Del megavatio al 'negavatio': la energía más limpia es la que no se consume
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Jose Luis Gallego

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Del megavatio al 'negavatio': la energía más limpia es la que no se consume

La eficiencia es la primera alternativa que tenemos a nuestro alcance para avanzar hacia una economía baja en carbono y más competitiva. Un objetivo que debería comprometernos a todos

Foto: La eficiencia es el gran reto de la transición energética. (EFE/ Luis Tejido)
La eficiencia es el gran reto de la transición energética. (EFE/ Luis Tejido)

Sea cual sea el modelo energético en el que basemos nuestro desarrollo, mucho más allá de entrar en el debate sobre las diferentes fuentes primarias, lo primero que debemos dejar claro es que la energía más limpia es la que no se consume.

En esa idea, que a muchos les puede parecer una obviedad e incluso una auténtica perogrullada, radica una de las claves de la transición energética que debe llevarnos hacia una economía neutra en carbono. Y por eso es tan importante promover el concepto del "negavatio": es decir, del vatio ahorrado; el que se resta al consumo mediante el uso eficiente de la energía.

No importa el sector que analicemos: desde el industrial hasta el doméstico; más que consumidores somos derrochadores de energía

En contrapunto al concepto ahorro, que muchos asocian al de renuncia, el concepto de eficiencia apela a la posibilidad de obtener el mismo resultado con un menor consumo: sin necesidad de renunciar a nada, sino más bien lo contrario. Porque en el momento actual, ser eficiente es la mejor manera de ser exitoso.

Desde un punto de vista medioambiental y respecto a la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a la producción y el consumo de energía, no cabe ninguna duda de que las más neutras son asimismo las que no se producen, por lo que a más negavatios generados mayores opciones de evitar los peores escenarios del cambio climático.

Foto: España es el segundo país de Europa que más paga por el Gas Natural. Foto: Reuters

Pero además de constituir una de las mejores oportunidades para reducir las emisiones de GEI y mitigar la crisis climática, la eficiencia debe ser entendida también como una de las mejores herramientas para mejorar la competitividad de nuestro sistema productivo.

El índice de intensidad energética determina la cantidad de energía que consumimos para conseguir un punto de PIB (Producto Interior Bruto). Y ese valor nos sitúa entre los países menos eficientes, y por lo tanto menos competitivos, de la UE. En los últimos años dicho índice no ha parado de crecer, hasta situarnos 15 puntos por encima de la media europea, tal y como señalan los datos del Observatorio de Energía y Sostenibilidad en España de la Universidad de Comillas.

placeholder Evolución del índice de intensidad energética España-UE. (Obs. Energía y Sostenibilidad)
Evolución del índice de intensidad energética España-UE. (Obs. Energía y Sostenibilidad)

¿Qué nos indican estos datos? Pues que para producir una misma unidad de PIB, España gasta mucha más energía que el resto de sus competidores y socios en la UE. Así pues, la ineficiencia no solo nos aboca al despilfarro y nos impide cumplir con nuestros compromisos climáticos, sino que lastra nuestra economía. Y no importa el sector que analicemos: desde el industrial hasta el doméstico o el del transporte, en nuestro país más que consumidores somos derrochadores de energía.

Por todo ello, además de justificar el impulso a las energías renovables desde un punto de vista estrictamente económico, los principales expertos señalan la oportunidad de poner en marcha medidas de eficiencia energética para alcanzar una reducción del consumo, lo que no solo es perfectamente compatible con el mantenimiento (incluso el aumento) del desarrollo de la actividad, sino que contribuye a reducir las emisiones de GEI derivadas de la actividad productiva.

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El derroche energético contribuye a la crisis climática. (EFE)

El malgasto es la partida más importante de nuestro dispendio energético. Según el Consejo Mundial de la Energía el 30% de la energía que se genera en el mundo acaba malbaratándose debido a su uso ineficiente. Curiosamente, se trata del mismo porcentaje que ya aparecía reseñado hace veinte años en el Libro Verde de la energía de la UE

Por último, si he querido abordar este aspecto desde Planeta A es porque un 30 % de derroche energético equivale a un 30% de emisiones de GEI: un altísimo porcentaje que se podría recortar de manera inmediata tan solo con revisar los procesos, identificar las posibilidades de ahorrar energía y aplicarlas, es así como conseguiremos sumar negavatios y restar megavatios.

Eficiencia energética Efecto invernadero Unión Europea
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