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La democratización de los productos estructurados
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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La democratización de los productos estructurados

Ahora, los productos estructurados están dando el salto a la renta variable americana con el foco también puesto en el mercado minorista

Foto: Foto: Reuters
Foto: Reuters

En 2004, los tipos de interés estaban en mínimos históricos: 1% en Estados Unidos y 2% en la eurozona, y los diferenciales de crédito de la renta fija privada cada vez se estrechaban más, es decir, ofrecían cada vez menor rentabilidad adicional.

En esa época florecieron los productos estructurados de renta fija. Eran estructuras complejas y normalmente apalancadas que se ofrecían a los gestores de fondos de inversión y planes de pensiones para que obtuvieran una rentabilidad adicional sobre los bonos simples. Los mejores comerciales de los bancos de inversión se dedicaban a vender este tipo de productos porque les generaban mayores comisiones de venta.

Muchos gestores profesionales no llegaban a comprender del todo los riesgos asumidos, pero se lanzaban a estos productos por la necesidad de ofrecer una rentabilidad adicional. La crisis de crédito que comenzó en 2007 acabó con ese prolífico mercado de productos estructurados, apalancados e ilíquidos.

Foto: Sede del BCE, en Frácnfort. (Reuters / Kai Pfaffenbach)

Después de la crisis financiera, los gestores profesionales no querían ni oír hablar de notas estructuradas; habían sufrido en sus carnes las pérdidas e iliquidez de las mismas. Sin embargo, en 2014, cuando los depósitos bancarios ya no pagaban los mismos intereses de años atrás —porque los bancos volvían a poder financiarse fácilmente en los mercados de capitales y no dependían tanto de los depósitos—, el mercado de productos estructurados volvió a florecer, esta vez en el mercado minorista. El motivo principal fue la necesidad de las redes bancarias para vender un producto conservador que ofreciera mayores comisiones de comercialización.

Si gran parte de los profesionales no llegaba a entender los riesgos de estos productos, mucho peor fue cuando se vendían estos productos en las sucursales y bancas privadas. La diferencia de información entre el que ofrecía el producto y el que lo compraba era abismal.

Esta situación la resolvieron en gran parte los reguladores. Se pusieron trabas a la comercialización de productos complejos a clientes minoristas y se acabó con gran parte de aquel abuso.

Ahora, los productos estructurados están dando el salto a la renta variable americana con el foco también puesto en el mercado minorista. Otra vez el motivo es el mismo: la falta de margen del comercializador. Las comisiones por operar con acciones se han desplomado tras la aparición de entidades como Robinhood o Cash App. En esta tesitura, están floreciendo ETF estructurados que siguen determinadas estrategias de inversión de manera apalancada.

Foto: EC.

Estos ETF son una versión cotizada de estructuras apalancadas, que ofrecen atractivas comisiones a las entidades financieras que los comercializan, estructuran y ejecutan las operaciones. La gran innovación de estos productos es que, si los vehículos son grandes, tienen liquidez y son fácilmente accesibles. Además, estos ETF estructurados encuentran en foros como Reddit el altavoz que necesitan para llegar a muchos pequeños inversores.

Sin embargo, los inconvenientes siguen siendo los mismos: los riesgos y costes ocultos que no son fáciles de comprender por la inmensa mayoría de quienes invierten en ellos. Es frecuente encontrar inversores que creen entender los riesgos que tienen los productos y que, cuando se le explican de verdad, con detalle y sin el interés del vendedor, se llevan las manos a la cabeza. Es habitual que no tengan en cuenta riesgos de impago de alguna de las partes involucradas, que no sean conscientes de qué ocurre en determinados escenarios que no se explican con claridad, desconozcan qué escenarios son los más probables o no comprendan cómo evoluciona la valoración de los derivados implícitos según cambie la cotización de los subyacentes o transcurra el tiempo. Es decir, normalmente se quedan con una idea simplificada del producto, que se parece mucho a la que le ha transmitido un vendedor u otro inversor, que probablemente tampoco entienda bien los riesgos de la estructura.

Además, en los productos más novedosos, a veces son los propios diseñadores (profesionales) los que por desconocimiento se encuentran con problemas, errores o situaciones que no habían previsto y las entidades se ven abocadas al cierre de los productos.

Termino recordando lo que aprendimos en la crisis subprime: cuando los comercializadores de productos financieros cobran por vender productos complejos en los que los clientes no son conscientes de los riesgos asumidos y nadie da la cara por el buen fin de las inversiones, la tragedia está servida.

En 2004, los tipos de interés estaban en mínimos históricos: 1% en Estados Unidos y 2% en la eurozona, y los diferenciales de crédito de la renta fija privada cada vez se estrechaban más, es decir, ofrecían cada vez menor rentabilidad adicional.

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