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De cómo las redes sociales le llevan hacia la demencia y no siempre ganando dinero
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Javier Molina

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De cómo las redes sociales le llevan hacia la demencia y no siempre ganando dinero

En 2012 los usuarios de internet tenían una media de 3 redes sociales/aplicaciones de mensajes mientras que, en 2016 se sube hasta las 8 aplicaciones

Foto: Distintas redes sociales. (Reuters)
Distintas redes sociales. (Reuters)

Madrid, viernes noche, circulando en mi auto por una calle cualquiera del centro de la ciudad camino del restaurante. Parado en un semáforo observo cómo de los seis peatones que cruzan, cuatro van mirando sus dispositivos móviles. Sigo avanzando en busca de parking y en el siguiente cruce de caminos, un tipo decide cambiar de acera mientras chatea muy concentrado. Por poco no freno a tiempo. Alcanzado el objetivo, es lo que tiene esto de vivir fuera de la ciudad, la cena transcurre de forma divertida y amena. Pero al levantar la cabeza y hacer una simple pasada por el resto de mesas, descubro que hay más comensales mirando el teléfono que charlando. Toca tomar una copa y vamos a un club cercano. Donde antaño se mezclaban humo, gritos y las ganas por conocer gente, ahora nos encontramos con un ambiente extra claro, olores cabríos y nadie interesante a quien conocer. Estar atento al iPhone parece ser la última moda, y donde antes tenías luces de neón tienes ahora varios móviles iluminando el local. Entonces te planteas si todo eso tiene mucho sentido.

Y lo tendrá, pues a la mañana siguiente cuando vas al baño te llevas la Tablet. Seguidamente, al hacer la fila para comprar el pan, te descubres absorto en Twitter mientras la encargada dice cosas que no escuchas. Y cuando tus hijos juegan en los columpios del parque, aprovechas para echar otro vistazo al mail. No sea cosa que tengas algo importante.

En definitiva, eres uno más de los “constant checker” que es como define la Asociación Americana de Psicología esta nueva “patología” que está dañando la salud y la mente del usuario. Bueno, la suya y la mía pues, a la vista de las estadísticas, parece que pocos escapan de tal fenómeno.

La diferencia entre Facebook y el resto de redes es cada vez más importante y no hay ninguna aplicación que consiga resultados similares

Partiendo de un informe de Global Web Index (GWI) que recoge información de 34 países, España incluida, los datos hablan por sí solos. El 94% de los usuarios online tiene una cuenta en una o más aplicaciones sociales y de éstos, casi la totalidad las han visitado al menos una vez en el último mes. Las redes sociales se utilizan en un 42% de los casos para mantener el contacto con amigos, el 39% para seguir las noticias y otro 39% por puro ocio.

El siguiente gráfico es muy significativo y una prueba de esa demencia que nos está invadiendo. Los consumidores digitales emplean, de media, casi 2 horas al día en las redes sociales y mandando mensajes. Apuesto lo que quiera a que no le dedica ni la mitad de ese tiempo a la administración y gestión estratégica de sus inversiones.

En 2012 los usuarios de internet tenían una media de 3 redes sociales/aplicaciones de mensajes mientras que, en 2016, se sube hasta las 8 aplicaciones. Destaca Facebook que es utilizada por el 79% de los usuarios online. Esto demuestra que esta red social no ha perdido fuerza en los últimos tiempos. Ni su cotización en bolsa.

Es curioso ver que ni Estados Unidos ni país alguno de Europa, están entre los primeros puestos en cuanto a popularidad o uso de esas redes sociales. Países como Filipinas, México, Indonesia o Brasil son los que encabezan el ranking.

La diferencia entre Facebook y el resto de redes sociales, utilizando una información del Pew Research Center, es cada vez más importante y no hay ninguna aplicación que consiga resultados similares.

Para verlo en número de usuarios a nivel mundial, nos apoyamos en una información de Statista donde vuelve a destacar la supremacía de Facebook sobre el resto de plataformas sociales.

Y esto mismo coincide con el nivel de crecimiento que se observa. Twitter queda muy atrás… Snapchat ni sale todavía.

Un dato interesante que se obtiene es que, al medir el número de interacciones de los seguidores que cada uno tiene en sus redes sociales, es Instagram la que destaca (por mucho) sobre Facebook o Twitter. Es decir, se obtienen unas 60 interacciones por post por cada 1000 seguidores en Instagram mientras que, en Facebook, la media no llega a las 6.

Si pasamos a bolsa, de las cotizadas con más historia que son Facebook y Twitter, la primera obtiene una rentabilidad del 234% desde noviembre de 2013 hasta hoy, mientras que Twitter (que sale en esa fecha a bolsa) pierde un 66%. Snapchat cuenta con pocas sesiones de cotización pero, desde su salida a bolsa (que no precio del IPO) pierde cerca de un 15%.

Así las cosas, en un mundo donde la población global se acerca a los 7500 millones de personas, un 50% de la misma están conectados a internet. Unos 2800 millones son usuarios de la llamada “social media” y casi 2500 millones lo hacen utilizando dispositivos móviles. Con un crecimiento anual (2017 vs 2016) del 21% en el número de conectados a esas redes sociales, no es de extrañar que aparezcan esas enfermedades mentales que afectan ya al 43% de los conectados.

Y mientras unos las aprovechan para ganar dinero, como es el caso de los accionistas de Facebook, otros se obstinan en permanecer comprados en otras cuyos resultados no pintan nada bien como Twitter o, más recientemente, Snapchat. Como siempre, hay ganadores y perdedores y usted como inversor debería ser capaz de escapar de la demencia y aprender a valorar qué activos compra y qué precio paga por ellos. Y esto precisamente, es lo único que no ha cambiado pese a la llegada de las redes sociales.

Buen fin de semana.

Madrid, viernes noche, circulando en mi auto por una calle cualquiera del centro de la ciudad camino del restaurante. Parado en un semáforo observo cómo de los seis peatones que cruzan, cuatro van mirando sus dispositivos móviles. Sigo avanzando en busca de parking y en el siguiente cruce de caminos, un tipo decide cambiar de acera mientras chatea muy concentrado. Por poco no freno a tiempo. Alcanzado el objetivo, es lo que tiene esto de vivir fuera de la ciudad, la cena transcurre de forma divertida y amena. Pero al levantar la cabeza y hacer una simple pasada por el resto de mesas, descubro que hay más comensales mirando el teléfono que charlando. Toca tomar una copa y vamos a un club cercano. Donde antaño se mezclaban humo, gritos y las ganas por conocer gente, ahora nos encontramos con un ambiente extra claro, olores cabríos y nadie interesante a quien conocer. Estar atento al iPhone parece ser la última moda, y donde antes tenías luces de neón tienes ahora varios móviles iluminando el local. Entonces te planteas si todo eso tiene mucho sentido.

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