Las empresas ya no invierten, especulan

Las empresas estadounidenses han dejado de invertir en la economía real para centrarse en las inversiones financieras. Esta práctica podría ser muy perjudicial en el largo plazo

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Estamos viviendo lo que muchos denominan una “no capex recovery”, esto es, una supuesta recuperación económica que no está siendo acompañada por la inversión en la economía real. El porqué de tal situación no está claro: para unos se trata del exceso de capacidad instalada; para otros es consecuencia del estancamiento de los salarios, especialmente de la clase media y baja, quienes a priori tienen una mayor propensión al consumo en relación a su renta. Hay quien habla de tecnología, de robots, de competencia… Sea como fuere, lo que sí está claro es a dónde está dirigiéndose el dinero en su lugar. Ahora las empresas ya no invierten, especulan.

Con especular no me refiero a realizar inversiones cortoplacistas, inmorales o no productivas… no. ¿Quién delimita el plazo para que algo se considere especulación? ¿Quién delimita la bondad de algo si ese algo cumple todas las leyes? ¿Quién decide qué inversiones serán buenas para una empresa y cuáles no? La ‘especulación’ se critica a menudo, y sin embargo en la práctica todo el mundo busca un retorno para su dinero lo más alto y rápido posible, cumpliendo, eso sí, la ley. Lejos de moralismos, a lo que me refiero con especulación es a que las empresas, especialmente estadounidenses, están dejando de lado sus actividades tradicionales para depender cada vez más de la evolución de los mercados.

Véase por ejemplo una noticia que ha sido publicada en numerosos medios. En el mes de abril, últimos datos disponibles, se han anunciado planes para recomprar acciones por un montante total de 133 mil millones de dólares en el mercado estadounidense, cifra sin parangón a lo largo de la historia. Las estimaciones hablan de que en 2015 podríamos alcanzar una cuantía de 1,2 billones de dólares (billones españoles) en anuncios, superando notablemente el récord de 863 mil millones de 2008. O lo que es lo mismo, estamos viviendo un buyback boom, como dicen al otro lado del charco. Véase como muestra la siguiente gráfica de BlackRock.

Aunque las cifras son significativas, y mucho, que una empresa recompre sus acciones no es necesariamente ni bueno ni malo. El efecto que se produce es que, al sacar acciones del mercado, los accionistas perciben una mayor porción del beneficio de la empresa por cada acción que poseen, lo que a priori hace subir el precio y, por tanto, se convierte en una remuneración similar a los dividendos. Todo ello ceteris paribus, porque en la práctica lo importante es si esas acciones se compran caras o baratas.

Si las acciones se compran caras, el efecto de un mayor beneficio por acción se verá diluido por la mala evolución de la inversión realizada, y viceversa. Por ello, a pesar de las críticas, la vorágine de buybacks tuvo todo el sentido en los últimos años en los que las valoraciones del mercado se encontraban por debajo de su media histórica, pero ¿lo tiene ahora que existe la percepción general de que el mercado estadounidense no está barato, e incluso podría estar caro?

No hablamos de un elemento anecdótico ya que, según apuntan en el artículo de BlackRock, recientemente el montante de dividendos y recompra de acciones ha superado a la inversión en ‘capex’. Por tanto, lejos de lo bien o mal que les salga la jugada, lejos de saber cómo evolucionará el mercado y si las recompras de acciones beneficiarán a los accionistas o no, lo que sí se percibe es que las empresas están dejando su suerte en manos del mercado. En lugar de depender de sus inversiones en la economía real, en lugar de depender de sus actividades principales, se están volcando en la ‘especulación’.

¿Qué ha pasado con la creación de valor? ¿Con situar al cliente en el centro del negocio? ¿Con la orientación a largo plazo?

En términos similares se expresa el estratega de Goldman Sachs David Kostin, quien en uno de sus informes afirma que las recompras de acciones representan un “uso cuestionable de la liquidez” teniendo en cuenta las valoraciones actuales. En su lugar propone aprovechar el alto precio de las propias acciones para adquirir otras empresas. Y, si bien esta estrategia es también muy cuestionable (adquirir una empresa sobrevalorada no es mejor que comprar las propias acciones caras), parece que este pensamiento se está extendiendo, ya que no solo las recompras de acciones están en niveles récord, también las fusiones y adquisiciones.

En mayo se produjeron M&A por importe de 243 mil millones de dólares, frente a los 226 mil de mayo de 2007 o los 213 mil de enero del año 2000. Es cierto que las cifras son récord en niveles absolutos y no en términos relativos, pero igualmente sirven como muestra de la tendencia existente: todo menos invertir para crecer orgánicamente. Y si bien algo así puede justificarse en sectores con bajas rentabilidades que necesiten consolidación, debe preocuparnos que veamos comportamientos propios de hedge funds allá a donde miremos.

Si bien ninguno de estos comportamientos es reprochable en sí mismo (existen buenas adquisiciones, buenas fusiones, buenas recompras de acciones…), lo que pueden indicar estos datos es que el sector empresarial ha perdido de vista la creación de valor en el largo plazo, para apuntarse a la especulación y aprovecharse de las intervenciones provocadas por los bancos centrales. Si en los últimos tiempos hemos hablado de las distorsiones provocadas por las políticas monetarias, añadamos una más: han matado el largo plazo.

No lo digo solo yo, véase la última intervención de Larry Fink, CEO de BlackRock, quien afirma que las empresas “están favoreciendo las acciones que proporcionan retornos inmediatos para los accionistas, como las recompras de acciones o los dividendos, a la vez que dejan de invertir en innovación, en la fuerza laboral o en el capex necesario para mantener el crecimiento a largo plazo”. Antaño se priorizaba el largo plazo, posteriormente pasamos a priorizar el corto plazo como medio para alcanzar los objetivos a largo plazo, y ahora, directamente, nos olvidamos del largo plazo. Y el que venga detrás que arree.

¿Qué ha pasado con la creación de valor? ¿Con situar al cliente en el centro del negocio? ¿Con la orientación a largo plazo? ¿Con considerar a los empleados como pieza clave para el éxito empresarial? ¿Qué ha pasado con esas empresas que tienen una actividad, son capaces de diferenciarse, e invierten día a día para seguir mejorando en ella? ¿Qué ha pasado con todas esas enseñanzas que todos los libros de gestión empresarial divulgan? Quizá nos hemos quedado antiguos, o quizá los efectos de esta crisis, aunque la economía crezca, tardarán mucho más de lo que pensamos en limpiarse.

Perlas de Kike

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