Los españoles, nuevos 'pagafantas' de Europa

Mucho me temo que a partir de ahora se llamará así, “pagafantas”, a los ciudadanos de la Unión Europea, sobre todo a los contribuyentes españoles. Nos

Mucho me temo que a partir de ahora se llamará así, “pagafantas”, a los ciudadanos de la Unión Europea, sobre todo a los contribuyentes españoles.

Nos cuentan que una reestructuración de la deuda griega sería “un suicidio”. Pues miren Uds., yo creo que sólo sería suicida para los pocos analistas que no han tenido en cuenta la posibilidad de un “default” en los bonos griegos.

Y digo que deben ser más bien pocos, porque hay que ser incompetente como para no considerar esta posibilidad a la hora de analizar la cotización de un banco europeo, cuando el bono griego a diez años ofrece una rentabilidad del 15,5% frente a un 3,11% de su equivalente alemán.

Los números cantan: si la posibilidad cero de “default” y la máxima solvencia -Alemania-  paga un interés del 3,1% para conseguir dinero, el que necesita pagar casi cinco veces más es que está a la puerta de sentarse a renegociar su deuda con los acreedores.

No hace falta ser analista financiero para darse cuenta de algo tan obvio. Así que a menos que todos los analistas de banca sean unos incompetentes -que no lo son-, la reestructuración de la deuda griega está descontada desde hace tiempo por los mercados y, en muchos casos, por los propios bancos propietarios de los bonos, que para eso están las provisiones para insolvencias.

No sería el fin del mundo en las bolsas, se lo aseguro, y eliminaría mucha incertidumbre, que eso sí que afecta negativamente a los mercados.

Pero voy a ir un poco más lejos, incluso a riesgo de ser políticamente incorrecto (el asesor financiero que cuida la corrección política incurre en el imperdonable riesgo de creerse lo que dicen los políticos): si Grecia no consigue levantar el vuelo, sería bueno que, aunque fuera temporalmente, abandonara el euro.

Sería bueno para Grecia, sería bueno para la Eurozona y sería bueno para el euro. Sería bueno para Grecia porque en situaciones realmente graves las devaluaciones competitivas son la única solución posible. Cualquier economista serio sabe que esto no es una blasfemia contra la ortodoxia económica. Más bien al contrario, es una de las herramientas de política económica que han manejado casi todos los grandes economistas, al igual que no hay ningún médico que considere una locura aplicar cirugía si no hay otro remedio.

Si Grecia devalúa, podría competir con Corea a la hora de, por ejemplo, vender barcos, o de atraer de forma masiva el turismo mundial. Además, le sería mucho más fácil realizar su inevitable ajuste fiscal. Lo que es un suicidio es lo que están haciendo ahora, además de una salvajada para con sus ciudadanos. No se puede estar en un club cuyas cuotas te impiden llegar a fin de mes. Y, encima, tener que pedir dinero al resto de socios para pagarlas.

Seamos realistas: no se pueden devolver deudas si no se generan ingresos -salvo que tengas un gran patrimonio, que no es el caso (no van a vender el Partenón)- porque, además, antes que pagar al banco tienes que comer. Un país no sale adelante sin crecimiento. Esto lo entienden muy bien el Sr. Bernanke y el Sr. Obama (el Sr. Trichet va a necesitar un par de tardes para entenderlo).

Los dirigentes norteamericanos no tienen ningún problema con un dólar débil y, por lo tanto, competitivo, sobre todo cuando la inflación se mueve en niveles razonables, como es el caso. Creciendo al 3% o al 4% se generan ingresos fiscales lo que, unido al control del gasto, acaba equilibrando el déficit. Pero dentro del euro Grecia no está en condiciones de crecer al 4%. Ni siquiera de crecer.

En una situación tan grave como la que sufre actualmente, o se aplica cirugía o al final el paciente se muere, pero mientras se alarga la decisión de operar el tratamiento cuesta una pasta. La deuda acabará siendo reestructurada, los préstamos de la UE también -o se convertirán en donaciones, como los prestamos del FROB- y al final Grecia tendrá que pasar por el quirófano. Tal vez habría que considerar la posibilidad de ahorrarse el tratamiento sintomático -y su enorme coste económico y social- y pasar directamente a operar.

La salida de Grecia del euro tampoco tiene porqué ser mala para la UE y para el euro. Olvidémonos de dogmas y actos de fe, que esto son finanzas, no religión, y analicemos fríamente la situación. Sin el lastre de Grecia -y probablemente sin algún otro “michelín”- la UE saldría adelante sin problemas, porque casi todos los demás socios están demostrando capacidad de crecimiento y ajuste fiscal (no es el caso de España, pero de eso hablamos un poco más adelante). Y lo más importante: son los que pueden pagar la cuota del club y les interesa hacerlo.

Otra gran ventaja sería que los países fuertes podrían concentrar sus fuerzas en salvar a los débiles que todavía estén en condiciones de ser salvados. Es el caso de España, otro país problemático, pero ni de lejos tanto como Grecia y que, además, resulta demasiado grande e importante para la Unión como para dejarlo caer.

A estas alturas, lo único que resultaría perjudicado por una reestructuración de la deuda griega y/o por su posible salida del euro sería la imagen y el prestigio de los políticos europeos, que metieron en el mismo club a Grecia y Alemania sin crear en paralelo una autoridad económica común. Pensaron en términos geográficos y políticos -Grecia es sin duda una pieza fundamental en la construcción política y en la historia de Europa-  y, cómo no, en su gloria personal, pero no calcularon las consecuencias económicas de hacer el trabajo a medias. Y ahora toca pagar. ¿Y quién paga? Pues los de siempre: los “pagafantas”. Los ciudadanos.

Los españoles llevamos la peor parte, como siempre. Pagaremos una parte de la cuota del socio griego, pero además pagamos -y pagaremos- por mantener vivas cajas de ahorros totalmente inviables para que sus responsables (políticos de todos los colores) no pierdan el sillón ni acaben en los juzgados. En realidad habría bastado con cerrar ordenadamente las entidades más problemáticas. Habría costado menos que lo que se ha gastado y se gastará en mantenerlas abiertas.

Y si seremos “pringados” que, encima, en paralelo, nos bajan las pensiones. Dinero para las cajas, pero no para un currante que se ha dejado la piel trabajando y pagando impuestos la mayor parte de su vida. Y todo ello sin que la gente salga a manifestarse ante las sedes de los partidos políticos o monte grupos de resistencia cívica (pacífica, obviamente). El perfil psicológico del “pagafantas”, sin la menor duda.

Víctor Alvargonzález, consejero delegado de Profim,  Asesores Patrimoniales, EAFI

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