Un robot no habría comprado Google (ni Airbnb)

Probablemente los inversores no los entendían al principio, pero la mente humana, pese a sus defectos, tiene una capacidad de adaptación y una flexibilidad que todavía supera la del robot

Foto: Un robot de SoftBank. (Reuters)
Un robot de SoftBank. (Reuters)

Lo siento, pero no compro el paquete completo. Una cosa es que esté más que demostrado que son muy pocos los fondos que baten a los índices y que son pocos los casos en los que merece la pena pagar una gestión que solo es activa en el nombre, y otra muy distinta que la selección de activos la haga un robot. Seguramente en el futuro sí, pero igual que no me subiría todavía en un coche sin conductor para atravesar Madrid, tampoco dejaría en manos de un robot la gestión de mis ahorros.

Un robot no habría comprado Google en su salida a bolsa. No lo habría entendido. Tampoco habría entendido el modelo de negocio de los valores que más han subido en los últimos años. Y no lo habría entendido por la simple razón de que no existía un modelo anterior que se le pareciera, y los robots trabajan en base a información y datos preexistentes. Pero en cambio si que hubo humanos que compraron Google, Facebook, Twitter y Amazon cuando solo perdía dinero (mientras pacientemente le quitaba cuota de mercado a las cadenas de distribución cuyo modelo si entendía el robot)

Probablemente los inversores que compraron estos valores no los entendían al principio, pero la mente humana, pese a sus defectos, tiene una capacidad de adaptación y una flexibilidad que todavía supera la del robot. Al final vieron las inmensas posibilidades de esos modelos de negocio que parecían surrealistas y que ahora se están comiendo el mercado.

El robot hace lo que hacen los ordenadores cuando no entienden: se queda colgado. Y no sirve la fórmula de encender y apagar

¿Cómo le explicas a un robot el modelo Airbnb? Porque datos, lo que se dice datos, el algoritmo los devora, pero después de introducirle toda la información posible sobre todas las cadenas hoteleras del mundo, moteles y apartoteles incluidos, dile que analice una empresa cuyos ingresos dependen de lo mismo, pero que, pequeño detalle: no tiene hoteles. Ni habitaciones. Ni activo inmobiliario alguno. Obviamente en esa situación el robot hace lo que hacen los ordenadores cuando no entienden: se queda colgado. Y no sirve lo de encender y apagar, porque cuando se vuelva a encender seguirá sin entender nada.

Tampoco creo que entendiera la euforia del mercado ante la llegada de un señor a la presidencia de EEUU cuyo curriculum empresarial incluye varias sonadas quiebras, gestionar el certamen de Miss Mundo y un papel protagonista en varios “realitys”, todo ello acompañado de cero experiencia política. A lo mejor a la larga tiene razón el robot al no querer entrar en un mercado con ese presidente, pero, a corto plazo se ha perdido un buen rally. Probablemente porque no ha valorado el elemento humano, lo que Jamie Dimon, de JP Morgan, denomina los “animal spirits” económicos que desata la llegada de Trump al poder, como ocurrió con Reagan y, de forma más sutil y tecnológica, en la presidencia de Clinton (esto último es cosecha propia) Tal vez por eso JP Morgan todavía lo dirige un tipo listo como Dimon y no un robot.

Todos hemos sufrido la típica llamada a un operadora móvil en la que te atiende una máquina. “Diga si o no, de a ese número o al otro...”

Los robots tampoco entienden el miedo, la avaricia o la moda, es decir, no entienden tres factores absolutamente fundamentales en la evolución de los mercados. Pero además tienen un segundo inconveniente: les cuesta entenderse con la gente.

Todos hemos sufrido la típica llamada a un operadora móvil en la que te atiende una máquina. “Diga si o no, de a ese número o al otro, de almohadilla, repita su DNI” y, cuando crees que te van a pasar con alguien, la maquinita se queda colgada y hay que volver a empezar ¿Se lo imaginan llamando para pedir información sobre algo relacionado con tu inversión o por un papel que falta en tu documentación? Como diría Rambo, “un infierno”, porque aquí se trata de tus ahorros, no de una factura de móvil.

Un operador trabaja en el parqué neoyorquino de la Bolsa en Nueva York, Estados Unidos. (EFE)
Un operador trabaja en el parqué neoyorquino de la Bolsa en Nueva York, Estados Unidos. (EFE)

Entiendo y respeto el modelo que dice que inviertas en el SP&500, te olvides y te pongas a disfrutar de la vida. Técnicamente es perfecto. Pero estamos actuando con mentalidad de robot: la mayoría de la gente simplemente no está psicológicamente preparada para meter todo su dinero en un índice y seguir disfrutando de la vida como si nada en medio de una crisis financiera o una guerra, pese a que cualquier gráfico te diga y demuestre que es lo mejor que puedes hacer ¿Y saben porqué no podemos hacerlo? Porque no somos robots. Tenemos una determinada capacidad de asumir perdidas y necesitamos cierta información cuando las cosas se complican, aunque sea “on line”, al igual que los médicos saben que existe un umbral del dolor y que a la gente le tranquiliza saber que lleva esa pastilla que tienen que tomarse por las mañanas.

No seamos extremistas. La gestión debe ser indexada, pero hay excepciones más que justificadas. La inteligencia artificial va a cambiar este negocio, pero está para hacer el trabajo sucio – burocracia, informes, análisis cuantitativo, cumplimiento normativo - y para ayudar a la inteligencia humana en las tareas en las que la artificial todavía no es competitiva, no para sustituirla. La tecnología está para reducir costes y precios finales, pero no para aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid colocar un robot a dirigir el destino de tus ahorros. Para la empresa está de cine: el robot no protesta, no cobra, no paga Seguridad Social y trabaja 24 horas al día, 7 días a la semana. El problema es que todavía no entiende algunas cosas. Y que se explica fatal.

Telón de Fondo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios