Islas de calor urbanas: ¿un fenómeno beneficioso o perjudicial?
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Javier Martín Vide

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Islas de calor urbanas: ¿un fenómeno beneficioso o perjudicial?

Aunque antaño se le otorgase algún efecto positivo, no cabe duda de que estamos ante un nuevo riesgo climático que genera un serio problema de salud pública

placeholder Foto: Las islas urbanas de calor son un nuevo riesgo climático (EFE)
Las islas urbanas de calor son un nuevo riesgo climático (EFE)

Con cierta frecuencia en los últimos tiempos, los medios de comunicación han citado las llamadas 'islas de calor urbanas'. Tal expresión hace referencia a la existencia de una mayor temperatura del aire en el centro de las ciudades en comparación con sus periferias o con el espacio no urbano que las rodea.

Se trata de un fenómeno nocturno que se produce en cualquier ciudad, incluso de tamaño pequeño, prácticamente todas las noches en las que el viento es flojo o está en calma y el cielo permanece despejado o poco nuboso. La intensidad de la isla de calor, es decir, la diferencia de temperatura entre el centro de la ciudad y el espacio periurbano es tanto mayor cuanto mayor es la población de la ciudad, pudiendo alcanzar varios grados centígrados en un momento dado.

Foto: Las olas de calor serán cada vez más severas y recurrentes (EFE) Opinión

Son varias, hasta siete, las causas que producen la isla de calor. Una de ellas es la mayor capacidad calorífica de algunos materiales de construcción, respecto al suelo natural y su cubierta vegetal, lo que hace que almacenen calor durante el día, que luego desprenden al aire nocturno. Resulta también muy claro el hecho de que la ciudad desprende calor, desde los hogares, por el tránsito rodado, del alumbrado, de las bocas de metro, etc.

placeholder El verde urbano mitiga el efecto isla de calor (EFE)
El verde urbano mitiga el efecto isla de calor (EFE)

Hay que recordar que a la ciudad llega mucha energía (electricidad, gas natural, gasolina, etc) para los procesos que en ella tienen lugar, desde los domésticos hasta el transporte, disipándose calor al aire. Una tercera causa radica en la eficacia de los sistemas de drenaje urbanos (suelos impermeables y alcantarillado), que evacúan con rapidez el agua de lluvia en cuanto deja de llover, algo que el ciudadano agradece al permitirle pasear sin mojarse los pies en los charcos. Sin embargo, al desaparecer el agua y no evaporarse desde el suelo, este y el aire no obtienen el enfriamiento correspondiente.

placeholder Las ciudades desprenden mucha energía acumulada (EFE)
Las ciudades desprenden mucha energía acumulada (EFE)

Desde los años 80 del siglo asado diferentes investigadores, particularmente geógrafos, han medido la intensidad de la isla de calor de ciudades españolas, así como su configuración en el plano urbano. Madrid, Barcelona y Valencia presentan a veces islas de calor muy intensas, con diferencias superiores a 5ºC, y hasta de cerca de 8ºC. Este fenómeno, que entonces se consideraba curioso y hasta beneficioso por el evidente ahorro de energía en calefacción en los barrios céntricos de las ciudades, hoy tiene una consideración muy diferente.

El calor está aumentando claramente

El caso es que desde los años 80 hasta la actualidad la temperatura media global ha aumentado de forma manifiesta, también en nuestro país. El incremento térmico ha sido algo mayor en verano que en invierno. Nuestros ya de por sí calurosos veranos ahora van siendo cada vez más agobiantes, salpicados por frecuentes e intensas olas de calor. Un reciente estudio de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid concluye en que los días con mayor demanda eléctrica en España, que generalmente ocurren en invierno, se trasladarán al verano antes de 2050. Detrás de este cambio está evidentemente el uso bastante generalizado del aire acondicionado en verano y las menores necesidades de calefacción en invierno.

Foto: El inicio de la zona de bajas emisiones de Barcelona. (EFE)

Si al calentamiento global, con sus olas de calor en verano, se le añade el plus térmico que suponen las islas de calor para quienes moran en el corazón de las ciudades, la situación es de riesgo. Aunque la isla de calor es nocturna, en los centros de nuestras ciudades del arco mediterráneo y de la mitad sur de España las temperaturas en las noches de verano son con frecuencia demasiado elevadas para permitir el descanso reparador.

Una amenaza para la salud

Se ha podido comprobar que las personas de edad avanzada o con enfermedades crónicas que viven en los barrios centrales ven aumentar su morbilidad (más ingresos hospitalarios) y su mortalidad durante las jornadas cálidas del verano, a las que van asociadas las llamadas noches tropicales y noches tórridas, con temperaturas mínimas que superan los 20ºC y los 25ºC, respectivamente. Esto es especialmente grave cuando los grupos de población citados están en condiciones de pobreza energética, es decir, que no disponen de un aparato de aire acondicionado o, teniéndolo, no pueden usarlo.

En resumen, las islas de calor en verano son un nuevo riesgo climático, un problema de salud pública, que, además, aumenta el consumo eléctrico. Para aliviar el problema, hay que reverdecer nuestras ciudades, esponjarlas con más parques y áreas ajardinadas, coronar los tejados y azoteas con vegetación, y, en la medida de lo posible, permeabilizar el suelo duro de nuestras calles.

Javier Martín Vide es Catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona y Mª Carmen Moreno García es profesora titular de la misma materia en dicha universidad.

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