El PIB no es el sonido del despertador…

Dado el sistema social y económico en el que vivimos, hablar de dinero, ahorro o esfuerzo para conseguir los objetivos de cada uno, debiera ser un tema de conversación normal a tratar a nivel familiar

Foto: Foto: Pexels.
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El pasado lunes 1 de octubre se desarrolló el día de la educación financiera, impulsado por el Banco de España y la CNMV junto a otras instituciones. El objetivo se centraba en intentar concienciar a toda la población de la necesidad de tener unos conocimientos mínimos sobre economía y finanzas que nos ayuden a desenvolvernos mucho mejor a la hora de tomar decisiones en esos campos. A tal efecto, y pese a que todos los días deberían estar destinados a ese fin, se realizó un esfuerzo importante en esa jornada.

Curiosamente, a finales de verano vivimos uno de esos esperpentos a los que nos van acostumbrando nuestros dirigentes, con respecto a esto de educar a la población, nuestros hijos incluidos. El manual de finanzas que se presentó como forma de iniciar a los más pequeños, y a los que no lo son tanto, sobre el ahorro y los conceptos básicos financieros fue tildado de “indecente” y de “escalofriante caso de adoctrinamiento” por Podemos. Sin entrar más en la absurda polémica, y por ligarlo con el día de la educación financiera, basta salir a la calle para comprobar lo necesario de ese libro (y de toda acción encaminada a tal efecto), así como de la dura tarea que tenemos por delante.

No es tema menor que el PIB se defina como el sonido del contestador, el IPC como un impuesto o que no se sepa qué es un fondo de inversión

Que el PIB sea definido como el sonido del contestador, el IPC como un impuesto o que no se sepa muy bien qué es un fondo de inversión, pese a que existen más de 11 millones de cuentas de partícipes (no equivale a individuos, pues varios pueden tener más de un fondo) y que el patrimonio gestionado en estos vehículos (tercera opción de inversión tras el plan de pensiones y el depósito) ronda los 500.000 millones de euros, no es un tema menor. Si preguntamos ahora sobre la TAE, la diferencia entre una hipoteca a tipo fijo o variable o la prima de un seguro, las respuestas no difieren mucho de las anteriores.

En una encuesta de competencias financieras llevada a cabo dentro del plan de educación financiera arriba expuesto, solo un 8% declara tener conocimientos “altos” o “muy altos”, frente al 46% de la población que declara que aquellos son “bajos” o “muy bajos”, por poner los casos extremos. Si observamos los informes PISA de 2012 y de 2015 (que se presentó en 2017), se muestra cómo el rendimiento de España en conocimientos y capacidades financieras se sitúa por debajo de la media de los países de la OCDE participantes.

Lo más asombroso, no obstante, es esa negación de una parte de la población de potenciar la formación financiera, dentro de un plan principal que englobe, obviamente, el resto de valores y conocimientos. A la autora del libro comentado le caían críticas disparatadas por animar a que los niños aprendan el significado del ahorro, que no se puede gastar lo que no se tiene o que la inversión es necesaria de cara a preparar el futuro. A otros nos tildaban de ser padres sin escrúpulos creando especuladores futuros por incentivar el esfuerzo y la necesidad de empezar a ahorrar desde pequeños.

La verdad es que, dado el sistema social y económico en el que vivimos, hablar de dinero, ahorro o esfuerzo para conseguir los objetivos de cada uno debiera ser un tema de conversación normal a tratar a nivel familiar. Sin embargo, la realidad muestra que estamos ante un tema tabú que apenas se discute, y la verdadera causa de esto reside en la manifiesta incapacitación de los mismos padres. Si en una familia no existe esa base financiera mínima, es muy complicado que se pueda afrontar un diálogo positivo con nuestros hijos, provocando una extensión del problema.

Se trata de añadir la educación en finanzas y economía básica desde pequeños para evitar que el problema que existe ahora se trasmita en un futuro

Un informe de T. Rowe Price mostraba que aquellos padres que son capaces de hablar de temas financieros con sus descendientes de forma semanal consiguen que un 64% de aquellos se sientan más seguros a la hora de enfrentarse a todo lo relacionado con el dinero. Y no hay que ser un especialista en la materia, pues, como dice ese estudio, basta con comentar el día a día financiero al que todos nos enfrentamos; desde la necesidad de tener que ir a trabajar hasta por qué se ha contratado una hipoteca. Se trataría de llevar a la escala de la edad de cada niño esos temas cotidianos, incorporándolos como materias más sobre las que poder dialogar. Juegos o actividades, como que puedan pagar ellos seleccionando las monedas y billetes, que tengan su hucha o cuenta bancaria donde poder ahorrar de forma positiva o compartir con ellos partidas en el Monopoly junior, son acciones simples que todos podemos realizar.

Así las cosas y entendiendo que ser capaz de charlar con un hijo sobre dinero y finanzas no está, para nada, reñido con la educación en responsabilidad, en tolerancia, en honestidad, bondad, o valores de cualquier otro tipo. Se trata simplemente de añadir la educación en finanzas y economía básica desde pequeños para, de ese modo, evitar que el problema que muchos sufren ahora se trasmita a la próxima generación.

De Vuelta

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