Papa Francisco: cuando el mejor CEO del mundo viste de blanco
  1. Mercados
  2. Valor Añadido
S. McCoy

Valor Añadido

Por

Papa Francisco: cuando el mejor CEO del mundo viste de blanco

Día de fiesta en Madrid en el que rescato una pieza que por su originalidad en el planteamiento y solidez en la ejecución quisiera compartir con

Día de fiesta en Madrid en el que rescato una pieza que por su originalidad en el planteamiento y solidez en la ejecución quisiera compartir con todos ustedes. Hace referencia al Papa Francisco y a su capacidad para dar la vuelta a una empresa en declive y con una mano de obra desmoralizada: la Iglesia católica.

Para The Economist, fuente original, el jesuita Jorge Bergoglio –es importante recordar su filiación espiritual– es un magnífico ejemplo de "turnarond CEO", consejero delegado capaz de reconducir una empresa hacia éxitos pasados, en este caso, en términos de producto más que de rentabilidad.

La traducción es propia.

El enlace a la pieza original lo encuentran aquí.

Espero, sean ustedes creyentes o no, que la disfruten tanto como lo he hecho yo.

Buen fin de semana a todos.

"Las escuelas de negocios suelen enseñar a sus alumnos experiencias de consejeros delegados que insuflaron nueva vida a sus moribundas compañías. Algunos ejemplos son Lou Gerstner en IBM, Sergio Marchionne en Fiat o Steve Jobs en Apple. Pues bien, deberían incorporar otro caso para el estudio: Jorge Bergoglio, el hombre que ha revitalizado la marca global Iglesia católica (IC) en apenas un año.

Cuando el Papa Francisco celebró su primera Semana Santa como CEO –a los pocos días de haber llegado al cargo–, la multinacional más antigua del mundo vivía una profunda crisis. Los evangelistas le robaban cuota de mercado aceleradamente en los mercados emergentes, incluyendo América Latina, donde Francisco dirigía la oficina argentina. Mientras, en sus áreas tradicionales de influencia, los escándalos alejaban a los clientes de las tiendas y tenían desmoralizada a la fuerza de ventas. Conseguir nueva mano de obra se había convertido en todo un reto pese a ofertar empleo de por vida en un entorno económico tan difícil.

Las finanzas de la empresa eran un caos, fruto de la incompetencia y la corrupción a partes iguales. El consejo de administración se encontraba debilitado y dividido. Benedicto XVI, su predecesor en el cargo, había renunciado, cosa insólita en los últimos 600 años de la firma. Y lo había hecho entre rumores de intervención del fundador y presidente de la compañía, un anciano barbudo cuyo retrato preside el centro de operaciones de la sociedad, situado en la llamada Capilla Sixtina.

Sin embargo, doce meses más tarde, el negocio ha recuperado buena parte la fe en sí mismo. El nuevo CEO es extraordinariamente popular: un 85% de los católicos americanos –una clientela difícil de complacer– aprueban su liderazgo. La asistencia a las tiendas –entiéndase, lugares de culto– se está recuperando. El efecto Francisco ha insuflado un nuevo impulso a los comerciales.

¿Cómo ha sido este septuagenario capaz de revitalizar uno de los grupos más rancios del mundo? Básicamente tirando de tres principios básicos de gestión:

En primer lugar, poniendo foco a la organización. Francisco ha situado a los pobres en el centro de la misión de la IC. Una de sus primeras decisiones fue renunciar a los aposentos papales para vivir en una casa donde comparte comida y cama con otros 50 inquilinos, entre sacerdotes y visitantes. Tomó su nombre de San Francisco de Asís, entregado a la causa de los más necesitados. El Jueves Santo lavó y besó los pies de 12 chavales internos en un reformatorio. Se deshizo de las capas de piel y terciopelo que han usado los Papas desde el Renacimiento, cambió los zapatos rojos de Prada de BXVI por unos negros de uso corriente y sustituyó el Mercedes fully equipped a su disposición por su baqueteado Ford de toda la vida. De este modo, las disputas doctrinales o la pompa innecesaria han quedado relegadas. Su apuesta por los pobres es especialmente significativa en los mercados emergentes, donde el potencial de crecimiento es alto pero la competencia feroz.

Junto a este nuevo enfoque estratégico, el Papa se apoya en dos herramientas clásicas de gestión, hasta ahora, con excelente resultado.

El reposicionamiento de la marca es clave. Francisco mantiene la ortodoxia doctrinal en cuestiones como el aborto o el matrimonio homosexual, pero sin la carga de juicio moral de la que solía venir acompañada ("¿Quién soy yo para juzgarlos?", contestó cuando le preguntaron acerca de los gais).

Junto a ella, la necesaria restructuración. Ha nombrado un equipo de ocho directivos –el C8, siendo la C de cardenales– para revisar la estructura operativa y financiera de arriba abajo y ha contratado los servicios de McKinsey y KPMG (consultores de Dios) para ordenar la maquinaria administrativa de la Iglesia y auditar el banco vaticano.

¿Funcionará? Los detractores de Francisco aseguran que todo es un espejismo con aroma de incienso. Otros insisten en que el cambio es insuficiente, quedando cuestiones pendientes como el del mayor rol que habría de tener la mujer en la IC. No se puede esperar pronunciamiento alguno del fundador. ¿Será la ausencia de plagas su particular forma de aprobación? En cualquier caso, los caminos del Señor son insondables…"

The Economist Iglesia Papa Francisco Liderazgo