¿Volverá bitcoin a los 20.000 USD?

La historia nos indica que de todas y cada una de estas mal llamadas burbujas, la cotización se ha recuperado siempre generando, además, una nueva ola de avances

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Uno de los errores más repetidos por la narrativa sobre bitcoin (BTC), versa sobre las infinitas burbujas que lo han sacudido, y sobre las extraordinarias pérdidas que ha generado a muchos inversores. Sin embargo, y pese a los grandes y sucesivos movimientos correctivos que lo han azotado (en 2018 perdió un 72% de su valor), la historia nos indica que de todas y cada una de estas mal llamadas burbujas, la cotización se ha recuperado siempre generando, además, una nueva ola de avances del ecosistema que lo han colocado en una posición muy superior de desarrollo, a la de tiempos anteriores.

Del lado de las dramáticas pérdidas en las que supuestamente han incurrido muchos incautos, siendo cierto que aquel que especuló sin conocimiento ni estrategia alguna está condenado a perder siempre (en este y en cualquier otro activo cotizado), la realidad nos dice que a cierre de julio de 2020 y con un precio de 11.000 USD, el 92% de las direcciones que tienen BTC en la actualidad, ganan dinero. Lo mismo sucede si atendemos al efectivo total invertido a día de hoy. Esta información, solo disponible en estos activos digitales gracias a la trazabilidad que la Blockchain permite, y a la aplicación de Inteligencia Artificial y Big Data, es otra de las características de este entorno y demuestra que, frente a lo escrito miles de veces, menos de un 8% del volumen invertido en BTC está en zona de pérdidas.

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El concepto de divisa digital, aquella versión digital del cash que se controla mediante una clave privada, fue creada hace más de 10 años al aparecer en escena el bitcoin(BTC). Configurado como un activo real digital gracias a su tecnología subyacente, es intangible, tiene un bajo coste de almacenamiento, su valoración no depende de Cash Flows futuros, no cuenta con una entidad central, puede ser transmitido de persona a persona (P2P), es divisible y permite micro transacciones. Además, no es confiscable, su sistema monetario no da lugar a tipos de interés negativos y no existe un banco central que lo emita libremente, mantiene cierto grado de privacidad (existen otras criptomonedas como Monero(XMR) o Zcash(ZEC) que logran mayor anonimato), y la seguridad de la red sobre la que se soporta, son algunos de los atributos que lo hacen único. Presenta una alternativa viable frente a un riesgo potencial de inflación, y su consideración como posible reserva de valor, a modo de oro digital, gana cada vez más sentido con el paso del tiempo.

Vale siempre la pena una lectura al documento origen de Bitcoin para poder entender la magnitud, el modelo económico, el funcionamiento y la propuesta de valor que aquel introduce.

Desde un punto de vista regulatorio y según Grayscale, son distintas las interpretaciones actualmente existentes al respeto y que cabe señalar. En Estados Unidos, por ejemplo, la IRS lo considera como propiedad, como un “commodity” por la CFTC que permitió el desarrollo del mercado de derivados organizado del CME, la agencia del Tesoro (FinCen) indica que es dinero, la SEC comunicó que el bitcoin no es un “security” y, entre otros, la Reserva Federal comentaba que se trataba de un activo comparable al oro.

Pero ¿a quién le interesa esto?

Un estudio del año pasado ponía de relieve que, frente a la idea equivocada de estar ante un activo de interés menor, uno de cada tres inversores norteamericanos (un potencial de 21 millones de personas), considerarían tomar posiciones en bitcoin (BTC). Mientras que el perfil de inversión de estos es mucho menos arriesgado que el de aquellos que ya invierten, el estudio sacaba la conclusión de que solo un mayor conocimiento y comprensión del activo digital los separaba de esos últimos, siendo el resto de atributos entre unos y otros muy similares. Por último, el poder destinar una mínima cantidad de dinero, el alto potencial de crecimiento teórico existente, y la idea de la escasez intrínseca del bitcoin (BTC), eran los aspectos más destacados.

