Un precio para alquilar el mercado único

En muchos clubs de cualquier tipo que ofrecen derechos a los socios que pertenecen a él se permite a los no socios que hagan uso de las instalaciones pagando por ello

Foto: La primera ministra del Reino Unido en una conferencia en Bruselas. (Reuters)
La primera ministra del Reino Unido en una conferencia en Bruselas. (Reuters)

Reino Unido continúa estudiando fórmulas para relacionarse con la Unión Europea. Desde el referéndum en el que los británicos decidieron abandonar el club europeo, sus dirigentes trabajan en todo tipo de soluciones que les permitan recuperar el control de la inmigración y a la vez seguir accediendo al mercado único europeo.

La semana pasada conocimos que se están planteando pagar miles de millones al presupuesto de la UE para seguir manteniendo el acceso a dicho mercado. Es algo que sería difícil de explicar a sus ciudadanos, pero si se ve con perspectiva es más lógico de lo que pueda parecer en un primer momento.

Desde la reciente crisis del euro, la eurozona ha continuado avanzado hacia una mayor integración y ha dejado descolgados a los países que no se han incorporado a la divisa única. Reino Unido, el estado con mayor peso dentro de ese grupo (su PIB supera a la suma de los otros 8 que están en la UE fuera del euro) ha perseguido modificar las normas del club europeo para poder seguir estando cómodo en él. Llegaron a un acuerdo, pero los ciudadanos han decidido en referéndum (aunque no hayan votado con esos motivos en la cabeza) que los cambios no son suficientes. Por tanto, el nuevo ejecutivo ha recuperado las demandas no satisfechas en aquel acuerdo y ha hecho de la medida socialmente más conocida (control total de la inmigración) su bandera.

El precio que se cobra por pertenecer a determinado club a uno no socio suele ser muy elevado con la finalidad de que le interese hacerse socio

Por otro lado, son conscientes que Reino Unido necesita el mercado único y a la Unión Europea le conviene que siga perteneciendo a él. Por ello, habiendo intentado cambiar las normas del club sin éxito suficiente y habiendo decidido salir del mismo, un paso lógico es intentar pagar por hacer uso de aquello que quieren, necesitan y de lo que no pueden prescindir (mercado único).

En muchos clubs de cualquier tipo (deportivos, de negocios, etc) que ofrecen derechos a los socios que pertenecen a él se permite a los no socios que hagan uso de las instalaciones pagando por ello. El precio que se les cobra suele ser muy elevado con la finalidad de que les interese hacerse socios.

En este caso se podría llegar a una solución similar. No obstante, la Unión Europea debe ser consciente de que si el precio que se le cobra a Reino Unido para acceder al mercado fuese bajo, otros países demandarían esquemas similares. Por el contrario, si es muy elevado tarde o temprano alguien en Reino Unido propondrá volver a entrar en la UE. El precio a cobrar por hacer uso de aquello que es de un club suele ser suficientemente alto como para que a los socios no les importe que haya quienes prefieran dejar de pertenecer al club y pagar por la utilización.

La situación actual daña principalmente la confianza de los empresarios y consumidores británicos. Theresa May no debería tomárselo con tanta calma

Eso sí, sean socios o no de la UE, los que utilicen el mercado único deben respetar las normas que se establezcan en los órganos comunitarios. Por ejemplo, no permitir que una empresa que haya recibido ayudas de estado pueda acceder al mercado y competir con otras que no las tengan. Lo que significa que seguirían teniendo que ceder soberanía en estos aspectos para que un tribunal europeo pudiera sancionar al país si incumplen.

Tenemos por delante dos años de ideas, propuestas y negociaciones. Deberían servir para que nos diésemos cuenta de qué aspectos del club aportan valor a los socios y cuáles no. El proceso que acaba de comenzar será largo y podemos ser todo lo optimistas o pesimistas queramos.

Mientras tanto la incertidumbre está perjudicando a las economías de la UE y Reino Unido de una manera desigual. Aunque no se haya solicitado la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa, la situación actual daña principalmente la confianza de los empresarios y consumidores británicos. Theresa May no debería tomárselo con tanta calma.

Rumbo Inversor

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