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Europa y la brújula estratégica, un histórico cambio de mentalidad
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Gonzalo de Cadenas-Santiago

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Europa y la brújula estratégica, un histórico cambio de mentalidad

La posición rusa en Ucrania ha puesto en alerta a la UE, viendo como su posición en materia de defensa queda bastante limitada ante una posible ofensiva de Putin en sus fronteras

Foto: Banderas de la Unión Europea en la entrada de la Comisión en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)
Banderas de la Unión Europea en la entrada de la Comisión en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)

La invasión rusa en Ucrania ha provocado que la Unión Europea deba replantarse sus políticas de gasto militar, habiendo llevado durante los últimos años una posición pasiva en esta materia. Incluso el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reclamó en reiteradas ocasiones una posición más proactiva por parte de la unión en materia de defensa, apoyándose en la obligación de que todos los países pertenecientes al Tratado de gastar un 2% de su PIB en defensa. Sin embargo, potencias europeas como Alemania, Italia, España y Países Bajos no llegaban a este 2%, con lo que el gasto medio se limitaba a, aproximadamente, un 1,3 %, muy lejos de Estados Unidos, que invertía para ese entonces más del 3%.

La posición rusa en Ucrania ha puesto en alerta a la UE, viendo como su posición en materia de defensa queda bastante limitada ante una posible ofensiva rusa en sus fronteras con Finlandia, Polonia, Letonia, Estonia y Lituania (frontera con Bielorrusia). No es baladí que, en los últimos días, la OTAN haya manifestado que recibirá con los brazos abiertos a Finlandia y Suecia si finalmente deciden solicitar su adhesión a la Alianza Atlántica. Por todo ello, el Consejo de la UE decidió aprobar el pasado 21 de marzo de 2022 la Brújula Estratégica (Strategic Compass), que nace de la necesidad de la unión de mejorar su capacidad de autodefensa (siendo menos dependiente de EEUU en esta materia) y de reforzar la política de seguridad y defensa de la región.

Foto: Ejercicios de la OTAN en Macedonia del Norte. (EFE/Georgi Licovski)

El objetivo prioritario de este documento será el de convertir a la UE en un proveedor de seguridad más fuerte y capaz, para así poder proporcionar una mayor seguridad a sus ciudadanos ante la sombra de una posible ofensiva rusa como represalia por las sanciones económicas llevadas a cabo. Y es que este escenario se vuelve más realista ante los amagos por parte de los países europeos de cortar cualquier tipo de relación económica con Rusia (incluyendo los derivados petrolíferos y gas), preocupación que fue manifestada por el vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, en la reunión ministerial de la UE: “Las amenazas son cada vez mayores y el precio de no hacer nada es evidente. La Brújula Estratégica es una guía de actuación que traza un rumbo ambicioso para nuestra política de seguridad y defensa para el próximo decenio. Nos ayudará a asumir nuestras responsabilidades en materia de seguridad, tanto ante nuestros ciudadanos como ante el resto del mundo. Si no es ahora, ¿cuándo?”.

Estas reformas armamentísticas europeas y de otros países miembros de la OTAN reflejan como Rusia ha cambiado para siempre el balance de equilibrio de poder, despertando a aquellos gobiernos que, en pro de unas políticas más pacifistas y antibélicas, habían desarmado a sus países y rebajando gradualmente la política de gasto militar. Véase como recientemente países como Alemania, el cual no cubría su cuota de gasto, espera llegar a final de 2022 con el objetivo cumplido de incrementar la inversión, contribuyendo a la misión de poder convertir a Europa en una mayor fuerza militar.

El mayor obstáculo para esta transición puede no ser la oposición europea, sino la ‘psique’ de Washington

Desde un punto de vista algo irónico, el mayor obstáculo para esta transición puede no ser la oposición europea, sino la ‘psique’ de Washington. La política de seguridad nacional de Estados Unidos ha defendido el principio de que esta potencia debe ejercer un liderazgo militar global para preservar la democracia. Por ello, mientras Europa busca alternativas para construir una fuerza de combate más efectiva, los diplomáticos estadounidenses y el Pentágono deben aceptar su inevitabilidad histórica, por lo que, ya sea dentro de la OTAN o en combinación con otras alternativas como la brújula estratégica, el objetivo debe ser ayudar a los Aliados europeos a encontrar la solución adecuada para su propia seguridad.

La guerra que Ucrania está librando es una guerra total, debido a su determinación de seguir el camino de la independencia de los gobiernos rusos, cambiando para siempre aquella estructura europea focalizada en el escudo americano, presente desde la guerra fría, y optando desde ahora por una Europa más fuerte, capaz de defender sus fronteras de cualquier amenaza que pueda desestabilizar a la unión.

La invasión rusa en Ucrania ha provocado que la Unión Europea deba replantarse sus políticas de gasto militar, habiendo llevado durante los últimos años una posición pasiva en esta materia. Incluso el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reclamó en reiteradas ocasiones una posición más proactiva por parte de la unión en materia de defensa, apoyándose en la obligación de que todos los países pertenecientes al Tratado de gastar un 2% de su PIB en defensa. Sin embargo, potencias europeas como Alemania, Italia, España y Países Bajos no llegaban a este 2%, con lo que el gasto medio se limitaba a, aproximadamente, un 1,3 %, muy lejos de Estados Unidos, que invertía para ese entonces más del 3%.

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