El mito de Casandra y los científicos del cambio climático
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Jose Luis Gallego

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El mito de Casandra y los científicos del cambio climático

El conocimiento y la tecnología, dos de las principales herramientas evolutivas que nos han traído hasta aquí, no siempre prevalecen ante el auge de la ignorancia y las creencias

placeholder Foto: Glaciólogos estudiando el deshielo de la Antártida. (EFE)
Glaciólogos estudiando el deshielo de la Antártida. (EFE)

Siempre me ha llamado la atención el mito de Casandra por lo que tiene de desesperante, de vejatorio, de insoportable. Las cuatro ces del periodismo se convierten aquí en martirio: conocer, comprender, comprobar y compartir a sabiendas de que no vas a ser creído.

En la mitología griega, Casandra es la joven sacerdotisa del Olimpo deseada por Apolo que prometió entregarse a él a cambio de ser recompensada con el don de la profecía. Una virtud que sin embargo nunca pudo aprovechar, ya que, tras negarse en el último instante a cumplir el pacto, conservó la virtud de predecir el futuro, pero se convirtió en su maldición, pues los dioses la condenaron a su vez a no ser jamás tenida en cuenta.

Los científicos nos previnieron de las consecuencias del cambio climático y nos indicaron las acciones para mitigarlas

Así, el mito de Casandra es la metáfora perfecta para definir la condena que vienen sufriendo los científicos que siguen la evolución de la crisis climática y advierten al mundo de sus consecuencias.

Respaldados por el conocimiento y basándose en las evidencias que señalan la urgente necesidad de hacer frente a la emergencia climática, quienes analizan su evolución se desesperan ante el desprecio de tantos. Son los mártires del conocimiento.

Foto: El deshielo del Ártico esta alterando el clima del planeta (EFE)

La ciencia lleva más de un siglo demostrando que el calentamiento global es inequívoco y que lo hemos desencadenado nosotros con nuestra actividad diaria. Ya no queda una sola duda. Hemos pasado de las hipótesis a las certezas, de los pronósticos a los hechos.

Sabemos a ciencia cierta que el cambio climático está sucediendo y que es irreversible. Tras identificar las causas, los científicos nos previnieron de las consecuencias, incluso para nuestra propia salud, y nos indicaron las acciones que debíamos emprender para mitigarlas y eludir los peores escenarios. Pero a pesar de ello siguen siendo demasiados los que ven inoportuno ponerlas en marcha. Y así, la ciencia, como Casandra, sufre el castigo de no ser tenida en cuenta por quienes predican la ignorancia, que no son pocos.

placeholder El director de la OMM muestra el aumento de temperaturas. (EFE)
El director de la OMM muestra el aumento de temperaturas. (EFE)

En enero de 2019 los llamados 'terraplanistas' llenaron el auditorio del Orfeó Martinenc de Barcelona de gente dispuesta a escuchar las ponencias de quienes defienden que la Tierra es plana. Unos meses antes, en noviembre de 2018, se había celebrado en la ciudad norteamericana de Dallas (Texas) la Conferencia Internacional Flat Earth (FEIC, por sus siglas en inglés) a la que acudieron miles de personas para escuchar a una docena de ponentes que pretendían convencerles de que la Tierra es en realidad un disco plano cuyos límites aparecen rodeados de un inmenso muro de hielo para que no nos caigamos.

Foto: Una obra de Banksy.

A ese acto, que contó con el apoyo de empresas patrocinadoras, asistieron políticos y personajes famosos. Para 2020 habían organizado un crucero hasta dicho muro de hielo del que se vendieron todos los billetes y que finalmente fue suspendido por la pandemia del covid-19. Pero su cruzada continúa. De nada sirven imágenes satelitales (esos inventos del diablo, dicen) y datos irrefutables, pues anteponen su creencia a la ciencia.

Como en el caso de los terraplanistas, los negacionistas del cambio climático se han atrincherado en su ideología ante la constatación científica. De nada sirven los datos sobre el aumento constante de la temperatura media del planeta o del nivel del mar, ni las evidencias que nos ofrecen el aumento en intensidad y recurrencia de los fenómenos meteorológicos extremos. Ante ellos, los científicos, como la bella Casandra, están condenados al desdén

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