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El secretario general de UGT parece atrapado por una suerte de infantilismo izquierdista preconstitucional. Esa izquierda que resultó cómplice del nacionalismo y el independentismo

placeholder Foto: El secretario general de UGT, Pepe Álvarez. (EFE)
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez. (EFE)

El pasado 12 de marzo, Pepe Álvarez, como se conoce al secretario general de UGT, interviene en el acto de clausura del congreso de la organización sindical en el País Vasco. Delante de él, sentados en primera fila del auditorio del Palacio de Congresos Europa de Vitoria, Arnaldo Otegi y otros dirigentes de EH Bildu. "No hace mucho tiempo –recuerda Álvarez–, en una asamblea que tuvimos en Toledo…, sabéis que hay, había, una parte del sindicato que tenía recelos permanentes, que de vez en cuando aparecen y desaparecen como el Guadiana, en relación con mi procedencia de Cataluña…, les estaba diciendo una cosa que me parece que es fundamental: si queremos que, de verdad, la izquierda pueda marcar la pauta política en el Parlamento necesitamos a todas las izquierdas de todos los territorios". Otegi, a quien iban dirigidas estas palabras, debió de escuchar con expresión burlona cómo el secretario general de un sindicato español le explicaba que en la imperial y manchega Toledo, 'sintió recelos' por su procedencia catalana (Álvarez nació en la localidad asturiana de Belmonte de Miranda y con 20 años emigró a Barcelona) y que él les había explicado la importancia de las organizaciones separatistas (todas las izquierdas de todos los territorios) para conseguir el cambio y la victoria del progreso.

El secretario general de UGT parece atrapado por una suerte de infantilismo izquierdista preconstitucional. Esa izquierda que resultó cómplice del nacionalismo y el independentismo. A los que considera sujetos políticos dignos de todo elogio y ahora socios imprescindibles. Si es consciente de que representa a una organización en la que no todo el mundo comparte sus ocurrencias, no parece importarle.

Si es consciente de que representa a una organización en la que no todo el mundo comparte sus ocurrencias, no parece importarle

Ocurrente estuvo cuando enmendó la plana al Tribunal Supremo, afirmando que "hay que situar prioridades y para mí la primera prioridad es que los 'consellers' presos puedan salir... Creo que no hay razones para que estén en prisión". Chispeante, cuando se organizaba el intento de secesión en Cataluña y afirmó, en la intimidad del irrelevante y desaparecido canal Amb Independencia (el vídeo se puede ver en YouTube) que "el actual estatus no sirve, que el proceso estatutario está absolutamente superado por la Historia. Cataluña necesita una solución con España negociada y acordada o nos vamos. Hay que coger la puerta e irse".

Pero dirigirse en esos términos a los miembros de Bildu cuando unos días antes el secretario general del PSE de Guipúzcoa, Eneko Andueza, afirmaba rotundo: "Aquí nos asesinaron, persiguieron, extorsionaron... Y eso no se perdona", fue algo más que una ocurrencia.

Como cada año, el PSE-EE se acercó a Arrasate en la fecha en la que la organización terrorista ETA mató delante de su familia a Isaías Carrasco. Sucedió el 7 de marzo de 2008. Carrasco trabajaba como cobrador de peaje en la autopista A1 a su paso por Vergara. Fue el último afiliado de UGT asesinado por ETA. En marzo de 2018, los concejales de EH Bildu en el Ayuntamiento de Arrasate se negaron a firmar la siguiente declaración: "Desde el ayuntamiento no queremos pasar en silencio el décimo aniversario del injusto asesinato de Isaías Carrasco a manos de ETA". El partido de Otegi no la suscribió aduciendo que no le gustaba la expresión "injusto". En su blog, el secretario de Relaciones Institucionales del PNV, Koldo Mediavilla, se preguntaba: "Fue injusto, ¿acaso no lo fue? ¿Cómo confiar en quien es incapaz de reconocer, tan siquiera, la injusticia infligida a las víctimas?".

"¿Cómo confiar en quien es incapaz de reconocer la injusticia infligida a las víctimas?"

