El verdadero reto de Merkel del que nadie habla

En la madrugada de ayer, conservadores y socialdemócratas alcanzaron un pacto de gobierno en Alemania que incluye como elementos esenciales del mismo, entre otros y en

En la madrugada de ayer, conservadores y socialdemócratas alcanzaron un pacto de gobierno en Alemania que incluye como elementos esenciales del mismo, entre otros y en el ámbito económico, la fijación de un salario mínimo interprofesional, la flexibilización de la jubilación y la mejora de las pensiones, el control de deuda sin subidas de impuestos, el abandono definitivo de la energía nuclear o unas mayores inversiones en infraestructuras, educación y ciencia. Como señalamos ya hace dos años, cuando el establecimiento de un SMI se debatía en el seno de la propia CDU de Merkel, la vida te da sorpresas: ahora la locomotora europea se quiere hacer ‘española’ (VA, "Y mientras, sorpresa, Alemania sueña con ser española", 08-11-2011).

Sin embargo, aun siendo esas cuestiones sustanciales a las que la canciller tendrá que hacer frente tan pronto como sus nuevos socios aprueben en referéndum interno este acuerdo –precaución lógica tras el palo electoral que les supuso una asociación similar entre 2005 y 2009–, sorprende que las referencias al sector financiero en general y a la banca local en particular sean tan someras como para limitarse a establecer ‘normas más estrictas de supervisión bancaria’. Toda una declaración de intenciones –aviso a navegantes, por cierto– sobre la confianza que los de uno y otro signo tienen en la unión bancaria y sobre su ‘deseo’ de ceder estas competencias al BCE. Entre cero y nada, vaya.

Entre otras cosas porque la situación de sus entidades financieras es, cuando menos, complicada. No lo dice un servidor, sino el propio banco central alemán y, más en concreto, la número dos de la institución, Sabine Lautenschläger.

En efecto, en su ponencia introductoria del Financial Stability Review –que tuvo lugar el pasado 14 de noviembre en Fráncfort–, tras dedicar adjetivos a la recuperación de la periferia europea del tenor de "ilusoria", "frágil" o "anticipatoria" en exceso, lanzó un mensaje de honda preocupación sobre el estado del conjunto de sus bancos y cajas con base en una serie de factores que dividió, aunque no de manera explícita, entre exógenos y endógenos.

  1. En relación a los primeros, destacó que la exposición a los estados en mayores dificultades de la Unión, entre los que incluía a España e Italia, aún ascendía a 234.000 millones de euros, 200.000 menos que hace cuatro años pero nivel aún preocupante para ella ya que, "si bien los riesgos de contagio e impago se han reducido, se mantienen en cotas elevadas". Pedazo de jarra de agua fría al cheering-up triunfalista de algunos.
  2. Dentro de esta misma categoría, mostró su cautela por la presencia en los balances alemanes de abundante financiación a "tres sectores cíclicos y vulnerables por razón de su sobrecapacidad" como son los astilleros, las titulizaciones (hipotecarias, se entiende, aunque no lo especifica) y los centros comerciales, especialmente en el extranjero. "Sería especialmente preocupante para algunas instituciones si, al menos, dos de ellos sufrieran problemas de manera simultánea".
  3. Hablando de balance –y entramos ya en factores de gestión–, tras comentar cómo las doce mayores firmas del país habían reducido sus activos ponderados por riesgo en 600.000 millones de euros en los últimos cuatro años y medio, un tercio del total, recordó que sus ratios de apalancamiento medias se sitúan en 28 (total balance entre capital). Eso sí, hace un año estaban en 33. Aun así y tras este esfuerzo, reconoció que "se trata de un proceso casi acabado". Glaps.
  4. Claro que la bomba nuclear que se guardaba en el bolso no la disparó hasta casi el final, cuando afirmó sin rubor que "un análisis detallado de nuestros bancos y cajas revela que padecen un problema estructural de rentabilidad. El margen de intereses (diferencia entre lo cobrado por los créditos y lo pagado por los depósitos) se ha reducido sin casi solución de continuidad en cada uno de los últimos 30 años hasta situarse por debajo del 1%". Problemas de exceso de capacidad, desintermediación y competencia por los recursos anticipan un proceso de contracción y escaso retorno. Vamos, lo que casi se ha completado aquí, en España.

No se trata del alegato más duro que servidor ha leído sobre la banca alemana en estos últimos meses. Pero una lectura minuciosa del texto apenas revela la punta de un iceberg que tiene mucho, mucho escondido bajo la superficie. Ese es el problema principal: un negocio que no da, un balance improductivo, una concentración de riesgos excesiva y una base de costes injustificada. Un primor, vamos. Claramente, la fortaleza de las finanzas públicas locales ha permitido hasta ahora a sus gobernantes capear los primeros brotes de este temporal. Sin embargo, si verdaderamente el supervisor único se impone y el alcance de los estudios europeos se iguala en profundidad entre los distintos Estados miembros de la UE, se puede armar la marimorena en el sector financiero alemán.

Stay tuned.

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