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Gonzalo de Cadenas-Santiago

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Davos y la autosuficiencia

Ninguna región está cerca de ser autosuficiente y quizás sea hora de que empecemos a pensar en cómo remediarlo. Y Davos sería un lugar idóneo para tratar este problema

Foto: Cristalera del Centro de Congresos con el logo del Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza). (EFE/Laurent Gillieron)
Cristalera del Centro de Congresos con el logo del Foro Económico Mundial celebrado en Davos (Suiza). (EFE/Laurent Gillieron)

Esta semana comienza la reunión del WEF en Davos y, más allá de sacar conclusiones de lo difíciles que se han vuelto los tiempos en esta nueva época de incertidumbre, volatilidad y fractura geopolítica global, creo que se pondrá de manifiesto una verdad que a todos nos inquieta: pese a esa globalización de la que nos jactamos durante las últimas dos décadas, el mundo sigue teniendo una elevada concentración productiva, de abastecimiento y —gracias al "monopson" global de China— de la demanda. La concentración y las cadenas de valor serán las fuentes de retos más inmediatos en los años venideros y, de eso y de la necesidad de autosuficiencia (no la canción de Parálisis Permanente), es probable que también se hable en Davos.

Casi la totalidad de las economías (un estudio revela) dependen de otras en al menos una cuarta parte de algún tipo estratégico de bienes y las economías importadoras dependen como mucho de tres socios para poder abastecer a casi la mitad del comercio mundial. La concentración del comercio está impulsada por decisiones específicas de cada país y, en los últimos cinco años, las mayores economías no han diversificado sistemáticamente los orígenes de las importaciones, dejando a todas con vulnerabilidades.

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Ninguna región del mundo puede presumir de ser completamente autosuficiente. Esta dependencia es evidente en la economía mundial, donde casi la mitad del comercio mundial se considera "concentrado". Y, además, esta tendencia se ha acentuado durante los cinco años anteriores a la crisis del covid. El caso más reciente lo encontramos en la dependencia energética del sistema productivo alemán del gas ruso.

En mi opinión, para hacer frente a estos problemas, es necesaria una reimaginación informada del comercio mundial. Esto último requiere un enfoque granular, tanto en la cartografía de las relaciones comerciales concentradas como en la toma de decisiones sobre la acción. Tanto si se trata de redoblar la apuesta por los socios comerciales actuales como de desvincularse de ciertas naciones o diversificar las relaciones comerciales, es crucial conocer a fondo el panorama comercial actual. Sin este conocimiento, es imposible tomar decisiones que beneficien a todas las naciones implicadas en el comercio mundial.

En conclusión, ninguna región está cerca de ser autosuficiente y quizás sea hora de que empecemos a pensar en cómo remediarlo. Y Davos sería, sin duda alguna, un lugar idóneo para tratar este problema. De no ser así, Parálisis Permanente (Autosuficiencia, 1984).

Esta semana comienza la reunión del WEF en Davos y, más allá de sacar conclusiones de lo difíciles que se han vuelto los tiempos en esta nueva época de incertidumbre, volatilidad y fractura geopolítica global, creo que se pondrá de manifiesto una verdad que a todos nos inquieta: pese a esa globalización de la que nos jactamos durante las últimas dos décadas, el mundo sigue teniendo una elevada concentración productiva, de abastecimiento y —gracias al "monopson" global de China— de la demanda. La concentración y las cadenas de valor serán las fuentes de retos más inmediatos en los años venideros y, de eso y de la necesidad de autosuficiencia (no la canción de Parálisis Permanente), es probable que también se hable en Davos.

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