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Ha llegado el momento de elegir entre ser bosque o ser ceniza
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Joaquín Araujo

Emboscadas

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Ha llegado el momento de elegir entre ser bosque o ser ceniza

Entre muchos otros servicios, los bosques nos brindan gratuitamente gran parte de los principios activos para curar enfermedades o la mayor diversidad cultural de nuestra especie

Foto: Un ciervo calcinado en el incendio de la Sierra de la Culebra (EFE/B.Lorenzo)
Un ciervo calcinado en el incendio de la Sierra de la Culebra (EFE/B.Lorenzo)

Entre otros muchos motivos porque arrecia tanto la muerte que conviene resultar del todo intransigente. No consentir a las llamas ni una sola oportunidad más debería estar entre las primeras opciones de todos nosotros y mucho más en las de quienes mantenemos para que tomen decisiones. Por tanto deberían decidir amparar, con todos los medios posibles y unos pocos más al bien público más crucial en estos momentos de catástrofe climática. Porque se podía y debía haber evitado, al menos la inmensidad de la destrucción en la Sierra de la Culebra.

Foto: Incendio en el estado de Colorado, en EEUU. (Unsplash) Opinión

Aunque resulta obvio que nos acosan diversas crisis, casi por todas partes, seguimos sin poner a cada una de ellas en su lugar. De hecho pocas contradicciones nos aquejan más en estos momentos que el hecho de que ardan millones de árboles, seguramente no menos de 20 millones, en la última semana. Porque se nos está achicharrando el principal obstáculo al achicharramiento de los aires.

Pero los bosques, sin la menor duda lo que más necesita en estos momentos esta civilización lisiada – no me cansaré de usar estas palabras – nos regalan mucho más que aire limpio y regulación de las temperaturas. Recuerden que poco ha inventado mejor la historia de la Vida que las sombras. Benefactoras universales ¡Qué coherencia la de la lengua china al crear el pictograma de descanso evocando sencillamente a un humano bajo un árbol! Por eso mismo podríamos empezar a calcular también la superficie de descanso que hemos perdido.

placeholder Las llamas han afectado un espacio natural de alto valor ecológico (REUTERS/I. Infantes)
Las llamas han afectado un espacio natural de alto valor ecológico (REUTERS/I. Infantes)

Lo que arde es la fina película de vivacidad de todos los paisajes, esa que desempeña algunas de las más cruciales funciones que conocemos. Porque se trata del lugar de los intercambios esenciales entre los elementos básicos para la vida. Pero no menos la tan frágil como eficaz barrera de contención ante muchas de las más peligrosas agresiones.

Conviene, como mínimo, tener presente que una arboleda es una imponente, eficaz, gratuita e incesante medicina frente a las cinco peores enfermedades de la biosfera y por tanto de cualquiera de sus componentes, entre los que irremisiblemente estamos. Combaten, insisto, al calentamiento global, al desierto, a la extinción de las especies, a la sequía y al afeamiento del mundo.

Por si lo mencionado fuera poco nos queda reconocer que, de acuerdo con los mejores botánicos, los bosques nos proporcionan algo más de tres mil utilidades. Las que van de la todavía primera materia prima para la humanidad que es la madera, hasta el intangible de los mayores espacios de libertad. Desde la mayor parte de los principios activos para curar enfermedades a la mayor diversidad cultural de nuestra especie.

placeholder Imagen de una de las zonas afectadas por el incendio (EFE/M.A. Montesinos)
Imagen de una de las zonas afectadas por el incendio (EFE/M.A. Montesinos)

Desde su capacidad de fijar contaminantes, metales pesados incluidos, hasta ser el lugar más hospitalario del planeta para sus creaciones vivas.... en fin que no hay logro más completo y complejo en la Tierra que sus bosques. Con la superlativa bondad de que además son bellos. Se puede afirmar, y así lo hago, que ellos la mejor creación de la clorofila inventaron la belleza. En fin en cada uno de los árboles vivos encontraremos lo mejor, más necesario, hermoso y gratuito.

Cuando tales dádivas, manifiestamente inmejorables, son convertidas en ceniza se produce otro incendio. Menudean, en efecto, los balances, denuncias, propuestas y acusaciones, de todo tipo en los medios. Sin que por ella haya menguado ese otro fuego que es la indiferencia de las mayorías y un compromiso real de nuestros poderes hacia lo más valioso con lo que contamos. Sin embargo poco o nada en nuestro solar que las recidivantes llamas en verano, aunque este año el peor de los incendios forestales de la historia ha sido primaveral.

No se puede seguir siendo tacaño con nuestro mejor antídoto. No se puede seguir ignorando que invertir en proteger bosques es absolutamente rentable.

placeholder Pista forestal calcinada por el fuego (EFE/B.Lorenzo)
Pista forestal calcinada por el fuego (EFE/B.Lorenzo)

Me aplasta, ahora mismo, recordar que llevo más de 50 años escribiendo diferentes versiones de este mismo tema. Me desespera que en tan solo diez días hayamos perdido más árboles que todos los plantados por miles de voluntarios a lo largo de los tres últimos lustros. Es inaceptable que se siga considerando un tema menor a la Vida y su principal hontanar: ¡los bosques!

Conviene tener muy presente que de todas las transformaciones que se pueden dar en el planeta la más rauda, profunda y peligrosa es convertir el esplendor de la vivacidad en muerte radical. De hecho a la ceniza, completamente quieta y callada, a esta masiva sustitución de lo verde por lo gris no la define ni siquiera la palabra tragedia. Y, claro, como todos los que hace ya mucho tiempo que elegimos ser bosque necesito repetirme. Por desgracia insisto mucho menos que las llamas. En cualquier caso vuelvo a recordarlo. Todavía mayor tragedia que los incendios es que seamos tan pocos los que así consideramos el que esta sociedad haya elegido ser ceniza.

Entre otros muchos motivos porque arrecia tanto la muerte que conviene resultar del todo intransigente. No consentir a las llamas ni una sola oportunidad más debería estar entre las primeras opciones de todos nosotros y mucho más en las de quienes mantenemos para que tomen decisiones. Por tanto deberían decidir amparar, con todos los medios posibles y unos pocos más al bien público más crucial en estos momentos de catástrofe climática. Porque se podía y debía haber evitado, al menos la inmensidad de la destrucción en la Sierra de la Culebra.

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