¿Ganarán nuestros hijos menos dinero que nosotros?

El Foro Económico Mundial ha publicado un informe donde se analizan y clasifican los peligros originados por el covid-19, así como sus posibles implicaciones en los próximos 18 meses

Foto: Voluntarios del economato interparroquial gestionado por Cáritas en Torrent (Valencia), atienden a las personas que acuden al centro para recoger su ayuda. (EFE)
Voluntarios del economato interparroquial gestionado por Cáritas en Torrent (Valencia), atienden a las personas que acuden al centro para recoger su ayuda. (EFE)

No hay parte de la sociedad que no haya sido alcanzada, de una u otra forma por el covid-19, originando diversos riesgos de tipo económico, social, geopolíticos, tecnológicos o ambientales cuyo impacto y dimensiones son aún desconocidos. Intentando examinar esos factores, el Foro Económico Mundial ha publicado un informe donde se analizan y clasifican esos peligros, así como sus posibles implicaciones en los próximos 18 meses, en base a una encuesta dirigida a 347 profesionales en la gestión de riesgos.

Destacan en ese ranking los efectos económicos, siendo la probabilidad de asistir a una prolongación de la recesión global la primera de esas consecuencias (68% de los encuestados la colocan en esa posición). Le siguen en esa tabla la entrada en quiebra de muchas empresas (56%), la incapacidad de recuperarse hasta niveles previos al covid-19 de otras tantas (55%), el alto desempleo producido (49%) y la restricción del libre movimiento de personas y mercancías (48%).

Siendo muy recomendable la lectura de dicho informe, una de las observaciones destacables fuera de la narrativa habitual, pasa por las implicaciones que esta crisis sanitaria tendrá sobre la situación económica de nuestros hijos, pues éstos son mucho más vulnerables a las interrupciones del empleo y a la generación de ingresos. Además, en un entorno donde la desigualdad no ha dejado de crecer en los últimos 40 años, el coronavirus puede provocar que aquella sea aún mayor.

Un estudio de 2018 de la FED de St. Louis mostraba como, tras la crisis financiera de 2007-2009, el gap de riqueza entre los más mayores y los más jóvenes se había ampliado de forma importante. A la pregunta de si una persona ganaba lo mismo que sus padres a la misma edad, respondía otro informe de 2017. Según este, el 92% de los nacidos en los años 40 contestaban que así era. Sin embargo, para aquellos norteamericanos nacidos en los años 80, el número de individuos que manifestaba encontrarse en mejor situación financiera que sus padres bajaba hasta el 50%.

Fuente: Brookings, "The Fading American Dream: Trends in Absolute Income Mobility Since 1940." Science 356(6336): 398-406, 2017. Figure 1B. Data downloaded from www.equality-of-opportunity.org/data/

Ahora, ante una de las consecuencias que el covid-19 puede provocar al respecto, se plantea en el referido informe del principio, si la pandemia puede provocar otra de esas generaciones perdidas y que siga ampliando la brecha de riqueza entre distintos grupos de edad. Si atendemos a la evolución del desempleo entre los jóvenes de economías desarrolladas, el porcentaje de los que se encuentran en esa situación es la mayor desde 1991

Y si miramos el efecto sobre cada grupo de edad de forma más concreta, la pérdida de puestos de trabajo ha tenido especial reflejo en los segmentos más jóvenes de los trabajadores.

Y la actual pandemia que está sufriendo todo el mundo, puede agravar aún más esta situación. Si la recuperación económica tarda más en producirse, si más empresas quiebran o dejan de contratar empleados, si la movilidad de personas se limita, si la disrupción de la cadena de suministro se prolonga o los mercados emergentes colapsan (principales riesgos antes señalados), las consecuencias sobre aquel segmento de la población, sobre los hijos de muchos de nosotros, es clara y totalmente negativa pues esta crisis tiene un alto potencial de provocar un empeoramiento de las condiciones de trabajo de esta generación. Del mismo modo y del lado de la educación, el covid-19 puede incrementar las diferencias ya existentes en la actualidad.

Esperemos que tanto gobiernos como organizaciones se decidan por la aplicación de soluciones globales encaminadas a evitar que, nuestros hijos y esas generaciones más jóvenes, sigan observando cómo les cuesta aún más que a sus padres el poder acceder a una vivienda, a generar algo de colchón financiero y mejorar su posición financiera general, para así poder hablar de la posibilidad de un “reseteo” generacional en vez de otra generación perdida.

De Vuelta
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