El milagro económico de Montoro es el de... Franco
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El milagro económico de Montoro es el de... Franco

Causó no poco revuelo en las redes sociales la afirmación realizada la semana pasada por el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de que ‘España es el gran

Causó no poco revuelo en las redes sociales la afirmación realizada la semana pasada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de que "España es el gran éxito económico del mundo" al estar recuperándose "a una velocidad que está rompiendo los pronósticos". Efectivamente, 31 empleos creados en el mes de agosto y un crecimiento que se aventura centesimal en los próximos trimestres así lo acreditan. El desfase en la previsión de déficit público y la deuda soberana disparada las dejamos para otro día, que no toca.

Suena el canto de la cigarra con el final del estío.

Es misión de los políticos generar confianza, pero no es de recibo hacerlo de forma tan irresponsable. Como señalamos el pasado lunes al calor de la decisión olímpica, lo que está viviendo nuestro país es un proceso de normalización estadística. Hemos alcanzado niveles de utilización de los factores de producción mínimos, el umbral imprescindible para que la economía siga funcionando. Por el camino, un 40% de crack inmobiliario (tierra), seis millones de parados (trabajo) y una contracción de la producción industrial cercana al 30%, que la sitúan al nivel de hace 20 años (capital), nos contemplan.

Tras el insecticida de la crisis, las pocas hormigas que quedan luchan denodadamente por sobrevivir.

Supongamos, no obstante, que el jienense tiene razón, que estamos ante un nuevo "milagro económico español". Pues bien, las bases sobre las que se sustenta serían las mismas que definen al periodo del mismo nombre que sucedió de 1959 al 73 a la autarquía franquista, esto es: bajos precios y salarios que atraen la inversión extranjera, entrada masiva de turistas, emigración de españoles al extranjero y fabricación y exportación de automóviles y bienes de equipo. Con las infraestructuras ya hechas, eso sí, y sin el boom demográfico del que disfrutaba nuestra nación entonces.

Cincuenta años después, estamos donde estábamos. Ese es el cambio de modelo productivo de España.

"Pero, McCoy, los datos de ventas foráneas (en niveles récord) y de balanza por cuenta corriente (en positivo tras 23 años) son innegables", me podrán decir ustedes, no sin razón. Es verdad, pero hay truco, más allá de la parte de la mejora de los datos que corresponde a menores aprovisionamientos allende de nuestras fronteras por la recesión.

Y es que habría que hacerse, en relación con las exportaciones, las siguientes preguntas:

  1. ¿Quién exporta? Porque es distinto que lo haga una firma extranjera que una nacional, tanto en términos de afección al lugar como de impacto económico global. En los sectores exportadores dominantes, la presencia nacional es limitada y, en casos como los coches, marginal. Por eso los datos de recaudación fiscal no acompañan.
  2. ¿Qué se exporta? No es lo mismo que sea producto propio acabado, que ensamblaje de partes remitidas por terceros o bienes de bajo valor añadido en los que se compite en precio. Lo segundo es más propio de economías emergentes; lo primero, que implica diseño y postventa, de maduras. Pues bien, materias primas (refinados de crudo), productos industriales (siderúrgicos o químicos) y bienes de equipo (que incluyen autos y aeronaves) son nuestras bazas principales, como nos recuerda en este documento el Instituto de Comercio Exterior. Visto el perfil, cabe temerse lo peor.
  3. ¿Por qué se exporta más? Si el único elemento diferencial frente al pasado reciente fueran los salarios, estaríamos ante un fenómeno de corto plazo. La deflación de sueldos es una carrera en que todos -menos aquellas naciones con superávit demográfico brutal e irrisorio coste de la vida- pierden. No puede ser la única estrategia pues, a nada que determinadas regiones que participan de esas características ganaran en seguridad jurídica y geopolítica, que nos busquen en el cementerio.
  4. ¿Qué aporta al exportador? Otro elemento esencial para valorar el fenómeno exportador español es saber si, al responder a una presión competitiva en costes, los márgenes de las compañías se están o no estrechando, es decir: si la venta exterior sirve sólo para mantener volumen y actividad pero no para mejorar la rentabilidad y crear de forma sostenida empleo e inversión. De acuerdo con este segundo Informe del ICEX, 100.000 empresas, de las 137.000 que exportan, facturan ahí fuera menos de 50.000 euros. Difícil que no salga más caro el ajo que el pollo. Esto pone de nuevo sobre la mesa el problema estructural de tamaño de nuestras corporaciones.
  5. ¿Cómo impacta en la economía? Net/net, y más allá de los porcentajes nominales, aún de manera limitada. Su capacidad de arrastre está condicionada por su peso en el P.I.B. (34%) y, de acuerdo con los dos puntos anteriores, menores remuneraciones y beneficios empresariales inciden negativamente sobre una demanda interna que supone las otras dos terceras partes de nuestra estructura macro. En tanto el consumo y el capital fijo no tomen el relevo, el riesgo de que estemos ante un espejismo fabril y no frente a un cambio de carácter permanente seguirá siendo alto.

Es innegable que se percibe una mejora. Probablemente, como señalan tanto el Gobierno como los servicios de estudios y los bancos de inversión, hayamos visto el bottom. Pero no se pueden lanzar alegremente las campanas al vuelo. Para añadir a ese suelo el adverbio out, esto es, elementos para confiar en una recuperación sostenible a medio plazo, queda recorrido. Resulta muy peligroso confiar en la coyuntura y descuidar o retrasar esa perentoria necesidad de reforma que exige nuestro modelo de generación de riqueza si queremos que sea sostenible en el tiempo y evitar así debacles pasadas.

Pero, ya saben, la política tiene la mirada muy corta. El vivo al bollo...

El cuento de la cigarra y la hormiga tiene más aplicación que nunca. Mientras los de arriba disfrutan del momento, los de abajo persiguen su sustento. Esos sí que conocen bien la realidad subyacente y no se dejan llevar por cantos de sirena. No en vano, saben que toca apretar aún más. Y es que el otoño está a la vuelta de la esquina...

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