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La movilidad, un siglo después
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La movilidad, un siglo después

Se han cumplido 4 años desde que los primeros patinetes eléctricos compartidos aparecieran y vemos como se repiten los mismos errores de descoordinación regulatoria que hubo hace un siglo con el coche

Foto: Una mujer, en un patinete eléctrico en Madrid. (EFE/J.J. Guillén)
Una mujer, en un patinete eléctrico en Madrid. (EFE/J.J. Guillén)

A comienzos del siglo XX, España experimentaba una de sus mayores transformaciones en lo que a movilidad se refiere, coincidiendo con las primeras matriculaciones de coches en nuestro país. Un periodo que no ha estado exento de controversias.

Y es que, mientras en las principales ciudades españolas, como Barcelona o Valencia, los vehículos circulaban en el margen derecho de la calzada, en un pequeño número de ciudades, entre las que se encontraba Madrid, los vehículos circulaban por el lado izquierdo de la vía, siguiendo así con la tradición fijada por los coches de caballos cuyos cocheros utilizaban este margen al facilitarle la conducción, puesto que con la mano derecha manejaban la fusta.

Fue un periodo de gran caos en el que convivieron distintos tipos de vehículos de tracción animal, bicicletas, tranvías y automóviles, estos últimos ante la mirada atónita de una población que veía cómo crecía de forma exponencial el parque automovilístico español. Un periodo en el que, como ocurre frecuentemente, la iniciativa privada fue a un ritmo muy superior al de la Administración y, tras casi un cuarto de siglo desde que se matriculó el primer coche en España y un aumento más que considerable en la siniestralidad vial, se acordó algo tan simple como unificar el sentido de la marcha en todo el país.

"La capacidad de reacción de las administraciones públicas ante la aparición de nuevos tipos de vehículos sigue siendo lenta"

Ha pasado un siglo desde entonces y vemos cómo la capacidad de reacción por parte de las administraciones públicas ante la aparición de nuevos tipos de vehículos sigue siendo lenta y descoordinada.

Se han cumplido 4 años desde que los primeros patinetes eléctricos compartidos aparecieran para facilitar los desplazamientos a miles de ciudadanos y con ellos, vemos cómo se repiten los mismos errores de descoordinación regulatoria que hubo hace un siglo con el coche. Ante una falta de regulación nacional clara, estamos abocados a 8.131 regulaciones diferentes, una por cada municipio.

"Algunos de estos vehículos están dotados con la misma tecnología que el último modelo de cualquiera de las principales marcas de coches"

Por el contrario, vemos como algunas —no todas— de las empresas de patinetes compartidos han aprovechado este tiempo para desarrollar la tecnología que dé respuesta a las demandas de las ciudades. Es verdaderamente sorprendente la evolución que este tipo de vehículos han experimentado en tan poco tiempo. Destaca cómo algunos de estos vehículos están dotados con la misma tecnología que el último modelo de cualquiera de las principales marcas de coches.

Patinetes que se paran o reducen su velocidad cuando entran en determinadas zonas de la ciudad, vehículos que solo permiten el estacionamiento en determinados puntos gracias al preciso sistema de geolocalización que tienen integrados o la última tecnología que detecta si el conductor está conduciendo por aceras, en dirección contraria a la marcha e incluso, si el usuario está conduciendo bajo los efectos del alcohol.

Una vez más, la iniciativa privada evoluciona a una velocidad mayor que la de las administraciones y por ello, es importante plantearnos si la cuestionada fama de estos nuevos vehículos se debe al propio vehículo o, por el contrario, a una falta de una normativa clara que haga que el usuario sepa cómo debe actuar en Madrid, París o Nueva York.

*Manuel Ortiz es director de Desarrollo de Negocio de Superpedestrian

A comienzos del siglo XX, España experimentaba una de sus mayores transformaciones en lo que a movilidad se refiere, coincidiendo con las primeras matriculaciones de coches en nuestro país. Un periodo que no ha estado exento de controversias.

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