Semiconductores: el nuevo petróleo cuya escasez impulsa la inflación
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Alicia García Herrero

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Semiconductores: el nuevo petróleo cuya escasez impulsa la inflación

Por si esto no fuese suficiente, los chips han adquirido un papel crítico en la narrativa sobre la seguridad de la cadena de suministros en plena competición estratégica entre EEUU y China

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De la inteligencia artificial (IA) a los vehículos eléctricos, el mundo está avanzando hacia una nueva era en la que los semiconductores se han convertido en insumo clave, como lo fue el petróleo en la última Revolución Industrial.

Por si esto no fuese suficiente, los chips han adquirido un papel crítico en la narrativa sobre la seguridad de la cadena de suministros en plena competición estratégica entre Estados Unidos y China. Establecer la relación entre la industria de los semiconductores y la geoeconomía es cada vez más relevante para el mundo, en particular para Asia. El continente asiático es la mayor fuente de demanda de chips, especialmente China. Este también fue el caso del petróleo, cuya súbita escasez causó inflación a nivel global en las dos grandes crisis petroleras de 1979 y 1981.

Una pregunta importante para entender mejor las tendencias inflacionistas a nivel mundial es si el fuerte aumento en la demanda de semiconductores es temporal. Mientras que una parte de la escasez de chips ha sido provocada por el fuerte aumento en la demanda de bienes tras el 'shock' de demanda provocado por el covid, no podemos olvidar que hay factores estructurales de demanda como el avance de nuevas tecnologías con una enorme necesidad de chips, tales como el 5G y los vehículos eléctricos. Esta parte más estructural es la que estará empujando los precios de los semiconductores durante mucho más tiempo, representando un problema importante para la inflación.

Foto: Ilustración: Raquel Cano.

La escasez de chips supone una auténtica llamada de atención a la fragilidad de la cadena de suministros a nivel global. El hecho es que los chips más importantes para las nuevas tecnologías se concentran en unas pocas empresas de semiconductores orientadas a la fabricación y equipamiento litográfico. La escasez en este ámbito se ha agudizado con el empuje de las administraciones estadounidenses (tanto la liderada por Trump como la de Biden) para contener a China, apalancándose en su principal talón de Aquiles: la dependencia en el sector de semiconductores.

En ese sentido, la capacidad de autogestionar la producción y consumo de semiconductores se ha vuelto clave para China, por lo que su Gobierno lleva ya años subsidiando a las empresas locales en ese sector. Más recientemente, incluso la Unión Europea está siguiendo esta senda de política industrial. A pesar de los esfuerzos de China y Europa, parece muy poco probable que se produzca una integración vertical completa de la mano de una sola economía. Después de todo, la producción de semiconductores es toda una sinfonía tecnológica con una compleja división de tareas. Incluso bajo un diluvio de inversiones, la integración completa sigue siendo lejana, y no solo para China.

El único comodín que podría cambiar el curso de las presiones inflacionistas relacionadas con los semiconductores es China

Básicamente, esto quiere decir que la industria de los semiconductores, tal y como ocurrió en el pasado con la petrolera, requiere un cierto grado de globalización para poder seguir funcionando y, de reducirse los precios de estos insumos, y con ello de la producción final, tendrán que subir. Si a ello se suma el 'boom' de los precios de las materias primas, el 'shock' inflacionista que se avecina es de esperar. La gran pregunta es cuán grande será la parte estructural del 'shock' y, por tanto, la duración del 'shock' inflacionista.

El único comodín que podría cambiar el curso de las presiones inflacionistas relacionadas con los semiconductores es justamente China. La experiencia de los chips de memoria, cuyos precios se desplomaron un 50% en 2018, puede repetirse al menos en los semiconductores de baja gama, por la inversión masiva de China y la introducción de mayor competencia en el sector a nivel mundial gracias a la irrupción de China. La misma podría causar un gran exceso de capacidad, mientras que los chips de gama alta siguen escaseando y produciendo cuellos de botella. A largo plazo, el impacto en la inflación de la mezcla de ambas cosas es difícil de prever. Por el momento, la situación es mucho más simple: la escasez de semiconductores añadirá más leña al fuego de las presiones inflacionistas.

*Alicia García Herrero, economista jefa de Natixis para Asia-Pacífico e investigadora sénior en Bruegel.

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