Los cambios demográficos muestran como, en un entorno cada vez más digital, las nuevas generaciones colocan a bitcoin (BTC) entre el top 5 de sus posiciones de riesgo en el caso del bróker Charles Schwab. Esto coincide con los datos del informe de Edelman, donde se hace constar que más del 10% de inversores entre 18 y 39 años de aquel país poseen criptoactivos en cartera. Si a esto le añadimos la transferencia de riqueza que se estima se llevará a cabo en Estados Unidos de las generaciones mayores hacia esas más jóvenes (más de 68,5 billones de USD), los activos digitales (en toda su inmensidad) parece tendrán mucho más que decir en los próximos 25 años.

Un vistazo al número de direcciones de bitcoin que tienen más de 0,10 BTC en cartera (fuente Glassnode), indica que esa cantidad no ha hecho más que crecer desde el origen y que, pese a las correcciones lógicas de los momentos de descensos de cotizaciones, la tendencia dominante es claramente alcista y se encuentra en zona de máximos históricos a día de hoy.

En ese sentido, es muy útil observar lo que sucede en las Exchanges o casas de bolsa pues, si tomamos los flujos que éstas experimentan, advertimos que se produce una salida hacía sistemas de almacenamiento externos o wallets privados. La lectura podría ser doble; de un lado cada vez más inversores quieren custodiar directamente sus BTC y, de otra, puede darse una menor presión vendedora en el corto plazo.

Estos datos coinciden con la información sobre tiempo de permanencia del activo en la cartera de los distintos tipos de inversores. A día de hoy para el caso del BTC, el 65% de las direcciones lo mantienen desde hace más de un año (dato que no deja de crecer), un 25% entre 1 y 12 meses y solo un 10% de aquellos lo mantienen menos de 1 mes.

Por último, el Hashrate (medida del poder computacional con los que los mineros contribuyen a la seguridad de la red) se ha recuperado hasta alcanzar tasas previas al halving de mayo. Esto indica que el interés de ese colectivo sigue en aumento y se continúa invirtiendo en capital para intentar lograr más recompensas.

A nivel institucional, los avances son aún mucho más significativos. La infraestructura que ese tipo de inversores necesita, mucho más especiales que los demandados por el inversor particular, poco a poco se va construyendo. Existen en la actualidad servicios sofisticados de trading ofertados por entidades reguladas, modelos de predicción y análisis en base a IA y Big Data, custodia de activos digitales puestos a su disposición por empresas de alta credibilidad (como puede ser Fidelity), y en el último año, se han lanzado programas de crédito creados específicamente para ese tipo de inversores y mercado.

Especialmente interesante resulta comprobar como JPMorgan, antiguo azote de todo el entorno cripto, acaba de ofrecer cuentas bancarias para depósitos, retiros y transferencias a Coinbase o Gemini que son Exchanges de criptoactivos, en claro reflejo de que el sistema bancario tradicional está viendo la oportunidad de negocio en todo este nuevo mundo. En este mismo sentido, el regulador bancario de Estados Unidos daba luz verde a que bancos y ciertas entidades financieras delimitadas, pudieran abrir su operativa a la custodia de activos digitales de forma más general.

Bloomberg publicaba el mes pasado una noticia donde Paul Tudor Jones, uno de los grandes inversores norteamericanos, revelaba tener posiciones abiertas en bitcoin. Las ventajas de diversificación, la poca correlación histórica con respecto al resto de mercados y activos, contar con la propiedad de la escasez (BTC), y la etapa inicial de desarrollo altamente prometedora, parecen estar calando poco a poco en este tipo de inversores. El siguiente gráfico muestra los distintos resultados al destinar, en una cartera tradicional, la incorporación de un 1%, un 3% y un 5% en activos digitales (BTC básicamente).

La mejora en términos de rentabilidad y riesgo desde 2013 hasta la fecha es total. Mientras se experimentan mínimos incrementos de la desviación estándar de la cartera al aumentar la ponderación de BTC, ésta es compensada sobradamente por la rentabilidad aportada.

La adopción que están experimentando los activos digitales puede también verse en el mercado de derivados regulados. El volumen abierto en posiciones de futuros, ha alcanzado esta misma semana nuevos máximos anuales y coincide, curiosamente, con el alza de cotizaciones del BTC.

El mercado de derivados, incluyendo a todos los participantes, está en pleno desarrollo y es otro de esos síntomas que demuestran mayor madurez del ecosistema. Las Exchanges han visto marcar niveles record de volumen, el mercado OTC no para de subir y se crean nuevos productos constantemente. Tanto el CME como Bakkt siguen en igual tendencia alcista. El cliente de estos productos suele ser, bien un inversor sofisticado, bien un inversor institucional (sin olvidar a los mineros) que quieren llevar a cabo estrategias diversas en su gestión de carteras.

La información disponible sobre volatilidad implícita, la estructura temporal de la misma, oportunidades de arbitraje, volúmenes, “smile” de volatilidad y demás detalles son ya públicos y de acceso a todos los inversores, en clara concordancia con el desarrollo antes mencionado.

Las monedas estables (Stablecoins) y DeFi.

Uno de los resultados más prometedores de toda la evolución del ecosistema cripto pasa, sin duda alguna, por la aparición y auge de las monedas estables o “Stablecoins”. Las más importantes por capitalización, el Tether(USDT) y el USD Coin(USDC) están, técnicamente, respaldadas por dinero Fiat y combinan las ventajas de las monedas digitales con la estabilidad del dólar. Otra más interesante por ser descentralizada y el auge alcanzado en el último año, es el DAI cuya generación mediante contratos inteligentes se hace, principalmente, mediante el uso del ETH como colateral.

Concepto abrazado inicialmente por las empresas fintech, son ahora los bancos centrales y los intermediarios financieros los que están mostrando su interés por este tipo de activos digitales.

Este mes de julio han alcanzado records históricos por capitalización teórica (>11.000 millones de USD) y sirven de puente entre la criptoeconomia y la economía tradicional. Están siendo un factor clave para el desarrollo de las llamadas “finanzas descentralizadas” (DeFi) que están en plena efervescencia en la actualidad, logrando el bloqueo de casi 4.000 millones de USD a cierre de julio.

Este entorno DeFi, presenta una nueva arquitectura de servicios financieros mucho más eficiente y que cuenta con claras ventajas competitivas. Al ser de código abierto, permite crear protocolos de distinto tipo utilizables por cualquier persona del mundo, es de libre verificación y funciona sobre redes como Ethereum donde se desarrollan. Este auge está provocando la congestión de la red, incluso por encima de los mejores momentos de las ICOs, y se espera la llegada de Ethereum 2.0. En este caso, se introduce la llamada “base de datos Shard” que traerá mejoras en términos de escalabilidad y es la forma en la que se espera satisfacer este aumento de demanda.

DeFi ha propiciado el desarrollo de aplicaciones que permiten generar servicios financieros alternativos a la banca e instituciones clásicas, existiendo en la actualidad interesantes protocolos que permiten tokenizar, prestar y tomar prestado en el entorno cripto, utilización de derivados, apalancamiento, la gestión de activos o contar con Exchanges descentralizados. Compound, Maker, Uniswap o Kyber son algunos de estos protocolos DeFi que merecen su propia explicación mucho más profunda.

Con respecto a estos tokens de los distintos proyectos, cabe alertar al lector del fuerte incremento de cotizaciones experimentada en el año en curso y de los peligros implícitos. Estamos ante una propuesta de valor de largo plazo, no exenta de diversas y mayores dificultades pese al actual desarrollo experimentado, donde existe un riesgo de protocolo individual y del sistema, que debe ser considerado desde un punto de vista de inversión.

Así las cosas y para concluir, este último movimiento alcista visto en los criptoactivos en general y en bitcoin en particular, cuenta con suficientes argumentos para ser considerado como de cierta relevancia. La industria está en constante crecimiento, cada vez más empresas fintech como Square, Revolut, Robinhood o Swissquote acercan el mundo cripto a sus clientes impulsando la adopción. La infraestructura básica como la custodia, se va creando de la mano de jugadores clásicos y nuevos participantes, el volumen real negociado está en aumento, los inversores institucionales empiezan a tomar posiciones no vistas hasta la fecha, las soluciones que se van proponiendo van acercando poco a poco la economía tradicional a la criptoeconomia, las divisas digitales de los bancos centrales están sobre la mesa y el acelerón dado en la transformación digital mundial provocado por el covid-19 parecen indicar que, a estas alturas de la partida, quedarse fuera de este ecosistema es simplemente renunciar a los avances que ya están aquí. Bajo estas premisas, que el BTC pueda alcanzar de nuevo los 20.000 USD parece solo cuestión de tiempo.

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