Dinero para el pueblo

¿Se imagina que los bancos centrales, en lugar de bajar los tipos de interés o de comprar diversos activos financieros para luchar contra la deflación, simplemente

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    ¿Se imagina que los bancos centrales, en lugar de bajar los tipos de interés o comprar activos financieros para luchar contra la deflación, simplemente decidiesen imprimir dinero para dárselo a la gente? Sí, ha leído bien, nada de medidas exóticas, nada de programas monetarios complejos y difíciles de entender, simplemente crear dinero de la nada para ingresarlo en la cuenta corriente de cada ciudadano. Así de sencillo, así de fácil. Como si la correspondencia de esta mañana nos hubiese obsequiado con un sobre lleno de billetes de curso legal. ¿Podría ser esta la verdadera solución a la crisis y a la deflación?

    Suena a disparate, lo sé, pero si digo que esta idea ha sido publicada en el último número de Foreign Affairs que edita el reconocido Council on Foreign Relations (“Print Less but Transfer More” – September/October 2014 Issue) o que sus autores son Mark Blyth, profesor de política económica en Brown University (una de las universidades de la ‘Ivy League’), y Eric Lonergan, gestor global macro en M&G, quizá comencemos a replantearnos hasta qué punto algo así puede tener sentido. Pues, estimado lector, déjeme decirle que no solo tiene sentido sino que la medida puede ser la próxima gran revolución en la caja de herramientas de los bancos centrales.

    Dar dinero al pueblo llano es una forma de incentivar la demanda, algo que tradicionalmente se hace de forma directa bajando los impuestos o aumentando el gasto público, o de forma indirecta bajando los tipos de interés o aumentando la masa monetaria. Su ventaja sobre las políticas fiscales es que estamos ante algo sencillo de implementar técnicamente y de efecto inmediato (al revés que ocurre con la inversión en infraestructuras, con las bajadas del IRPF, etc), y su ventaja con respecto a las políticas monetarias es que no se provocaría la gran distorsión que estamos viendo en los mercados financieros, además de conseguir incrementar el gasto de una forma mucho más eficiente.

    En realidad la idea, a poco que dejemos atrás los prejuicios, parece muy superior a todas las medidas llevadas a cabo hasta el momento. Evitaríamos que el Gobierno se equivoque modificando su mix de impuestos, que no realice inversiones productivas, que no fluya el gasto público a donde realmente se necesita. Evitaríamos las burbujas financieras pero también que los bancos centrales rescaten implícitamente a entidades quebradas, e incluso que aumente la desigualdad fruto de políticas tradicionales que favorecen más a un ‘too big to fail’ que a una persona con verdadera necesidad. Sería el ciudadano corriente quien decidiese cual es el mejor uso de los fondos (o en todo caso se podrían establecer algún tipo de condicionantes para evitar usos dañinos, como podrían ser ciertos vicios).

    De hecho Blyth y Lonergan dan una vuelta más a la hipótesis para proponer que la inyección extraordinaria se realice en función de la renta para beneficiar especialmente al 80% de la población con menos ingresos, lo que no solo no aumentaría la desigualdad sino que la reduciría, y eso sin realizar ningún tipo de política fiscal confiscatoria al ‘estilo Piketty’: aquí no se castiga, ni siquiera al 1% con más riqueza, por la contra se ayuda al que menos ingresos tiene. ¿Cómo es posible que nunca antes se haya intentado nada así? ¿Acaso no es mucho más discutible implementar un ‘quantitative easing' que esto?

    Se calcula que la medida tendría un multiplicador de 1,3, por lo que con una simple inyección de dinero del 2% del PIB conseguiríamos un crecimiento de 2,6 puntos en dicho PIB. ¿Es mucho? En España sería algo así como 20.000 millones de euros, o entre 400 y 500 euros por persona. ¿Es injusto? Puede, ¿pero no lo son más las medidas actuales? ¿No es una distorsión a la libre competencia entre personas que unos nazcamos ricos y otros pobres, que unos puedan acceder a una buena educación y otros no? ¿Es inflacionario? Y acaso, ¿no es lo que buscamos? ¿Es excesivamente inflacionario? Bien implementado no tendría que serlo más que las medidas actuales.

    En realidad no estamos ante algo tan radical, puesto que economistas tan brillantes como Keynes, Friedman o Bernanke defendieron a lo largo de su carrera actuaciones de este estilo, aunque sin verdadero éxito fuera del mundo académico hasta la llegada de la presente crisis. La gran diferencia entre el pasado y el presente es que una medida tan controvertida nunca se aprobaría para resolver un simple problema coyuntural, por la contra si no existiese más remedio sí podría ser usada para resolver un problema estructural. ¿Habremos llegado a ese punto?

    A pesar de la progresiva recuperación de la economía estadounidense, en donde han aplicado un fuerte estímulo tanto monetario como fiscal, cada día son más los economistas que se apuntan a la teoría expuesta por Larry Summers conocida como ‘estancamiento secular’, publicándose este verano un libro en donde voces tan influyentes como el propio Summers, Olivier Blanchard, Krugman o Richard Koo dan su opinión al respecto (“Secular Stagnation: Facts, Causes and Cures” 15-08-2014). Quizá la economía occidental ya no es capaz de crecer sin una sobredosis de estímulos, y lo que es peor, quizá las tendencias deflacionarias están aquí para quedarse a pesar de todo lo hecho hasta el momento.

    Son varios los motivos para pensar que las tendencias deflacionarias actuales pueden tener un cierto carácter estructural. La tecnología y el auge de los robots provocan que cada día los costes unitarios sean inferiores; China, con su exceso de capacidad, exporta deflación al resto del mundo; el envejecimiento de la población provoca una menor propensión a consumir e invertir en la economía real; la globalización provoca una mayor competencia, tanto entre empresas, como principalmente entre trabajadores, minorando el poder de negociación de los empleados y provocando una bajada de salarios. ¿Existen tendencias deflacionarias por la crisis, o existen tendencias deflacionarias porque en pocos años el mundo ha cambiado y no nos hemos enterado?

    Dicen los autores que hemos llegado a un punto en donde las burbujas están yendo demasiado lejos. Greenspan creó una burbuja inmobiliaria por el insuficiente apoyo que le prestó la política fiscal, haciendo que fuese la monetaria la que tuviese todo el protagonismo y causando de este modo graves efectos colaterales. Años después hemos pasado página, pero seguimos en el mismo libro. Temen que exista una grave burbuja en el mercado de bonos y temen que pronto se contagie a otros activos financieros, como podrían ser las acciones. ¿Quizá la economía occidental, no solo no es capaz de crecer sin estímulos, sino que necesita cada día dosis mayores? ¿Habrá llegado el momento de buscar alternativas?

    Quizá todo sea coyuntural, quizá poco a poco todos los países vayan saliendo de esta profunda crisis, y los consumidores consuman, y las empresas inviertan y la deflación deje de amenazarnos. Pero quizá todo tenga un carácter más estructural. Porque quizá no vivimos una crisis puntual sino que ésta es fruto de factores que se han gestado durante muchos años, factores que han pasado inadvertidos gracias a los estímulos artificiales. Porque quizá la recuperación actual es real, pero insuficiente, y una vez vuelvan a aumentar los tipos de interés y el coste de endeudarse, los hogares y las empresas se negarán a aumentar su apalancamiento, provocando una salida en falso. Quizá todo vaya bien… pero si no es así estén atentos, porque volverán a escuchar el nombre de una nueva política monetaria: dinero para el pueblo.

    Perlas de Kike
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