Todos somos 'riders'
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José Antonio Herce

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Todos somos 'riders'

La obligatoriedad de contratar a todos los 'riders' como asalariados ya empieza a chirriar entre los trabajadores, no solamente, como es lógico, entre las plataformas que los emplean

placeholder Foto: Un 'rider' de Deliveroo, en un día de lluvia en Madrid. (EFE)
Un 'rider' de Deliveroo, en un día de lluvia en Madrid. (EFE)

Un 'rider' es un jinete a lomos de un caballo. Por extensión, admitimos, a los efectos que interesan en lo que sigue, que también lo es quien cabalga a lomos de una bicicleta, una motocicleta o cualquier otro vehículo que le sirva para desplazarse en circuitos urbanos de entrega a domicilio de bienes, sean comida, libros o productos de conveniencia.

Los 'riders' sirven la 'última milla' de la cadena de suministro que va desde el punto de fabricación de un producto hasta el punto de entrega determinado por el consumidor final del mismo. Esta larga cadena, en realidad, se inicia río arriba del punto de fabricación del producto, ramificándose de manera increíblemente capilar hasta orígenes insospechados.

Foto: Foto: Reuters

Un o una 'rider' opera el milagro de cerrar estas cadenas cuando entrega, pongamos, una hamburguesa o un kit de primeros auxilios en un domicilio cualquiera y el destinatario abona por un canal de pago digital, pongamos, 10 euros.

Alguno de los componentes del producto que se entrega puede haberse originado a miles de kilómetros de distancia y, en la producción en masa, distribución mayorista y minorista de todos los componentes de la cadena pueden haber intervenido miles de trabajadores y haberse generado millones de euros. Esos 10 euros sintetizan el gigantesco valor añadido, el enorme bienestar (empleo, rentas, recursos fiscales, servicios públicos, recursos financieros) que las nuevas actividades facilitadas por la economía digital están propiciando.

No sé si la mera consideración de lo que antecede causa vértigo en el lector. Pero lo causa. En un clic, con motivo del pago, se condensa la esencia de la revolución digital que combina actividades materiales con complementos digitales que optimizan el uso de recursos, la movilidad general de los mismos y su encaminamiento capilar al destino final mediante una solución que, por ahora, está en manos de los 'riders'. Y digo, por ahora, porque ya estamos viendo a los drones realizar entregas aquí y allá.

Foto: La vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)

Los 'riders' son trabajadores. Faltaría más. Pero los trabajadores pueden ser asalariados (temporales o indefinidos) o autónomos y ambas categorías expresarse tanto en el trabajo a jornada parcial como a jornada completa. Ninguna de estas dicotomías es hoy por hoy tajante y cada vez más nos resulta difícil distinguir entre trabajos.

Sabemos por las estadísticas que la mayoría de los asalariados temporales, autónomos, o trabajadores en general, a tiempo parcial, están insatisfechos con su adscripción a cada una de estas categorías. Es decir, a la fuerza, por así decirlo, se es temporal, autónomo o se trabaja a tiempo parcial. El asalariado temporal representativo desearía ser indefinido, el autónomo representativo desearía ser asalariado (indefinido) y el trabajador a tiempo parcial desearía trabajar a tiempo completo. Pero la composición de todos estos momentos de las distribuciones en una categoría única, la de trabajadores, no garantiza que el trabajador representativo desearía ser asalariado indefinido a tiempo completo. Cosa que, con casi toda seguridad, ocurría en algún momento en la segunda mitad del S. XX. No dispongo de datos, la verdad.

"En un clic, con motivo del pago, se condensa la esencia de la revolución digital"

Por otra parte, un trabajador no desea una u otra condición de las mencionadas antes para toda su vida laboral, pongamos cuatro décadas. En función de su edad, estado civil o enfoque personal o familiar en cada etapa de esas cuatro décadas puede desear una u otra condición (temporal o indefinido, asalariado o autónomo, a jornada parcial o completa). Razón de más para que el regulador no siga metiéndolo todo en el mismo corsé.

Foto: Foto: EFE.