El señor Álvarez, hablando en su condición de secretario general de la UGT, continuó con su discurso al Congreso: "Yo les explico a algunos compañeros que a ver si resulta que donde la UGT ha pasado los momentos más difíciles, donde hemos padecido más, lo hemos superado y en el resto del país no se ha superado. Tenemos que hacer un esfuerzo por conseguir la plena normalización. Esta situación que hemos vivido hoy aquí, en este Congreso, y de la que yo me alegro muchísimo". ¿Qué es lo que había vivido que le llenaba de gozo? Once segundos de aplausos. Sucedió que, al nombrar a los representantes de Bildu, los presentes aplaudieron con más intensidad que a otros representantes de partidos políticos; fueron once segundos exactos ¿Por qué? Esto corresponde explicarlo a los especialistas en trastornos mentales.

¿Pensó el señor Álvarez que para ayudar a esa "plena normalización" podría sugerirle al señor Otegi que condenase el asesinato de Isaías Carrasco o al menos que pidiese perdón y no se atrevió para no importunarle? ¿O no tuvo valor para hacerlo?

¿Ignoraba el secretario general de UGT que entre 2019 y 2020 se han producido 303 actos públicos de culto al terrorista, de los cuales 38 son homenajes a miembros de ETA? Estos actos se incrementaron un 57% en 2020, según el Observatorio de Radicalización del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite). "Los homenajes a etarras son la prueba plausible de que la izquierda abertzale no solo no reniega de su pasado terrorista y criminal, sino que se enorgullece de él”, afirma Covite ¿Ignoraba Álvarez que el sucesor de Otegi al frente de Sortu, Arkaitz Rodríguez, defiende públicamente los homenajes porque "los presos políticos no son ni violadores ni pederastas, y que tienen el apoyo de una parte importante de esta sociedad?".

¿Ignoraba Álvarez que el sucesor de Otegi al frente de Sortu, Arkaitz Rodríguez, defiende públicamente los homenajes?

¿Ignoraba que la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior del Parlamento Europeo pidió recientemente poner fin a los homenajes a etarras para no contribuir a aumentar el daño contra las víctimas del terrorismo y que el Centro Memorial por las Víctimas del Terrorismo reclamó que se ponga fin a los 'ongi etorris' a expresos de ETA?

¿Es a esa normalidad y ejemplo de convivencia a la que se refiere el secretario general de UGT? Pudo pedirle a Otegi, en nombre de los ugetistas asesinados y en el de todas las víctimas, que cesasen los homenajes y no lo hizo. El discurso abstruso –transcribir de manera inteligible sus palabras no es tarea fácil– funciona para adornar una acción sindical irrelevante o enmascarar argumentos inanes con retórica narcisista. Sirve para alegrar a la parroquia y, si es el caso, amenazar con movilizaciones contundentes. Palabrería. Pero se necesita valor para exigirle a un dirigente condenando por enaltecimiento del terrorismo que pida perdón por el asesinato de un compañero.

El discurso abstruso funciona para adornar una acción sindical irrelevante o enmascarar argumentos inanes con retórica narcisista

El secretario general de UGT profesa un íntimo desprecio por la sociedad española. La considera poco civilizada: "Haríamos (con la salida de prisión de los 'consellers') una gran contribución al país (Cataluña) y se demostraría un comportamiento del conjunto de la sociedad española más civilizado del que ha tenido", afirmaba en una entrevista en Catalunya Radio el 12 de agosto de 2018. "A mí me parece que hay quien no tiene muchas ganas de cerrar el capítulo del terrorismo, ya no digo tanto del terrorismo real, pero sí del ambiente en relación con este dramático tema… Yo, desde ese punto de vista admiro profundamente a la sociedad vasca que creo va en una línea que sería bueno que el conjunto de España también fuera" (entrevista en Radio Euskadi, 21 de marzo de 2021).

El desafecto cada día mayor que los ciudadanos sienten por los sindicatos puede ser consecuencia de ese proceder. Quizá alguien en UGT tenga el valor de responderle por esa sociedad española y también por esos afiliados de Toledo que no recelaban por su procedencia. Si lo hacían, pudiera ser por percibirle como un compañero de viaje del separatismo.

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