Historias imprescindibles de la bolsa: El 'crash' de 1929 (II)
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Marc Garrigasait

El Abrazo del Koala

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Historias imprescindibles de la bolsa: El 'crash' de 1929 (II)

Continuación del relato de la semana anterior del libro 'Los Señores de las finanzas ('Lords of Finance') del 'crash' de 1929, un acontecimiento que cambió la historia de la economía y los mercados

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Continuación del relato de la semana anterior del libro de los Señores de las finanzas (Lords of Finances) del crash de 1929, un acontecimiento que cambió la historia de la economía y los mercados financieros mundiales:

Entre gritos de júbilo y silbidos, el mercado se recuperó espectacularmente y, al final del día, estaba tan sólo 6 puntos por debajo de lo normal. A pesar de que las acciones se habían visto aliviadas gracias a la operación de rescate, mientras aquella tarde el mercado se iba recuperando, Lamont (de JPMorgan) se enclaustró con los gobernadores del mercado de valores para advertirles que el apoyo de los banqueros era limitado: No existe un hombre o grupo de hombres que puedan comprar todas las acciones que el público norteamericano pueda vender.

Mientras los banqueros privados lanzaban un salvavidas al mercado, el banco central, la Reserva Federal, estaba paralizada a causa de las diferencias de opinión. Con el fin de suavizar la situación aquella mañana, los directores del New York Fedhabían votado a favor de recortar su tasa de préstamo del 6% al 5,5%, decisión que fue vetada desde Washington por la junta de la Reserva Federal. Esta última pasó el día inmersa en reuniones en sus oficinas del edificio del Tesoro, al lado de la Casa Blanca.

A las tres de la tarde, el secretario del Tesoro, Andrew Mellon, se incorporó a la reunión, que concluyó a las cinco sin que hubiese ningún pronunciamiento oficial. No obstante, un alto funcionario del Departamento del Tesoro síque habló off the record con los periodistas, expresando su opinión queel daño causado solamente representaba “pérdidas no realizadas” que no resultarían “desastrosas para los negocios y la prosperidad del país”.

Al día siguiente, los periódicos publicaron que la heroica maniobra de los banqueros había logrado contener el pánico. El Wall Street Journal tituló en portada “Los banqueros atajan la debacle de la Bolsa: cesa la avalancha de dos horas de ventas tras una conferencia en las oficinas de Morgan: 1.000 millones de dólares en ayudas”.

Los banqueros atajan la debacle de la Bolsa: cesa la avalancha de ventas tras una conferencia en Morgan

Aunque la cantidad aportada por el consorcio liderado por Morgan ni siquiera se aproximaba a esta cifra, el mercado permaneció estable durante los dos días siguientes, si bien seguía habiendo mucho movimiento. Corría el rumor de que los banqueros tenían suficiente confianza como para empezar a deshacerse de las acciones que habían adquirido el jueves obteniendo escaso beneficio. Sin embargo, el sábado el mercado empezó a caer de nuevo.

El segundo huracán de liquidaciones empezó a rugir el lunes 28 de octubre, el “Lunes Negro”. Llegó de todas direcciones, desmoralizando a los inversores individuales, provocando que los gestores de fondos de cobertura liquidasen sus fondos, haciendo que los europeos tirasen la toalla, obligando a los especuladores a hacer que sus clientes regularizasen su posición de margen y llevando a los bancos a ejecutar los avales (margins).Al final del día, nueve millones de acciones cambiaron de manos y el Dow descendió 40 puntos, aproximadamente un 14%, lo que supuso la mayor caída porcentual de la historia de la bolsa en un solo día, y el valor de las acciones en estados Unidos se redujo en 14.000 millones de dólares.

Los periodistas, recordando las diversas ocasiones en la historia de Estados Unidos en que el mercado había sido rescatado por desde las oficinas de Morgan, acamparon frente al número 23 de Wall Street. A la una y media de la tarde, Mitchell, del National City Bank, fue visto entrando en el edificio. El mercado se recuperó inmediatamente. Sin embargo, no había rastro del resto de bancos ni indicio alguno de ningún otro “apoyo organizado”. Más adelante se supo que Mitchell se había excedido personalmente y, desesperado por conseguir dinero, había acudido allí para negociar un préstamo privado.

La prensa no se dio cuenta de que el auténtico centro de poder ya no se encontraba en Morgan, sino que se había desplazado tres manzanas al norte, a las oficinas de la Reserva Federal de Nueva York, en el número 33 de Liberty Street. El verdadero héroe del día no fue ninguno de los banqueros….sino George Harrison, del New York Fed.

