La búsqueda de empresas supervivientes al COVID-19

El coronavirus nos ha puesto en alerta a todos. Lo primero que hemos hecho los humanos es cerciorarnos de cuál es la tasa de supervivencia de la enfermedad

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El coronavirus nos ha puesto en alerta a todos. Lo primero que hemos hecho los humanos es cerciorarnos de cuál es la tasa de supervivencia de la enfermedad. Después de comprobar que nuestras posibilidades de superarla son elevadísimas, hemos pasado a la siguiente fase: analizar cómo nos va a afectar y tratar de minimizar los daños.

En el mundo empresarial todavía estamos en la primera fase. No sabemos qué porcentaje de compañías van a sobrevivir. Depende del alcance y duración de las medidas restrictivas que estamos tomando para tratar de controlar el ritmo de contagio del virus y de las herramientas fiscales y monetarias que utilicemos para tratar de minimizar el daño económico.

Las bolsas han reaccionado con fuertes caídas más o menos generalizadas. Ahora es cuando toca el trabajo fino. Encontrar aquellos negocios que, a pesar de las caídas, tienen muchas posibilidades de sobrevivir y de crecer una vez superado el coronavirus.

La primera parte de trabajo consiste en prever la evolución de los ingresos y de los gastos en este entorno. Debemos hacernos una idea de hasta qué punto se puede tensionar el flujo de caja de las empresas. Para ello, debemos pensar primero en las decisiones de los clientes y cómo afectarán a los ingresos de las compañías. Y en segundo lugar, debemos estimar cómo evolucionarán los gastos. No es sencillo porque todas las empresas están tomando medidas para tratar de contener el golpe. Estas decisiones tienen a su vez consecuencias en otras empresas y en otros agentes económicos (empleados).

A simple vista se puede comprobar como el impacto será tremendamente desigual dependiendo del sector. Los sectores más damnificados serán los relacionados con el turismo y el ocio presencial. También se verá perjudicado el consumo cíclico, con algunas excepciones. Los que mejor aguantarán son aquellos en los que la demanda no disminuye o aumenta (alimentación, salud, servicios online, etcétera).

Después de este primer análisis, debemos centrarnos en la segunda derivada. ¿Qué ocurrirá cuando esto termine? En el momento que se deje de restringir la movilidad y la vida social, probablemente la demanda repuntará muy rápidamente en todo aquello que no se ha podido hacer antes (viajes, turismo, ocio), disminuyendo entonces el interés por aquellos bienes y servicios que han tenido un boom en la fase en la que la población ha permanecido en sus domicilios.

Ante estos vaivenes de demanda, a la hora de invertir debemos tener muy en cuenta el factor quiebra (muerte de las empresas). Las compañías más débiles, las que estén asumiendo más riesgo o las que se adapten más lentamente a los cambios, no sobrevivirán. Por el contrario, las que tengan mejor posicionamiento competitivo, más flexibilidad y menos deuda podrán hacer frente mejor a las amenazas y aprovechar las oportunidades cuando se presenten.

En mi opinión, este no es el momento de elegir las compañías aparentemente más baratas, sino las empresas con modelos de negocio más robustos y flexibles. Asoma una crisis de duración y alcance indefinido. No obstante, estamos también ante una excelente oportunidad de inversión.

Rumbo Inversor
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