El día en que Abengoa te dejó sin calzoncillos

El error mal llevado puede ser penalizado de modo descomunal en el mercado, independientemente del precio al que hayas comprado, te dejan tiritando y sin camisa a cierre del viernes

Foto: Una torre de Abengoa en un parque solar. (Reuters)
Una torre de Abengoa en un parque solar. (Reuters)

No se producen eventos como los de Abengoa habitualmente. Pero cuando lo hacen, si te cogen por el medio y no eres ágil, te decapitan. Dirá alguno, no sin razones, que lo de Abengoa no es un cisne negro porque para eso lo sucedido debiera haber sido altamente imprevisible; y lo de esta semana, imprevisible, lo que se dice imprevisible, no lo era... ¿Pero lo era hace tres años? Casi nadie hubiera apostado por lo sucedido entonces. Luego en esas coordenadas, además de negro es cisne.

Por el camino ha habido alguna fase en las que el valor ha invitado a los alcistas. Fases que se han agotado a la primera de cambio. Sobre todo desde 2015, Abengoa ha sido un patíbulo para los alcistas; que se lo han dejado casi todo. Haber apostado por la andaluza en 2015, en 2014, o el jueves de la semana pasada en 0,30, ha sido en definitiva casi lo mismo. Dese cuenta de esto, el error mal llevado puede ser penalizado de modo descomunal en el mercado, da casi igual haber comprado a 4,5 euros que un 92% más abajo; en ambos casos te dejan tiritando y sin camisa a cierre de ayer viernes. Llega un momento en el que tu pérdida es tan grande que recuperar es una quimera.

En el mercado se lo llama entrar en fase de apalancamiento asimétrico. Es esa fase en la que tantos deciden que ha llegado la hora de promediar, momento en el que el lado perverso del juego ya no consiste en poder perder la camisa sino hasta los calzoncillos.

Evidentemente no es lo mismo haber hecho el loco con 1% de la cartera que con un 20, incluso dentro de lo grave hay diferencias notables. El primero se ha dejado solo las uñas, el segundo los dedos. Hay quien ha ido con todo a 0,3 euros, a 0,5 euros, a 1... Carne picada. Se acabó lo que se daba.

Un operador que practica estos juegos puede haber ido dando pelotazos en chicharros durante varios lustros, con la suerte de no meter la pierna en ningún charco y batiendo a cualquier gestor casi sin salir de la cama si ha operado con olfato un par de veces al año; incluso sin tener la costumbre de asumir pérdidas cuando parece que las cosas no van bien, la suerte puede producir estos milagros. El azar explica muchas cosas y buenas de los inversores durante años. Pero si el olfato dijo Abengoa y no se ha limitado la pérdida, la partida se ha terminado con un solo error en varios lustros.

Haber apostado por la empresa andaluza en 2015, en 2014 o el jueves de la semana pasada en 0,30, ha sido en definitiva casi lo mismo

Abengoa es una historia sobre el riesgo y su control. Sobre la necesidad de tener un plan que incluya el reconocimiento del error previamente establecido, y sobre la importancia que tiene diversificarse ampliamente, sobre todo cuando compras basura -se puede hacer dinero dándole caladas a las colillas, que diría Warren Buffett- o no sabes exactamente lo que compras -no se asuste, pero hay trillones en el mercado haciendo eso en base a complejos algoritmos e inteligencia artificial-. Es una historia que cabe tener presente incluso cuando crees que sabes lo que compras pero parece que te equivocas, porque hablamos de un valor que estuvo en el IBEX 35. Y ahí la lista de cucarachas, de activos que nacen, crecen, mueren y desaparecen, es mucho más larga de lo que parece. No hay que liarse con empresas del MAB como Gowex para que te quiten la tontería.

Abengoa es una historia que quizá te duela, pero habrá valido la pena si aprehendes la lección y no la repites jamás. Si tienes tiempo por delante, claro.

Bolságora
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