El impacto más duradero del coronavirus será la reorganización de la cadena de valor
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Alicia García Herrero

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El impacto más duradero del coronavirus será la reorganización de la cadena de valor

El coronavirus, que supone un 'shock' más abrupto e inesperado que la guerra comercial, constituye una llamada de atención a la excesiva dependencia de las empresas de China

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Foto: EFE

Si bien el impacto del coronavirus parece aterrador, el alivio se produce al darnos cuenta de que el efecto será de corta duración. Esto posiblemente sea cierto para el crecimiento y la inflación, pero no para las cadenas de valor mundiales y cómo operan. Hay una serie de razones para un impacto tan persistente. La primera es el momento del brote. Después de casi dos años de imponer aranceles (o, al menos, la amenaza de ello), los operadores de la cadena de suministro de las compañías globales (e incluso las chinas) han estado luchando por encontrar destinos donde poder costear parte de su producción. Vietnam ha sido un claro beneficiario.

El coronavirus, que supone un 'shock' más abrupto e inesperado que la guerra comercial, constituye una llamada de atención a la excesiva dependencia de las empresas de China para el abastecimiento de bienes intermedios. De hecho, los esfuerzos de China por ascender en la escala se muestran de muchas maneras. Para comenzar, China se ha vuelto menos dependiente del resto del mundo para obtener suministros clave para la producción, como la maquinaria, como parte de su política industrial destinada a sustituir las importaciones por producción nacional en sectores estratégicos clave. Además, China se ha convertido en el mayor exportador de bienes intermedios del mundo, con un tercio de la cuota de mercado mundial, mucho más alta que la de bienes de consumo. En otras palabras, el temor a la interrupción en la producción y / o actividad en los puertos de China no se refiere a que los juguetes o la ropa lleguen tarde a los minoristas a nivel mundial, sino más bien a que las principales empresas manufactureras, como Apple o Hyundai, no reciban los suministros elaborados en China para su producción final.

Foto: Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz.

En esencia, el papel central de China en la cadena global de suministros significa que cualquier interrupción en su capacidad de producción o logística (que están sucediendo en este momento debido al coronavirus) seguramente afectará al resto del mundo más severamente que en el pasado. Además, la gravedad y la incertidumbre sobre la duración del choque también significa que la capacidad de sustituir esos suministros de China por otros es bastante limitada, al menos a corto plazo.

Más allá de la dependencia de las compañías globales de los bienes intermedios producidos en China, hay un canal más donde el brote de coronavirus será muy costoso para las multinacionales globales: sus operaciones en China. En otras palabras, las empresas que han invertido en China para reexportar o para el mercado interno están acorraladas por dos razones. En primer lugar, las fábricas están cerradas o no funcionan a plena capacidad. En segundo lugar, la demanda interna se ha derrumbado para la mayoría de los bienes y servicios y también para las ventas online, que generalmente están dominadas por las compañías nacionales. Las ventas de automóviles, en particular, un sector muy relevante para las empresas extranjeras, se han desplomado en las últimas semanas.

placeholder Distrito financiero de Pekín, China. (Reuters)
Distrito financiero de Pekín, China. (Reuters)

Con todo, uno puede imaginar que cada multinacional global se ha estado haciendo la misma pregunta desde el brote de coronavirus: ¿por qué me volví tan dependiente de China? Esto es cierto ya sea a través del abastecimiento (importaciones) o la inversión directa. La respuesta es simple pero difícil de implementar: dicha dependencia debe reducirse lo antes posible, a través de la deslocalización o incluso la localización en la que se encuentra el consumidor final.

Conviene reconocer que las compañías japonesas, coreanas y taiwanesas están por delante del resto para llegar a esta conclusión y ya han tomado sus decisiones. De hecho, sus inversiones en los países del sudeste asiático han aumentado con el tiempo y ya son más grandes que las de China. Sin embargo, el problema es que las economías del sudeste asiático son, en sí mismas, muy dependientes de China para sus suministros de producción, lo que significa que sus estrategias de 'nearshoring' no han logrado el objetivo final de reducir el riesgo de concentración. Por esta razón los países que pueden absorber fácilmente las plantas de producción (en términos de fuerza laboral y capacidades logísticas) y que no dependen demasiado de China pronto estarán bastante ocupados atendiendo visitas de las principales multinacionales para establecerse allí.

Los casos obvios son México y Turquía, pero seguramente hay otros. La clave para recibir Inversión Extranjera Directa (IED) manufacturera hoy, además de los criterios habituales, es cuán aislado está de China en términos de dependencia y, en particular, de bienes intermedios. Vivimos en un mundo singular. Lo que solía ser una ventaja se ha convertido en una responsabilidad.

Foto: edros Adhanom Ghebreyesus. (Reuters)

Con todo, el coronavirus está poniendo a prueba el modelo establecido de cadenas de suministro de producción integradas. Esto se debe a que China se ha vuelto demasiado importante mientras está sujeta a una serie de conmociones sin precedentes como es la guerra comercial liderada por Estados Unidos pero, lo más importante, el brote de coronavirus. Un choque tan inesperado ha afectado a la cadena de suministro global en su epicentro, lo que acarrea enormes consecuencias para las empresas tanto a corto como a mediano plazo.

La consecuencia estructural más importante es una reorganización mucho más rápida de la cadena de valor a otros destinos. Los destinos se elegirán en función de muchos factores, pero el coronavirus claramente está agregando dos. Primero, no debería haber tanta concentración de la cadena de suministro como lo ha habido hasta ahora en China. En segundo lugar, las economías que dependen demasiado del abastecimiento de China se verán seriamente afectadas. Al tiempo.

*Alicia García Herrero es economista jefe para Asia Pacífio en NATIXIS e investigador senior en Bruegel.

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