Cotizaciones: Tareas de fin de año para el inversor. Blogs de Aprender a Invertir

Tareas de fin de año para el inversor

El rebalanceo es el ajuste de la ponderación de los integrantes de la cartera (acciones, bonos, oro…) a la posición inicial. Así se intenta mantener el mismo perfil de riesgo

Foto:  (Foto: Pixabay)
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Una de las estrategias que se pueden realizar de forma periódica, para gestionar y parametrizar el riesgo de una cartera correctamente, reside en el rebalanceo anual. La baja volatilidad que se ha experimentado este año en casi todos los mercados organizados, puede llevar a cierta complacencia e inacción con respecto a las tareas mínimas que conviene llevar a cabo. Y ante un incremento de volatilidad, el tener correctamente diversificadas las posiciones puede servir de cierta ayuda.

Por rebalanceo se entiende el ajuste de la ponderación de los integrantes de la cartera (acciones, bonos, oro…) a la posición inicial. De esa forma, se procederá a vender aquellos activos que hayan subido más y a comprar los que hayan caído de forma significativa para, al final, mantener el mismo perfil de riesgo que al inicio del ejercicio. En el fondo se trata de ajustar el nivel de riesgo al verdaderamente deseado y asumido en un primer momento, sin atender a la rentabilidad (que también se ve beneficiada). Mediante esta forma de ajustar comprando barato y vendiendo caro, si se produce una caída fuerte de cotizaciones se estará menos expuesto a la misma pues se habrá reducido la parte de renta variable y aumentado la de menor riesgo.

En el fondo se trata de ajustar el nivel de riesgo al verdaderamente deseado y asumido en un primer momento, sin atender a la rentabilidad

Si no se procede a rebalancear la posición y se ha producido un incremento importante de, por ejemplo, lo destinado a acciones, la tolerancia al riesgo puede demostrar no ser la deseada en caso de esas correcciones. De ahí la importancia de hacer estas operaciones y de maximizar la rentabilidad de la cartera acorde al nivel de riesgo real del inversor.

Veamos mejor un ejemplo sencillo. Supongamos un inversor que destina su capital a una cartera compuesta por un 50% en acciones, un 40% de bonos y un 10% en oro. Cartera inicial en el gráfico.

Si el mercado de acciones experimenta un alza significativa, los bonos rentan algo discreto y el oro sufre una fuerte caída, la nueva ponderación a final del ejercicio, podría ser esta otra.

Si se fija, el peso de las acciones ha subido como consecuencia de la fuerte revalorización experimentada por los precios, los bonos pese a subir, lo han hecho menos y han perdido peso y, el oro que ha caído, se ha visto reducido al 6% frente al 10% inicial. En este hipotético suceso resulta que ahora el inversor tiene más exposición a renta variable que a renta fija y, por tanto, está expuesto a otro tipo de riesgo que no era el inicial.

Basta hacer un backtesting para ver que, hasta la fecha, el llevar a cabo este tipo de ajustes impactan de forma positiva hasta en la rentabilidad de la cartera en el largo plazo. De igual forma y por contrastar con algún estudio serio sobre la materia, la AAII publicó hace un tiempo un estudio sobre las bondades de esta estrategia. Tomando un período de 26 años (iniciando en 1988), lanzaron 3 carteras compuestas por un 70% de acciones y un 30% de bonos y se procedió a realizar ciertos ajustes periódicos. La primera hacía ajustes cada vez que se superaba el 5% de peso sobre el inicial. La segunda no realizaba ajuste alguno. La tercera respondía en modo pánico a caídas del 20%, vendiendo en esos casos. Lanzadas las simulaciones, el estudio demostraba que aquel inversor que realizaba los ajustes controlados era el que menor volatilidad obtenía y, además, la mayor rentabilidad. El que se dejaba llevar por el pánico (un buen número de inversores finales) obtiene los peores resultados en todos los plazos.

El estudio demostraba que aquel inversor que realizaba los ajustes controlados era el que menor volatilidad obtenía y, además, la mayor rentabilidad

Así las cosas y aprovechando el alza de los últimos años, puede tener cierto sentido pasar a gestionar las posiciones que se mantienen vivas y adaptarlas al perfil de cada uno. Si mantiene, por ejemplo, una parte de su inversión en bolsas de Estados Unidos donde se han visto alzas medias del 25% este año, la exposición que tiene ha variado de forma significativa y debería ajustarse. Lo mismo se puede hacer a nivel de acciones individuales dentro de una cartera global. Aplicar una estrategia definida es, a largo plazo, la gran diferencia entre tener éxito en sus inversiones.

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