Lo que sí es seguro también es que algunos asalariados sí desean ser temporales, que muchos autónomos sí desean serlo y que muchos trabajadores sí desean trabajar a jornada parcial. Por muchas, buenas, respetables y defendibles razones. Y la obligación de los reguladores laborales es, por encima de todo, facilitar y defender las aspiraciones legítimas de los trabajadores a ejercer su actividad tal y como ellos decidan en lo tocante a la modalidad contractual (laboral o mercantil) que cada uno elija. Naturalmente, también es la obligación del regulador laboral defender a los trabajadores de los abusos de los empleadores.

Pero el regulador laboral debe igualmente respetar a los empleadores que, en legítimo ejercicio de su 'right to manage', dentro del cumplimiento estricto de las leyes de toda índole que les afectan, establecen el mejor modelo de gestión de los recursos humanos a su disposición.

placeholder Protesta en Barcelona. (Reuters)
Protesta en Barcelona. (Reuters)

Justamente, la madre del cordero en el asunto de los 'riders' radica en la obligación de sujetar a todos sus trabajadores a la contratación laboral, cuando es manifiesta la preferencia de muchos de ellos por la continuidad de la relación mercantil. Una ley 'riders' que facilite las opciones de los trabajadores está muy bien, pero una que corte a todos los trabajadores por el mismo patrón y, siquiera en una medida, les obligue a aceptar un estatus que no deseen no es una buena ley.

Hay que insistir en que muchos trabajadores no desean ser a la vez asalariados, indefinidos y a jornada completa. Por la sencilla razón de que, separando estas características, algunos prefieren ser temporales, muchos prefieren ser autónomos y muchos prefieren trabajar a tiempo parcial. Luego la obligatoriedad de contratar a todos los 'riders' como asalariados ya empieza a chirriar entre los trabajadores, no solamente, como es lógico, entre las plataformas que los emplean. Ello amerita una buena sentada entre el regulador, los representantes de los 'riders' y los de las plataformas.

Si yo tuviera la capacidad de influir en las plataformas de entregas de bienes en la última milla de la cadena les pediría (vamos, que se lo pido) que practicasen la transparencia y la empatía al tiempo que perseverasen en el servicio a las cuatro principales partes de su ecosistema: los clientes, los accionistas, los trabajadores y los proveedores. Cada compañía debe encontrar la jerarquización de estos cuatro objetivos de servicio, comprometiéndose a unos mínimos estándares autoimpuestos, y más allá de la regulación; la buena regulación, se entiende.

Foto: La crisis de los intermediarios empieza cuando se levantan sus alfombras. (Foto: Sergio Beleña)

Y, si yo tuviera la capacidad de influir en los reguladores, también les pediría (vamos, que se lo pido) que diseñasen sus normas y sus procedimientos buscando proteger a los consumidores (de los monopolios), a los trabajadores (de los abusos) y a los empleadores (de la arbitrariedad de los propios reguladores), sin sesgos, imparcialmente y con eficacia. Regular como si estuviésemos en el s. XX no parece, en general, lo más adecuado. Especialmente cuando la tecnología sobre la que se expresan los nuevos modelos de negocio es tan potente que está haciendo surgir enormes oportunidades de valor para todas las partes de la cadena al tiempo que choca una y otra vez con marcos regulatorios estrechos concebidos para un mundo laboral y productivo que cada vez se parece menos a lo que viene, que ya está viviendo, vamos.

Cuando hablamos de plataformas, parecería que las únicas que existen son las de entrega a domicilio (comida o libros), que se sirven de un ejército de ciclistas, motociclistas o (pongamos) jinetes ('riders') a lomos de caballo. Aquellas deben cumplir las normas laborales y de la competencia, con arreglo a versiones de estas debidamente actualizadas, no que profundicen en los modos ya obsoletos del s. XX.

Pero nos olvidamos de las plataformas de entrega online, por ejemplo, de música o películas. Estas entregas viajan a lomos de bits y, el bienestar de los últimos se mira con mimo, porque si un bit se rompe la cadena de entrega no funciona. De modo que lo que queda, al final del día, es la defensa de los consumidores. No creo que muchos usuarios de estas plataformas de entrega 'online' estén muy satisfechos con la manera en la que estas plataformas se reparten el segmento 'pay per view' del mercado, por ejemplo, el de películas.

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