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Los pesimistas parecen más listos, pero los optimistas se retiran en la playa
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Víctor Alvargonzález

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Los pesimistas parecen más listos, pero los optimistas se retiran en la playa

Horror terror y pavor: el S&P 500 ha perdido un 19 % en 2023. Esa es la noticia, claro. Obviamente, nadie la acompaña con un comentario

Foto: Varios agentes operan en el parqué de Nueva York. (EFE/Andrew Gombert)
Varios agentes operan en el parqué de Nueva York. (EFE/Andrew Gombert)

Horror terror y pavor: el S&P 500 ha perdido un 19% en 2022. Esa es la noticia, claro. Obviamente, nadie la acompaña con un comentario tipo "aun así gana un 160% en los últimos diez años, caída incluida".

En los años 80 el mayor enemigo de los inversores era la avaricia. Desde hace más de diez años el enemigo es el pesimismo. En los 80 los héroes mediáticos eran tipos que ganaban mucho dinero tomando grandes riesgos. En los últimos 12 años los héroes financieros son gente que no invierte y que le dice a la gente que no invierta. Un problema serio para los inversores, porque, si ya es difícil reunir la valentía necesaria para tomar posiciones cuando el mercado ha caído - que es cuando hay que tomarlas -, imagínense hacerlo cuando todo el mundo te dice que el cielo caerá sobre tu cabeza.

Foto: Foto: EC Diseño.

El que no es pesimista en las redes sociales no vende. Esa es la realidad social y mediática actual. Pero la realidad económica es muy distinta: quienes hacen caso al pesimismo woke en finanzas, no ganan dinero. Quienes se retiran en la playa no son los pesimistas profesionales, son los optimistas. Dato y no relato: desde 1946, los mercados bursátiles bajistas pierden de media un 34% y duran aproximadamente 15 meses. En cambio, los mercados alcistas ganan de media un 167% y duran 3,8 años.

La primera conclusión es evidente: el que se retira como un señor es el optimista, que gana dinero suficiente para poder hacerlo. El pesimista, suponiendo que ha ahorrado, habrá obtenido lo que le den en una cuenta corriente, un depósito bancario o un fondo garantizado, que en el largo plazo supone una cifra infinitamente inferior a la del que colocó al menos parte de su dinero en renta variable.

El optimista se retira en la playa, incluso aunque no haya aprovechado las caídas para comprar. Pero si además estuvo bien asesorado y aprovechó las rebajas, no solo se retira en la playa, sino que lo hace con chalet y barco. Es fácil de entender: imagínense que nuestro inversor optimista tuviera un buen asesor que le hubiera contado hace 20 o 30 años estos datos. Lógicamente, el inversor hubiera aportado dinero a su cartera cada vez que el mercado cayera más de un 20% (y un buen asesor se lo recordaría). No hace falta ser un genio de las matemáticas para entender que esa media del 167% subiría significativamente gracias a que las aportaciones fueron realizadas en periodos de rebajas.

Foto: Logo de BlackRock en su sede de Nueva York. (Reuters/Carlo Allegri)

Un ejemplo muy claro lo hemos tenido en 2022: reducir posiciones al inicio del año al ver llegar el cóctel explosivo de subidas de tipos y guerra, para comprar más adelante cuando el mercado de muestras de haber roto la tendencia bajista. No se sabía cuánto podía caer la bolsa, pero sí que con una mezcla tan negativa vas a poder comprar más barato y era una buena idea generar liquidez. En cuanto a lo del final de la tendencia bajista, de nuevo es un dato y no un relato: la tendencia bajista de medio y largo plazo, - el tipo de tendencia bajista del que estamos hablando - es una línea concreta que sabe dibujar quien conoce el análisis técnico. O se entra cuando el mercado haya caído más de un 20% y listo. Con los datos que tenemos de los últimos 75 años lo peor que puede ocurrir es que en algunos mercados bajistas hayas comprado un 10% antes de lo debido.

Si me apuran, les diré que no conozco a ningún empresario ni a ningún inversor de éxito que sean pesimistas. Un empresario pesimista no emprendería o tiraría la toalla a la primera de cambio. Y un inversor que solo haga lo que le dicen los influencers vendedores de miedo no invierte.

Foto: Un corredor de bolsa en Wall Street.

Esto no significa que el inversor tenga que tener como asesor a un optimista patológico, porque nunca acumularía liquidez y no aprovecharía las rebajas. Y cuidado con los asesores que, por un lado, dicen cosas pesimistas para llamar la atención, pero luego venden fondos de renta variable porque dan mayor comisión. Existe el riesgo -muy real- de que no cuiden en absoluto el timing. De hecho, ese es uno de los problemas de la falta de independencia (cobrar comisión por colocar fondos a sus clientes) de los asesores españoles, pero esa es otra cuestión. Y cuidado con los que están “en misa y repicando”, que hacia afuera dicen que hay que ser prudente, pero luego sus carteras se limitan a seguir los índices de referencia.

Los inversores no tienen que ser ni optimistas ni pesimistas, tienen que ser realistas. O tener asesores que lo sean. He dicho antes que la mayoría de los empresarios que conozco son fundamentalmente gente optimista, pero, pensándolo bien, creo que es mejor definición decir que son optimistas con una visión realista de las cosas. Esa es la combinación perfecta para invertir.

Horror terror y pavor: el S&P 500 ha perdido un 19% en 2022. Esa es la noticia, claro. Obviamente, nadie la acompaña con un comentario tipo "aun así gana un 160% en los últimos diez años, caída incluida".

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