El auténtico centro de poder se había desplazado tres manzanas al norte, a las oficinas de la Fed de NY

Los bancos que centralizaban el dinero del país se enfrentaban a una amenaza potencial para su subsistencia, especialmente los gestores de fondos de cobertura, pues tenían enormes posiciones apalancadas en el mercado de valores, financiadas mediante préstamos a intermediarios, parte de los cuales procedían de los bancos.

En Wall Street las luces de los rascacielos permanecían encendidas hasta altas horas mientras extenuados oficinistas y contables trataban de cuadrarsus libros de contabilidad tras un día de operaciones sin precedentes. Mientras tanto, en las oficinas del Fed en Liberty Street, Harrison y su personal urdían un plan para inyectar grandes sumas de efectivo en el sistema bancario comprando títulos del Estado. A primera hora de la mañana siguiente, antes incluso que abriese el mercado, el New York Fed inyectó 50 millones de dólares.

Aquel día, que de manera poco original fue bautizado como “Martes Negro”, no se redujeron las ventas. El enviado del New York Times al lugar de los hechos (junto a una multitud de unas 10.000 personas) describió Wall Street esa mañana como una calle de “esperanzas desvanecidas, de aprensión sorprendentemente silenciosa, y de hipnosis paralizadora”.

Aquel día el consorcio de banqueros se reunió dos veces. Lamont sonó claramente menos confiado durante la siguiente conferencia de prensa. Su objetivo, dijo a los periodistas, no era sostener los precios, sino mantener el orden en el mercado. Hacia el final del día, después que más de 16 millones de acciones cambiaran de manos y el Dow cayese más de 80 puntos –había perdido ya 180 puntos o, lo que es lo mismo, cerca del 50% de su valor en menos de seis semanas–,parecía que la venta había empezado a agotarse. Durante los últimos quince minutos de operaciones, el mercado experimentóuna fuerte recuperación de 40 puntos.

Wall Street era una calle de esperanzas desvanecidas, de aprensión silenciosa y de hipnosis paralizadora

Durante el día, la Fed de Nueva Yorkhabía inyectado otros 65 millones de dólares. Aquella tarde un grupo de banqueros algo mayor volvió a reunirse en la biblioteca de la casa de Jack Morgan,el mismo escenario del rescate llevado por su padre en 1907.

Con las acciones en caída libre, todos los que habían inyectado dinero en el mercado de préstamos a intermediarios corrían hacia la salida. Durante los días transcurridos desde el Jueves Negro, más de 2.000 millones de dólares, alrededor de una cuarta parte de todos los préstamos a intermediados habían sido retirados,provocando un masivo incremento de las ventas. Algunos banqueros propusieron cerrar la BolsaHarrison se mantuvo inflexible. “La Bolsa ha de permanecer abierta cueste lo que cueste”. En lugar de ello propuso que los bancos de Nueva York asumiesen buena parte de los préstamos a intermediarios.”Estoy dispuesto a aportar todos los fondos de reserva que sean necesarios”, aseguró a los banqueros.

Durante los días siguientes, mientras la Fed hacia justamente eso, los bancos de Nueva York asumieron más de 1.000 millones de dólares en carteras de préstamos a intermediarios. Se trataba de una operación que no fue publicitada por el consorcio de Morgan.Harrison no solamente impidió un desplome de la Bolsa aun mayor, sino que evitó claramente una crisis bancaria. Aunque el crash de 1929 suponía la undécima situación de pánico financierodesde el Viernes Negro de 1869 y fue, en casi todos los aspectos, la más grave. Se trató de la primera que tenía lugar sin que se produjese un desplome bancario o empresarial importante.

El mercado continuó operando durante los dos últimos días de octubre. A continuación se desplomó de nuevo, alcanzó las pérdidas del Martes Negro el 13 de noviembre. Las últimas semanas del mes, el Dow Jones se había situado alrededor de 140, lo que suponía un descenso del 40% en las ocho semanas transcurridas desde finales de septiembre."

Las diferencias entre el crash y pánico de 1907 y el de 1929 no podían ser más relevantes. Un sólo hombre, John Pierpont Morgan, el malhumorado responsable de JP Morgan en 1907 lideró un rescate inmediato de la bolsa y del sistema bancario en Nueva York con menos fondos e instrumentos que en 1929 y sin ser el mayor banco del sistema. Su decidida actuación en 1907 demostró la enorme importancia del liderazgo y la psicología humana en las crisis bancarias y de los mercados financieros. De hecho, en 1929 ya existía incluso un banco central norteamericano, pero la Fed no tenía la credibilidad de la que gozaba una persona como John Pierpont Morgan.

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