos tiempos de espera (52%), la insuficiencia de personal sanitario (49%), la escasa inversión en Sanidad en general (41%), la deficiente aportación de recursos a salud preventiva (31%), el exceso de burocracia (23%), el envejecimiento de la población (22%), los costes de acceso al tratamiento (15%) y la escasez de alternativas (5%), entre otros ítems de menor cuantía. Estos datos nos demuestran el conocimiento y la sensibilidad social hacia los principales problemas que afectan a nuestro sistema sanitario.

"Esta situación de presión asistencial creciente e incesante pone en una tesitura muy complicada a los centros del sistema público de salud"

Vivimos tiempos críticos de pandemia, momentos inciertos en los que la preocupación se ha adueñado de nuestras vidas: unas veces por la crudeza de las cifras que cada día nos sirven los medios de comunicación en términos de personas contagiadas, hospitalizadas, en Unidades de Cuidados Intensivos y desgraciadamente fallecidas, y otras por las señales preocupantes que emite nuestra maltrecha economía y su impacto social.

Una de las consecuencias de esta crisis sanitaria es, sin duda, el estrés al que se encuentra sometido nuestro sistema sanitario, una situación de extremada presión asistencial que puede conducirnos, como ocurrió en la primera ola, al bloqueo en algunos hospitales, a la desprogramación de servicios asistenciales planificados y a la eclosión de cifras de fallecidos por todas las causas tal y como refleja el informe MoMo del Instituto de Salud Carlos III.

Ni que decir tiene que esta presión asistencial creciente e incesante pone en una tesitura muy complicada, especialmente a los centros del sistema público de salud, en lo referente a:

  • Dificultades en el acceso con listas de espera crecientes, tal y como refleja el informe SISLE-SNS -sistema de información sobre listas de espera en el sistema nacional de salud elaborado por el Ministerio de Sanidad- y puesto de manifiesto por el proyecto Venturi.
  • En la equidad con diferencias entre comunidades autónomas, aplicado medidas diferentes ante escenarios similares como es el caso de esta pandemia.
  • En la eficiencia, puesto que el coste continúa elevándose en la titularidad pública por la rigidez de su modelo, entre otras causas.
  • En la calidad y resolución asistencial con resultados de experiencia de paciente mermados.

"Una Sanidad basada en la innovación responsable y en la que se despejen las incógnitas del acceso, la equidad, la financiación y la cohesión"

Ante un panorama de estas características, desde la Fundación IDIS, como parte integrante de la sociedad civil, hemos considerado importante poner a disposición de todos un documento que invite a la reflexión y a la acción poniéndonos manos a la obra para adecuar y armonizar nuestro sistema sanitario a las exigencias de una sociedad dinámica y pujante que desea afrontar con éxito el futuro.

De este modo, planteamos un manifiesto con 10 principios que tratan de abordar estos y otros problemas que aquejan a nuestro sistema, resumidos en la necesidad de generar una Sanidad que tenga en cuenta a todos; una Sanidad colaborativa, participativa y eficiente en la que cada cual aporte lo mejor de sí mismo y lo haga con transparencia y honestidad; una Sanidad en la que el paciente sea el protagonista y el profesional, un elemento esencial clave; una Sanidad basada en la innovación responsable y en la que se despejen las incógnitas del acceso, la equidad, la financiación, la cohesión y la participación ciudadana. En definitiva, una Sanidad de todos y para todos, donde la calidad, la seguridad y los resultados sanitarios y de salud sean el horizonte hacia el que dirigir nuestro futuro y nuestro esfuerzo.

Consideramos que no se puede perder ni un minuto más en diatribas infructuosas, todo el empeño y esfuerzo han de ir dirigidos a construir un sistema garante, cooperativo y sinérgico entre las dos titularidades, y que la suma y la multiplicación de esfuerzos es lo que aporta valor real a la Sanidad. En definitiva, es muy importante hacer bien los deberes, estar dispuestos a aprender de los grandes y pequeños errores, también de los aciertos. Y muy especialmente de aquellas decisiones o inacciones que nos han llevado a esta situación en la que la falta de previsión, la descoordinación, las estructuras y recursos deficitarios y una estrategia cuanto menos desconocida y transparente está llevando a la población al desconcierto y a la pérdida de confianza y credibilidad.

*Marta Villanueva es directora general de la Fundación IDIS (Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad).

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