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Menos raíces para soportar vientos tan contrarios
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Joaquín Araujo

Emboscadas

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Menos raíces para soportar vientos tan contrarios

Un arreciado dolor nos alcanza ahora por dos pérdidas casi simultáneas entre los que defendemos la natura, es decir, la única fuente de lo posible, entre lo que figura la salud del derredor y de todos nosotros

Foto: Algunos han dedicado su vida a defender la natura. (Unsplash)
Algunos han dedicado su vida a defender la natura. (Unsplash)

Mal, muy mal comienza este 2022.

Ya terminó fatal el 21 con la desaparición de E.O. Wilson, el mejor investigador dentro de las llamadas ciencias de la vida. Al creador del término 'biodiversidad', a la que defendió hasta el último momento, le debemos muchos conocimientos y compromisos.

Un arreciado dolor nos alcanza ahora por dos pérdidas casi simultáneas entre los que defendemos la natura, es decir, la única fuente de lo posible, entre lo que figura la salud del derredor y de todos nosotros.

Al respecto, conviene comenzar recordando que a las catástrofes encadenadas que viene sufriendo la vida del planeta desde hace un par de siglos se enfrenta, sobre todo, el sentimiento de la natura. Aquello que Unamuno calificó como la cima de la civilización y de la cultura, pero que tanto esta cultura como esta civilización han intentado desterrar siempre a los sótanos de lo escasamente, y por pocos, apreciado.

Con todo, esos vínculos con lo espontáneo nunca se han rendido y hasta han conseguido crear un sentir, una ciencia y un pensamiento que han crecido considerablemente en el último medio siglo. Aunque no hemos parado la demolición, sí hemos conseguido que el medio ambiente esté en buena parte de las vidas cotidianas y de los parlamentos.

placeholder El naturalista Edward O. Wilson, que falleció el 21 de diciembre. (EFE/archivo)
El naturalista Edward O. Wilson, que falleció el 21 de diciembre. (EFE/archivo)

Gracias, sobre todo, a enormes destrezas y sabidurías como las que desde el miércoles pasado ya no están con nosotros.

Fernando Fueyo miraba con admiración la libre luz de los paisajes todavía vivos. Les pedía prestada su belleza y, con el máximo respeto, la incluía en lienzos y papeles para que otros ojos comenzaran a aprender lo esencial. Un descomunal talento fluía desde su mente a sus manos. Como corriente eléctrica, se transmitía a unos lápices y pinceles estremecidos. Finalmente, aparecía la posibilidad de ese segundo deslumbramiento que provocan las buenas ilustraciones de los elementos naturales.

Cierto es que podemos presumir en este país de contar con tres decenas de excelentes ilustradores naturalistas, pero Fueyo armonizaba oficio y sensibilidad como nadie. De hecho, apenas se entiende lo que ha supuesto la divulgación de nuestras floras y faunas o la conciencia ambiental sin su obra. Sus recreaciones aparecieron en revistas como 'Quercus'. No menos en sus exposiciones, en sus magistrales trabajos sobre el quebrantahuesos. Jose Luis Arsuaga lo incorporó a su ingente labor divulgativa. Insuperables las pinturas de ese libro imprescindible que es 'El mundo de Atapuerca'. De esta relación brota también que hiciera una ilustración del enterramiento de un menor de Homo sapiens de hace 78.000 años que fue publicada en la revista 'Nature' con repercusión mundial.

placeholder El artista asturiano Fernando Fueyo, uno de los mejores ilustradores españoles de la naturaleza. (EFE/José Luis Cereijido)
El artista asturiano Fernando Fueyo, uno de los mejores ilustradores españoles de la naturaleza. (EFE/José Luis Cereijido)

Como nadie pintó los árboles, sin duda los seres vivos que mejor nos conectan con ese sentimiento de la natura al que Fueyo alimentó con su respeto y destreza, siempre al servicio de la belleza, esa vieja raíz que mantiene todavía viva la vida.

Otro nutriente decisivo para la conciencia ambiental fue José Luis Pérez Chiscano. Botánico, farmacéutico, ornitólogo y uno de los más incisivos conservacionistas del país y especialmente de Extremadura. Dominó todas las ramas de las ciencias naturales.

placeholder Embalse de Alange, en la provincia de Badajoz. (Unsplash/@mrebollob)
Embalse de Alange, en la provincia de Badajoz. (Unsplash/@mrebollob)

Sabiduría concentrada en todo lo relacionado con las comunidades zoológicas y botánicas. Descubridor de especies nuevas, entre ellas una orquídea que ahora lleva su nombre en la denominación científica.

A través de Adenex, una de las organizaciones más activas en el campo ecologista, libró decenas de batallas a favor de los mejores enclaves para la vida salvaje de su querida comunidad y del resto de España.

Foto: El biólogo estadounidense Edward O. Wilson (REUTERS/ G. Erti)

Raíz también, poderosa y sustentadora, de lo que ahora entendemos como pensamiento ecológico.

Cuando recuperemos, como sociedad, la sensatez de reconocer de dónde procede nuestra posibilidad misma de existir, personas como Fueyo y Chiscano aparecerán como manantiales, no solo artísticos sino también de honradez, sabiduría y compromiso.

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